La flor de loto: Padmasana

 

La flor de loto es una de las posturas tradicionales del yoga. En los textos clásicos, se le atribuye el poder de despertar la energía interna (kundalini) y destruir la enfermedad. Lo constatable es que, haciéndola de una manera correcta, calma la mente y favorece la introspección para la meditación.

No es una postura fácil, pues involucra dos articulaciones frágiles, rodilla y tobillo y una articulación muy fuerte, la cadera, que debido a nuestro estilo de vida tiende a ser cerrada.

También hay que tener en cuenta nuestra estructura para no forzar más allá de donde se muevan nuestros huesos. Si la cabeza del fémur tiene cuello corto o está inclinada en anteversión pronunciada, no será posible hacer la rotación externa que requiere la flor de loto. Para saber cuál es nuestro caso, hay que ser sensibles y aprender a distinguir entre el roce de los huesos y la sensación de estiramiento de los músculos y ligamentos.

En el loto, las piernas se “anudan” quedando una base firme, donde ya no se requiere ninguna acción. Con la columna alineada, el peso lo cargan los huesos y no los músculos. El gasto de energía es mínimo, permite sostener la postura hasta por una hora. Si se utiliza para practicar meditación o pranayama, hay que usar los dos lados puesto que es una postura asimétrica.

Guía de la postura correcta:

  • Rodillas más bajas que el nivel de la cadera
  • Sacro vertical = cadera centrada
  • Ligera concavidad en la zona lumbar
  • Cabeza equilibrada sobre el cuello

En resumen: columna vertical, que facilita la respiración completa, y el fluir de la sangre al cerebro y órganos.

Es poco común que las rodillas bajen al piso fácilmente por lo que, para la gran mayoría de personas, hay que subir la cadera con cojines o cobijas, sobre todo cuando se va a sostener por largo tiempo.

Para cuidar la rodilla y no lastimarla, hay que exibilizar la cadera; cualquier sensación de malestar signica que hay que cambiar. Dijimos que la cadera hace un movimiento de rotación externa; así que, para mantener la misma dirección en toda la pierna y no “romper” la rodilla, hay que tomar el tobillo siempre con las manos por debajo del pie.

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