La Malinche y Sor Juana, en la geografía de Margo Glantz

HONGOS

Odessa, Kiev, París, Coyoacán, ciudades como cuentas que se enhebran con los nombres más impactantes del encuentro de los mundos: Sergei Eisenstein, Frida Khalo, Sor Juana Inés de la Cruz, León Trotsky, Malinche. Quizá la mixtura entre esos nombres de la geografía y de la historia, todos personajes a los que de alguna manera estuvo ligada, sean la causa del increíble itinerario que se escucha en la voz de la escritora Margo Glantz. Entrevistada en el Filba, por la también escritora y periodista Matilde Sánchez, quien la presentó como ensayista, traductora, profesora de Letras y la más destacada especialista sobre Sor Juana de su país, la mejicana, que nació en 1930 y es hija de una pareja de judíos ucranianos, desplegó erudición pero, sobre todo, humor y naturalidad.

Tras una exhaustiva presentación de Sánchez, Glantz contó que el cuerpo siempre fue su preocupación: “Cuando era pequeña me miraba al espejo y me veía cara de emperador romano una nariz aguda, enorme y cierto asomo de una jorobita que se ha ido intensificando con los años”. Contó que veía fotos de Greta Garbo o Lana Turner y se preguntaba “¿qué hace mi cuerpo frente a esos cuerpos y qué mis vestiditos frente a esos vestidos maravillosos?”. Supo entonces que algún día tendría que escribir sobre el cuerpo. Años después, esa indagación se materializó en las crónicas de la conquista, que escribió en los años 90. “Fue un trabajo microscópico sobre cómo los cronistas de la época veían el cuerpo de los indígenas, cómo se veían a sí mismos y cómo encontraban el cuerpo de la figura institucional que era la lengua”.

La Malinche  y Sor Juana, dos mujeres prominentes y temidas que tal vez sean las figuras culturales más imponentes de nuestro continente, no podían faltar en los relatos de esta mejicana. “Cuando Cortés llegó a la zona donde se hablaba nahuatl le entregaron una esclava -que probablemente era una princesa-: la Malinche. Una mujer tan inteligente que el español no sólo la hizo su concubina sino que también fue su lengua, su traductora, la que le permitió avanzar en la conquista del territorio. La Malinche aparece en los códices aztecas con el glifo de la palabra, algo que sólo se les concedía a los varones de las clases altas. Entonces era una especie de diosa pero luego fue considerada una traidora”.

“¿Por qué Sor Juana es vista como monstruosa por sus contemporáneos?”, indagó Sánchez. “Porque desde muy niña manifestó un gran deseo de aprender”, contestó la autora de Genealogías. Y siguió: “A los 17 años, por lo extraordinario de su erudición y su memoria, el marqués de Mancera la sometió a un examen público. Los más altos filósofos, astrónomos, matemáticos, teólogos y médicos la interrogaron; a pesar de enfrentarla a los más exigentes eruditos, Sor Juana salió más que airosa. Fue considerada como la décima musa y se decía que además de los tesoros de América, lo que más interesaba de Méjico era Sor Juana. Por eso era un monstruo: una mujer que condensaba las cualidades de los hombres pero que además sabía coser, bordar y cocinar”.

Glanzt contó que de chica escuchaba tangos de Rosita Quiroga, leía a William Faulkner y que se considera una ‘judía errante a domicilio’ por la cantidad de veces que su familia tuvo que mudarse. Y también confesó un horror hilarante de su infancia: “comulgar era tan divertido como leer a escondidas; mis padres nos confiaban a mi hermana mayor y a mí a unas vecinas muy católicas para que nos enseñaran inglés. Pero las vecinas decidieron que dos niñas tan bonitas y tan angelicales no debían ir al infierno por ser judías”. Ante las carcajadas del publico la mejicana reveló: “en lugar de enseñarnos inglés, las vecinas nos bautizaron, nos enseñaron a rezar y nos llevaban a la iglesia a confesarnos”.

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