La Historia Humana en doce palabras Parte 2 de 5

La Historia Humana en doce palabras
Parte 2 de 5

Descripción de 5 de las Doce Palabras

Bereshit – Propósito
Si hay una única pregunta básica que todos los «ísmos» y sistemas de valores deben encarar, es ésta: ¿El mundo existe en beneficio de sí mismo, o en aras de algún

otro objetivo mayor? ¿Hay algún propósito axiomático alrededor del cual gira nuestra existencia, o nuestra existencia es su propio axioma?
Bereshit es la palabra de apertura de la Torá y el nombre de su primera sección. La palabra significa «al principio», y comienza la narración de la Torá acerca de la creación del mundo: «Al principio creó D»s los cielos y la tierra…». Pero además de su significado literal, Bereshit expresa el axioma de que D»s creó el mundo para servir un propósito. Nuestros Sabios destacan que la palabra Bereshit comienza con la letra Bet, la segunda del alfabeto hebreo. La historia de la creación, está diciendo la Torá, no comienza con la creación del mundo por parte de D»s, hay algo que la precede y en razón de ello es que tuvo lugar.

Noaj – Tranquilidad
Habiendo establecido que la creación tiene un propósito, procedemos ahora al nombre de la segunda sección de la Torá, Noaj, que transmite cuál es este propósito: transformar una existencia caótica en un mundo armonioso.
«D»s deseó una morada en los planos inferiores». Con estas palabras describieron nuestros Sabios el móvil de D»s para la creación del mundo. D»s deseó que este plano inferior, desgarrado por la diversidad y el conflicto sea transformado en un mundo tranquilo, un mundo en paz consigo mismo y con su Creador.
Noaj, el nombre significa «tranquilidad», logró esto en un nivel microcósmico cuando creó una isla de tranquilidad en medio de las turbulentas aguas del Diluvio: una isla flotante que contuvo especímenes de cada animal, pájaro y planta, y en la que, durante 365 días, el león vivió en paz con el cordero. El deseo Divino es que nosotros transformemos todo el mundo en un «arca de Noaj» de serena perfección.

Lej Lejá – Vaierá – Jaié Sará
Viaje – Visión y Fortalecimiento
«Vete, tú», Lej Lejá, la tercera sección de Génesis, deriva su nombre de su versículo de apertura: «Y D»s dijo a Abraham: «Vete, tú, de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre, a la tierra que Yo te mostraré». Esta, dicen los maestros jasídicos, es la ordenanza emitida a cada alma antes de ingresar a este mundo: parte de tus orígenes excelsos, de tu estado de unidad con D»s, para trasladarte a un lugar foráneo y desconocido. Desciende de tu lugar natal espiritual para entrar a un mundo y cuerpo físicos, pues ésta es «la tierra que Yo te mostraré», el escenario en el que se cumplirá tu misión en la vida.
El alma, sin embargo, no va sola. Es fortalecida con una visión de la verdad Divina, una visión que será su luz orientadora en su esfuerzo por hacer del mundo un lugar hospitalario a la Presencia Divina. Este es el mensaje implícito en el nombre de la siguiente sección de la Torá, Jaié Sará, la Vida de Sará. La quinta sección de Génesis comienza con el versículo: «Y la vida de Sará fue cien años, veinte años, y siete años». En el lenguaje de la Cabalá, el número «cien» representa la facultad de Voluntad, «veinte» implica el intelecto, y «siete» se refiere a las emociones, la Torá nos está diciendo que todos los aspectos de la psiquis de Sará y su personalidad estaban fortalecidos por la visión de D»s por parte de su alma.

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