La hormona con dos caras

La oxitocina es conocida como la «hormona del amor» porque promueve la confianza, la cooperación y los lazos sociales. Pero es posible que tales efectos se den solo con miembros del propio clan, apunta un estudio publicado en enero del presente año en Proceedings of the National Academy of Sciences USA. Psicólogos de la Universidad de Ámsterdam observaron que varones holandeses que habían inhalado oxitocina eran más proclives a relacionar a sus compatriotas con palabras positivas («gozo» o «risa») y emociones positivas complejas («esperanza» o «admiración»), que a los alemanes o a los musulmanes.
A continuación, los participantes en el estudio debían decidir si evitaban que un tranvía arrollase a cinco personas pulsando un botón que lo desviaría a otra vía, donde mataría solo a una persona –un dilema moral muy estudiado–. Bajo los efectos de la oxitocina, los varones holandeses demostraron una menor tendencia a sacrificar a otro varón holandés que a un alemán o a un árabe. Dado que este fármaco refuerza los sesgos en contra de personas pertenecientes a otros grupos, puede que contribuya a la intolerancia, así como a la armonía.

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