La madre de todas las batallas

El año 1943 fue, durante la Segunda Guerra Mundial, un año bisagra, el que marcó el inicio de la decadencia de las fuerzas hitlerianas, una tendencia que tuvo su primer hito en la batalla de Stalingrado. Allí, frente al Ejército Rojo, los nazis perdieron cerca de 800.000 hombres y debieron ceder territorio conquistado. También hace 70 años se libró la batalla de Kursk que comenzó a las 3.30 del 5 de junio y finalizó el 23 de agosto. Se la considera la más grande de la historia: tres millones de soldados, 69.000 piezas de artillería, 13.000 tanques y 12.000 aviones. Desde esa victoria costosa en cientos de miles de muertos, el ejército soviético comenzó a despejar el terreno que lo llevaría a conquistar Berlín el 7 de mayo de 1945 y, con sus aliados de entonces: EE.UU., Gran Bretaña y Francia, a poner fin a la Guerra.

Para Hitler vencer en la región de Kursk significaba retomar la iniciativa para controlar el río Don y sus tierras fértiles amén del petróleo, carbón y otros minerales en el Cáucaso. Pero la confrontación careció de la sorpresa, que fue el hándicap mayor de sus tropas en 1940: la batalla estuvo demasiado anunciada y permitió que el general soviético Georgi Zhukov planificara la resistencia.

El plan de ataque fue ideado por el general Kurt Zeitzler y tenía el nombre código “Unternehmen Zitadelle” (Operación Ciudadela). La fuerza teutónica consistía de 50 divisiones de las cuales 12 eran blindadas y 5 mecanizadas. Entre las divisiones blindadas se encontraban unidades de elite como las divisiones Grossdeutschland, la Leibstandarte SS “Adolf Hitler”, la SS Totenkopf, la SS Das Reich, las cuales contaban con los nuevos tanques Tigre I y Ferdinand.

En el norte del teatro de operaciones los alemanes avanzaron 10 km. en los dos primeros días de batalla, pero luego detuvieron el avance ante la dura resistencia rusa. La lucha continuó con extremada fiereza en ambos bandos. Los tanques Tigers eran muy superiores a los T-34 soviéticos, ya que podían destruirlos a 2,5 km de distancia debido a su poderoso cañón y sistema óptico. Sin embargo las fuerzas alemanas eran superadas numéricamente en una relación de 8 a 1 a favor de los rusos, y por eso dijo el general Erik von Mainstein, “el Ejército Rojo era una hidra: le crecían dos cabezas por cada una que le cortaban”.

Uno de los generales de Hitler, Heiz Wilheim Guderian, apodado “El rápido”, pensó en repetir su exitoso uso de los tanques Panzer durante la Gran Guerra a partir de las tropas de choque que atacaban el frente de menor resistencia. Pero no contó con que los soviéticos sabían del lugar del ataque por informes del grupo de inteligencia “Lucy”, conformado por comunistas germanos y británicos asentados en Suiza, que recibía información calificada desde el mismísimo Estado Mayor Alemán. La transmitían a Londres y Churchill la enviaba a Stalin.

Sin embargo, entre febrero y marzo de 1943, el mariscal de campo Von Mainstein con fuerzas numéricamente inferiores, había derrotado a las fuerzas de la URSS en Karkov, que cambió de manos varias veces, dejando el frente ruso estabilizado en una línea que iba desde Leningrado, en el norte, hasta la ciudad de Rostov, en el sur. Pero la nueva línea del frente presentaba una peligrosa saliente hacia Occidente de 200 km de ancho por 150 km de profundidad, a la altura de la ciudad de Kursk, desde donde los soviéticos podrían contraatacar a los ejércitos alemanes desplegados en la zona y profundizar aún más la saliente. Es por ello que el alto mando alemán planificó una ofensiva para julio de 1943 para reducir dicha saliente a través de movimientos de pinzas, atacando desde el norte y desde el sur de la prominencia Los preparativos defensivos se venían desarrollando desde hacía tiempo: únicamente en el frente de Voronezh, había más de 4.000 kilómetros de trincheras, con cerca de un millón de minas colocadas por los partisanos ucranianos. Pese a la fama que tenían los Panzer, su sistema estaba débil, con sólo 328 tanques de los más modernos (sobre un total de 2.500). La postergación de la batalla se debió a que Hitler quiso contar con tanques de última generación, como los Tiger y Ferdinand que después exhibirían serias fallas. De todas maneras las hostilidades las inició la aviación soviética con sus Ilushin. Sin embargo, la Lufwaffe con su avanzado sistema de radar y los Stukas lograron derribar unos 400 bombarderos.

