LA FELIZ CONCIENCIA DEL SER

Una vez mas, como siempre, debo pedir disculpas por enviar un «genérico» pero, como siempre, si lo estas recibiendo es porque estas en mi corazón…

Es mi deseo, simplemente, compartir con todos y cada uno de ustedes, en este día ventoso del tercer mes de este verano porteño, algunos textos breves acerca del viajar, buscar y hallar, en el amplio ámbito del espíritu (uno de ellos, una poesía de mi abuelo)…

Sobre el tablero del mundo, somos – lo sepamos o no, lo queramos o no – viajeros, peregrinos, buscadores de la dirección correcta, que no es otra que aquella que nos dirige firmemente hacia la felicidad…

La felicidad nada tiene que ver, realmente, con la exaltación maniaca que predomina en los «medios de incomunicación» y en la industria del entretenimiento diversificante, que intenta orientarnos (mas bien, habría que decir, «des-orientarnos») hacia una falsa alegría, que no posee ninguna relación con la serena alegría que define el estado de «Ananda», termino sanscrito para aludir al estado de serenidad satisfecha, fértil en si misma, coexistente con la percepción de la identidad entre el ser individual (nosotros) y el Ser Universal (Dios, Brahma, Tao, no importa cual sea el «Nombre» que le adjudiquemos para referirnos a El): la serena conciencia del Ser (Sat Chit Ananda)…

Todo Es Uno y, en esa unidad, la felicidad simplemente «sucede», como dijera repetidas veces nuestro buen hermano mayor Borges…

La felicidad de la conciencia de la Unidad, no necesita de momentos extraordinarios sino que es algo que viene con nosotros allí donde vayamos, se transforma en nuestra compañera de viaje, nos acompaña al mercado y allí, nos consuela de los dolores y rigores del camino…

Así, unificados en la Unidad podremos, quizás, ver a Dios en el hermano, de manera que aun en momentos críticos podríamos, tal vez, seguir viendo en su interior a Aquel que también esta en nuestro interior, sosteniendo la existencia, esperando a ser reconocido simplemente como «Aquello que Es» y que, «Siendo» hace que «todo sea» y nos «hace ser»…

Podríamos, entonces, percibir la compañía de la felicidad mientras caminamos, viajamos en algún medio de transporte, compartimos un café con amigos, o unos buenos mates (con este calorcito, unos buenos tererés no vendrían nada mal, jejeje), fumando un  buen tabaco por las calles arboladas, etc.…

Esta felicidad de la que hablamos no esta reservada solo para personas especiales (fantasías occidentales y orientales solo aptas para películas de consumo) sino que esta allí, al alcance de cualquiera que la busque; una sola condición requiere el encuentro con la Unidad: quererlo con obstinada perseverancia y estar dispuestos a la soledad que ello implica (soledad existencial, interna, mas que social)…

Me despido, agradeciendo la paciencia de haber leído hasta aquí, jejeje, con un cuento tradicional, muchas veces citado:

Cuando el viajero, después de largo y trabajoso viaje, llego a la Puerta y golpeo en ella, una Voz hablo desde el otro lado…

– ¿Quién es? – dijo la Voz

– Soy yo – dijo el viajero

– Entonces, vete: no hay lugar aquí para un Tú y un Yo

El viajero, afligido, se retiro ala montaña solitaria, para meditar en lo ocurrido; al cabo de un tiempo, regreso a la Puerta y golpeo en ella…

– ¿Quién es? – dijo nuevamente la Voz

– Soy Tú – respondió el viajero

Y esta vez, suavemente, la Puerta se abrió…

Bueno, espero que anden bien y que la vida lleve siempre el rumbo de vuestra felicidad, nos halle esta donde y cuando sea que el camino nos lleve…

Que Dios (como sea que cada uno Lo conciba) nos guíe a todos y cada uno por senderos suaves y luminosos pero, si el camino fuera duro y oscuro, quiera El sostenernos en la palma de Su mano, a fin de transitar sin daño la noche, hasta que amanezca…

Un gran abrazo fraterno para todos y cada uno de ustedes, mis compañeros de viaje…

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