LA LUZ CELESTIAL

¡Ven, llena mi alma! Cuan pura es tu luz,

Y trae del cielo lo que solo Tú puedes dar,

Sí, ven Tu mismo, la gran revelación

     De la eterna gloria—en Ti vivo yo.

 


 

Es solo la presencia de Dios como luz la que puede llevarnos a condenarnos a nosotros mismos, y que nos da poder para purificarnos de nuestros más profundos y bien conocidos aunque ocultos ídolos.

Es ahora momento para ser enteramente celestiales, porque la tierra está muy alejada de Dios, y a diario aumenta su tiniebla, pero nosotros pertenecemos a la luz, y esperamos otro día.

¡Qué felicidad hay en pertenecer a Él, y ver la luz en Su luz! ¡Qué brillante y gloriosa es esta luz para los que están lejos del hogar, esperando … la venida de este precioso Salvador, que los establecerá en el cielo como rayos de Su gloria y joyas de Su corona … como la esposa de Su corazón!

Demasiadas veces se busca el remedio para un estado humillante de cosas más que el estado de alma que ha dado ocasión al mismo … y si no esperamos la acción de Dios … tendremos que esperar el efecto de la no acción. Hay solo Uno que puede traer la luz que juzga la conciencia en el alma: podemos contar con Él. … No podemos hacer apresurar a Dios; Él, cuando está obrando, quiere realidad en todo.

Nunca he visto a un alma viviendo en sus experiencias y ocupada consigo misma, en la que el «yo» no tuviera un puesto, sin que la persona fuese consciente de ello. … No llegamos a conocernos a nosotros mismos por pensar en nosotros mismos: porque en tanto que pensamos en Él, el «yo» desaparece; entonces estamos en la luz, donde uno no está ocupado en sí mismo.

¿Procede mi andar diario de la luz, y está guiado por ella? … Todo será luminoso donde esté con Dios. Habrá ciertamente pruebas, y las pruebas con Dios son quizá los momentos más gloriosos de la vida.

La mera integridad no será suficiente sin Dios para descubrir el mal. Un hombre natural honrado puede usar su conciencia, pero como el ojo natural precisa de luz con la que escudriñar, también nosotros necesitamos de la presencia de Aquel que es luz.

«El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.» … La senda en la que Él gozó del amor de Su Padre fue una senda de obediencia sin falta. Aquí expone a Sus discípulos que si quieren caminar en la luz y en el favor de Su rostro, tienen que andar en el mismo camino en que Él anduvo.

 

¡Conmigo habita!; que ningún pensamiento seductor

Se interponga para ocultarme aquella luz celestial;

¡Sé Tú mi fuerza! Que aquello que Tú has dado

No sea desechado por un mísero deleite natural.

 

 

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