 

Táctica y estrategia

Por el lado nazi, el general Walter Módel, en la pinza septentrional, utilizó parte de la fuerza de tanques, aguardando la ofensiva soviética que sabía iba a llegar, aunque también, como se dijo, el arribo de los Tiger y sobretodo el Ferdinand (Panzerjàger Elefant, su nombre oficial), por que se lo consideraba invencible: pesaba 70 toneladas. Quedaron atascados por el sistema de trincheras rusos y la mitad de los Tiger fueron destruidos por las minas.

El día 13, Model debió modificar su táctica para rechazar uno de los enormes tanques soviéticos. En el lado sur, el general Erich Von Mainstein, utilizó todo lo que tenía a mano: 100 Tiger y los 200 Panther que en el terreno resultaron en ese momento más eficaces que los rusos, pero afrontaron muchas dificultades mecánicas y los zapadores fueron ineficaces en eliminar las minas terrestres. De todos modos, superaron a los famosos T34 soviéticos en su ataque en dirección a Prokhorovka. Este sitio adquirió fama como el escenario de un inmenso enfrentamiento de tanques el 12 de julio del que salieron airosos los alemanes y según el historiador Norman Stone, los generales soviéticos en ese terreno, se mostraron incompetentes: los hechos fueron revelados por Moscú en 1990.

Debido a una mala visibilidad por la niebla, al humo, y al polvo, los tanques de ambos bandos se pasaron de largo sin haberse visualizado, rodeándose los unos a los otros. Las fauces del infierno parecían haberse desatado cuando unos 1.600 tanques se enfrentaron en lucha encarnizada. Este combate en las inmediaciones de Prokhorovka duró ocho horas, luego ambos bandos se replegaron para reaprovisionarse y evacuar sus heridos. Aunque los alemanes perdieron la mitad de sus blindados, unos 300; los soviéticos se quedaron sin 700 tanques. Sin embargo, los soviéticos contaban con superioridad numérica y muchas unidades de reserva.

Hitler decidió frenar la ofensiva de Kursk en parte porque los aviones alemanes fueron destinados al sur, habida cuenta de que los Aliados habían invadido Sicilia el 10 de julio. El general Mainstein protestó porque había provocado pérdidas rusas importantes: 319.000 hombres, frente a 55.000 nazis; 2.000 tanques (250) y 2.000 aviones (159). Hay otra lectura. El día 20 de julio de 1943, ante la posibilidad de que las unidades alemanas pudieran ser atrapadas en un movimiento de pinzas soviético, Hitler ordenó la cancelación de la Operación Ciudadela y las divisiones alemanas debieron buscar una posición más segura.

En tanto, el ejército de Model fue atacado por los soviéticos entre el 12 y el 18 de julio. Además se desencarnaron ataques rusos para aliviar el sitio a Leningrado desde el este (el río Vóljov) y Tver (ciudad de Kalinin), desde donde los alemanes seguían amenazando Moscú. Las fuerzas alemanas en el borde del Cáucaso, a esta altura de la lucha, eran ya demasiado débiles para rechazar un ataque soviético en agosto. Tuvieron que retirarse a lo largo de toda la cuenca del Don en dirección al Dnieper, de manera que al final perdieron todos los recursos industriales y la mitad de las tierras de cultivo por cuya explotación Alemania había invadido la URSS. Para octubre, los alemanes descubrieron que era imposible mantener el frente del Dnieper al crecer las cabezas de puentes soviéticas y empezaron a caer ciudades importantes: Zaporozhye, seguida por Dnipropetrovsk. Finalmente a principios de noviembre los soviéticos avanzaron a partir de sus cabezas de puente a ambos lados de Kiev y la capturaron.

El avance soviético prosiguió a lo largo de la línea del ferrocarril hasta que el 3 de enero de 1944 alcanzó la frontera polaco soviética de 1939. Los alemanes supusieron que el espesor de la nieve y después el barro, tan fatal para ellos en 1942, detendrían al Ejercito Rojo, pero esta vez los rusos siguieron adelante. La campaña de 1943/44 había resultado un avance ruso de 800 kilómetros. En abril de 1944, el Ejército Rojo recuperó Odessa y después Sebastopol. La pérdida de Smolemsk, el 25 de septiembre, costó a los alemanes la pieza clave de todo un sistema defensivo.

La Batalla de Kursk fue el primer combate en que la ofensiva Blitzkrieg alemana fue derrotada antes de que pudiera romper las defensas enemigas y además fue un triunfo soviético en estrategia avanzada. El modelo de operación estratégica utilizado por los soviéticos en esta batalla ha obtenido un lugar en los planes de estudio de las escuelas militares.

Al planificársela Hitler expresó: “Esta operación es de una importancia fundamental. Debe concluir con un rápido y decisivo éxito. Cada jefe y cada soldado habrán de ser debidamente preparados para que se den cuenta de la importancia decisiva de esta ofensiva. La victoria de Kursk será un faro que iluminará al mundo”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *