La habénula, el procesador cerebral del estrés y el aprendizaje

La crisis, sin duda, añade un punto de presión y estrés a la ya complicada vida moderna. Aunque no he tenido tiempo de echar un vistazo a las estadísticas, parece de Perogrullo que los problemas piscológicos y físicos —los psicosomáticos— hayan aumentado entre nosotros. Ahora bien, como ocurre con otro tipo de hechos —por ejemplo la del número de delitos— es bastante posible que jamás sepamos el alcance real, ya que con tanto ajuste acabamos recortando el dinero destinado a acudir al médico o al fisio para eliminar tensiones y, por consiguiente, no habrá aumento en los datos oficiales que recogen estas manifestaciones del estrés.

La representación gráfica del estrés podría ser una máquina funcionando a pleno rendimiento, a tope de revoluciones, pero el cerebro no es un órgano que se esté quieto, toma decisiones continuamente. Unas, como los latidos del corazón o el ritmo respiratorio, se producen de manera automática y otras son voluntarias, es decir, dependen de un buen procesamiento y funcionamiento de determinadas áreas de su estructura.

Los científicos que se ocupan de estudiar, descubrir y diseccionar cómo funciona han puesto su punto de mira en una región llamada habénula como responsable de la toma de decisiones en momentos o situaciones como la que atravesamos. O sea, de estrés añadido.

Todos los vertebrados la tienen, y por duplicado. Curiosamente, y a diferencia de otras estructuras cerebrales, una de ellas es de mayor tamaño que la otra y se cree que, precisamente, esta diferencia puede tener que ver con patrones del comportamiento, en el reconocimiento social y en la respuesta que cada individuo da frente rente a los depredadores (competidores o agresores), entre otros asuntos.

Además, por las conexiones que tiene con otras áreas, parece que la habénula controlaría muchos aspectos de nuestro comportamiento emocional. Por ejemplo, cuenta con numerosas conexiones con la glándula pineal, produce melatonina, la inductora natural del sueño, y por ello creen que tenga un control indirecto sobre esta actividad reparadora.

La habénula parece también tener un papel importante en la recompensa basada en la toma de decisiones, es decir que se convierte en la región del cerebro encargada de procesar la posible recompensa (o castigo) cuando tomamos una decisión, poniendo a otras zonas del cerebro a funcionar para manifestar la alegría o la tristeza. Si el hecho de no obtener una recompensa es decepcionante y desalentador, peor es el hecho de ser castigado. Las neuronas de esta región del cerebro responden al dolor (de un castigo físico), lo cual indicaría que la habénula jugaría un papel en la respuesta a estímulos aversivos, incluyendo dolor.

En este mismo sentido, se sabe que la exposición prolongada a un ambiente en el que los estímulos puedan generar estrés o puedan causar ansiedad activan las neuronas de la habénula. Dicha estimulación da lugar a una fuerte inhibición de las neuronas de la habénula, que contienen el neurotransmisor dopamina, que posteriormente conduce a la supresión de la actividad motora; vamos, que nos venimos abajo.

Recompensa versus castigo, placer frente a dolor son aspectos que tienen que ver con el aprendizaje, una faceta importante en la evolución de todos los seres vivos. Cada espécimen aprende en sus propias carnes enfrentándose a situaciones que provocan una u otra.

Si el resultado es favorable (hay recompensa), es bastante probable que esa acción se repita, mientras que si hay castigo o dolor, no. Y si la habénula coordina las áreas cerebrales que producen estos estímulos, se podría afirmar que estamos ante uno de los mecanismos clave del aprendizaje.

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