La Eucaristía es el sostén de la Iglesia y de la vida del hombre”

Buenos Aires, 11 Jun. 12 (AICA)

Procesión del Corpus Christi

El pasado sábado 9 de junio, se celebró la fiesta de Corpus Christi, en la que los arzobispos y obispos de todo el país coincidieron en subrayar que la Eucaristía será el centro del Año de la Fe. También llamaron a no tener miedo de que la Eucaristía se “encarne” en nuestras vidas y resaltaron que Cristo se quedó en los sagrarios de todas las iglesias como acto de amor y de cercanía hacia su pueblo.

El arzobispo de Paraná, monseñor Juan Alberto Puiggari, presidió la solemne misa del Cuerpo y la Sangre de Cristo, en la catedral metropolitana y recordó que “la fe en la Iglesia es esencialmente fe eucarística y se alimenta en la mesa de la Eucaristía. Quisiéramos que en toda la arquidiócesis se despierte al `asombro´ eucarístico que nos lleve a `arrodillarnos en adoración ante el Señor´”. Por otro lado, el prelado manifestó que “la Eucaristía se convierte en un sacramento de unidad porque unifica en sí el pasado, el presente y el futuro de la historia de la salvación y lleva a su máxima expresión la identificación entre Cristo y el hombre”.

Como conclusión, monseñor Puiggari aseguró que “la fuerza de la Eucaristía va más allá de las paredes de nuestras iglesias. En este sacramento el Señor está siempre en camino hacia el mundo”.

En tanto, el arzobispo de Rosario, monseñor José Luis Mollaghan, manifestó en la misa que “si queremos que las parroquias y comunidades sean centros de irradiación misionera, necesitamos cada día el don de la Eucaristía. La adoración a Jesús en la Eucaristía es una prolongación de su donación de amor, en la que la comunidad reza y el Señor es adorado por todos. Cuando Jesús es adorado y celebrado, la Iglesia crece”.

El pastor rosarino adelantó que “la Eucaristía será el corazón y el centro del Año de la Fe, que comenzará el próximo 11 de octubre. Cuando la fe en la presencia de Jesús en la Eucaristía y el impulso de su espíritu motivan nuestra existencia, se forma una espiritualidad profunda que alimenta las diversas vocaciones de la vida”.

Por su parte, el arzobispo de Mendoza, monseñor José María Arancibia, señaló que “Pan y vino son los frutos de la tierra y del trabajo del hombre, que presentamos sobre el altar. Signos cargados de profundo sentido, que Jesús eligió para transformar en su Cuerpo entregado y Sangre derramada, por la salvación del mundo”.

«El honor de ser tierra de rico vino y de pan abundante, tiene que ayudarnos a repasar la presencia de Jesús en la Eucaristía, en la historia de Mendoza y su vasto territorio. Dios es el Sembrador providente que ayuda a cultivar hermosos viñedos, y el Redentor del mundo que ofrece su cuerpo y sangre bajo las apariencias de pan y vino”, relató el prelado.

«Reconocer al Santísimo Sacramento como germen o semilla de nueva vida, nos anima y compromete», concluyó.

Frente a una multitud de fieles, el obispo de San Rafael, monseñor Eduardo María Taussig, presidió la celebración de Corpus Christi, en la que instó a los fieles a imitar a Jesús, “que se parte y reparte en la Eucaristía para llegar a todos por medio de la comunión sacramental, partiéndose y repartiéndose, también los cristianos, en múltiples actos y actividades de caridad para con los más pobres”.

El obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, presidió la celebración del Cuerpo y Sangre de Cristo en la catedral, donde manifestó que “el Señor nos transforma en pan, nos hace pan bueno, nos hace pan de humildad. A través del pan reconocemos que no somos autosuficientes, que dependemos de la tierra, aprendemos a ser humildes, no lo podemos todo” y agregó que “este pan que nos transforma en Él mismo, podemos decir con propiedad entonces para los otros, que el Señor como el pan nos tomó, nos bendijo, nos partió y nos dio”.

El prelado le pidió al Pan de la Esperanza “que nos haga hombres y mujeres de esperanza” y añadió que “la desesperanza nos hace fríos, indiferentes, nos inmoviliza, hace que podamos excluir. La desesperanza nos paraliza, nos deja como sin la última motivación para poder construir juntos un país nuevo, una iglesia nueva, una comunidad nueva”.

