La Iglesia también entra en un año electoral

EN NOVIEMBRE, LA CÚPULA EPISCOPAL DEBERÁ RENOVARSE

Sin candidatos definidos, la Iglesia también entra en un año electoral

Bergoglio no puede ser reelecto presidente. Y ya hay fuertes disputas
entre conservadores y moderados. Debate interno sobre cómo debe plantarse
el Episcopado ante los temas candentes de la realidad nacional.

Sergio Rubin

Como el país, la Iglesia argentina también arranca un año electoral que
determinará si la conducción eclesiástica seguirá teniendo (o incluso
profundizará) el perfil moderado que la caracterizó en la última década o
si –en línea con Benedicto XVI– se volverá más conservadora. Ocurre que en
noviembre habrá elecciones en la Conferencia Episcopal –que integra el
casi centenar de obispos del país– y su actual presidente, el cardenal
Jorge Bergoglio, no puede ser reelecto porque lleva dos períodos seguidos
en el cargo, lo máximo permitido por los estatutos. Y lo que otorga
actualidad a esos comicios –pese a que faltan más de nueve meses– es que
cada vez cobra más fuerza un debate interno acerca de cómo debe plantarse
el Episcopado ante los desafíos que le plantea la realidad nacional.

Las diferencias se evidenciaron en la semana que acaba de terminar, a raíz
de la visita que la cúpula episcopal, encabezada por Bergoglio, efectuó al
Vaticano. El viaje fue decidido en noviembre por un plenario de obispos,
luego de que muchos de ellos coincidieran en que estaban llegando a la
Santa Sede noticias inexactas sobre el desempeño de la conducción del
Episcopado ante cuestiones tales como la ley de matrimonio gay (léase, que
su oposición era poco contundente y no se condecía con lo que quiere
Benedicto XVI). El comunicado del Episcopado tras la audiencia con el Papa
fue sugerente : «Se le comunicó al Santo Padre que este viaje permitió
expresarle el clima de fraternidad y comunión episcopal de la Iglesia en
la Argentina y confirmar el vínculo filial con él».

De todas formas, en el mismo plenario, el grueso de los obispos decidió no
dejar en manos de los que tienen un discurso más duro la batalla en
cuestiones como el aborto. No es que en un tema como este vayan a aflojar,
sino que el debate por el matrimonio gay les permitió comprobar que los
mensajes de tono apocalíptico son contraproducentes . Así, crearon una
novedosa superestructura que reúne a las áreas del Episcopado que
intervienen en ese tipo de temas (Fe y Cultura, Educación, Familia, Laicos
y Prensa) y las pusieron bajo el mando de un moderado: el coadjutor de la
diócesis de San Isidro, monseñor Oscar Ojea.

Ello hace suponer que el perfil moderado seguirá capeando en el Episcopado
y tendrá su correlato en las elecciones. Por eso, para noviembre, emerge
como uno de los candidatos a presidente el arzobispo de Santa Fe, José
María Arancedo, actual vicepresidente segundo.

El vice primero, Luis Villalba, quedó fuera de carrera porque llegó a la
edad límite de 75 años y elevó su renuncia como arzobispo de Tucumán.

Otro que también se va perfilando es el arzobispo de Mercedes-Luján, el
salesiano Agustín Radrizzani, de fuerte inclinación al diálogo, lo que le
trajo problemas por mostrarse demasiado comprensivo con el kirchnerismo.

Muchos creen que el ascendente arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik,
otro moderado, será puesto en una vicepresidencia. Stanovnik ocupó el
cargo clave de secretario general del Episcopado Latinoamericano y es uno
de los candidatos a suceder a Bergoglio en el arzobispado porteño . Aunque
no se descarta que un duro como el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, de
buena llegada a Roma, llegue a otra vicepresidencia.

Con ello se buscaría integrar una línea más en sintonía con Benedicto XVI
y coagular la interna. Pero, como en la presidencial, las candidaturas en
la Iglesia aún no emergen con claridad.

Fuente: Clarín

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