LA GRAN MURALLA CHINA

La Gran Muralla china: un dique contra los nómadas
Durante cais veinte siglos la idea de construir una muralla que protegiera a su país de las amenazas que venían del exterior se convirtió en la obsesión de muchos soberanos chinos.

Las extraordinarias dimensiones de la Gran Muralla china (casi siete mil kilómetros de longitud) han maravillado a todos los viajeros que la han contemplado, y a través de ellos a numerosos escritores occidentales que desde el siglo XVIII han convertido la obra en un símbolo de la civilización china. Para ellos, la inmensa cerca representaba un rasgo permanente del mundo chino: el empeño por crear una frontera infranqueable con el exterior y proteger así una civilización tan esplendorosa como aislada.
La historia real de la Gran Muralla, sin embargo, es un poco más complicada. Generalmente se atribuye su primera construcción al emperador que fue asimismo el primer unificador del imperio chino, Qin Shihuang di, a finales del siglo III a.C. Pero las referencias literarias a una muralla de cinco mil kilómetros de longitud son muy imprecisas, y no se conoce con seguridad qué dimensiones pudo tener la obra de Qin Shihuang di. Se sabe que algunas dinastías posteriores reforzaron la barrera para hacer frente a las incursiones de los pueblos nómadas, pero no es menos cierto que durante largos períodos las fortificaciones fueron prácticamente abandonadas, a la vez que los chinos mantenían fluidas relaciones comerciales y políticas con los reinos esteparios.
La Gran Muralla tal como la conocemos es una obra relativamente tardía. En lo esencial data de finales del siglo XVI, cuando efectivamente se trazó el plan de construir una cadena de fortificaciones sin solución de continuidad, y se decidió sustituir las antiguas barreras de tierra batida por construcciones en piedra. Todo ello obedecía a la ideología de una dinastía autóctona, los Ming, que hizo de la guerra contra el bárbaro la principal legitimación de su poder. Obra de propaganda tanto como militar, la Gran Muralla no pudo impedir la invasión manchú del siglo XVII, tras lo que volvió a caer en abandono. Pese a ello, la obra conserva hoy en día su aspecto imponente y constituye una de las principales atracciones turísticas de China.

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