Monseñor Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero, señaló en su homilía de Corpus Christi que esta fiesta “nos recuerda ante todo que ser cristianos quiere decir reunirse desde todas las partes para estar en presencia del único Señor, y ser uno en Él y con Él”.

“La Eucaristía –dijo- es el sacramento de Dios que no nos deja solos en el camino, sino que se pone a nuestro lado y nos indica la dirección para que nuestra libertad tenga el criterio para discernir el camino justo y recorrerlo”.

Por otro lado, el obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia manifestó que “la Eucaristía es sacrifico, es el mismo sacrificio: cruento una vez en la cruz, incruento en el sacramento. Es el sacrificio de Cristo que se ofrece, se inmola por nosotros y nos deja lo más íntimo de Él, su Cuerpo y su Sangre”.

El prelado aseguró que “la Eucaristía es el motivo principal para que podamos ser discípulos, ser testigos y ser misioneros. Con la Eucaristía, con la vida que Dios nos da, nosotros tenemos que anunciarla y comunicarla a los demás”.

En tanto, monseñor Ricardo Oscar Faifer, obispo de Goya, resaltó en la homilía de Corpus Christi la importancia de la adoración eucarística y manifestó que “la adoración es la expresión de la reacción del hombre impresionado por la proximidad de Dios: conciencia de su insignificancia, veneración agradecida y homenaje jubiloso de todo su ser”.

El obispo relató que “la adoración es la prosternación del hombre, que se reconoce creatura ante su creador tres veces santo”.

En la solemne misa de Corpus Christi, monseñor Carlos José Tissera, obispo de Quilmes, expresó que la Eucaristía nos adentra en ese acto de amor entregado de Jesús “amor que sale de sí, que se da, amor oblativo. Dios se ha hecho comida y bebida por amor. Al comerlo y beberlo nos adentramos en ese amor que se da, que se entrega. Al comer su Cuerpo y beber su Sangre, entramos en la dinámica de su entrega”.

En la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, el obispo de Puerto Iguazú, monseñor Marcelo Raúl Martorell, afirmó que “la Eucaristía, alimento espiritual, es el sostén de la Iglesia y de la vida del hombre, el cual la debe desear más que al pan que alimenta el cuerpo. Ella es alimento y luz para la vida del mundo. Es que ella es verdaderamente alimento para la vida presente y preludio de la vida eterna, a la que todos estamos invitados”.

“Jesús Eucaristía realiza la unidad de la Iglesia y le da vida en el Espíritu. La Eucaristía es necesaria para la vida del hombre y de la Iglesia. Es el Cristo vivo, el Señor de la vida y de la historia. Sin Él nada podemos y por eso hay que acercarse, comerlo, adorarlo, darle gracias y amarlo”, concluyó monseñor Martorell.

Por otro lado, monseñor Alfonso Delgado, arzobispo de San Juan de Cuyo, presidió la misa de Corpus Christi en la catedral San Juan Bautista, en la que llamó a agradecer la Eucaristía como “el regalo de fe y de amor que nos hizo Cristo”.

El pastor sanjuanino dijo que “la Eucaristía siempre unida al amor es lo que nos impulsa a obrar bien. La fe sin obras está muerta por dentro” y agregó que “no imaginaban los apóstoles que Cristo verdaderamente estaría tan cerca nuestro, en los sagrarios de cada Iglesia”.

El vicario general de Catamarca, presbítero Julio Quiroga del Pino, presidió la misa de Corpus Christi en reemplazo de monseñor Luis Urbanc, quien se encontraba fuera del país. En su homilía, dijo que “adoramos sólo a Dios, nos postramos ante Dios que se ha abajado hacia el hombre, para socorrernos y darnos su vida. Adorar el Cuerpo de Cristo quiere decir creer que allí, en ese pedazo de pan, se encuentra realmente Cristo, quien da verdaderamente sentido a la vida, quien da toda la vida y es toda nuestra vida. Que Cristo da sentido a toda la historia humana y a la más pequeña existencia”.

Por otro lado, monseñor Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana, señaló en su homilía la relación entre Corpus Christi y el ardiente amor que “brota del corazón de Cristo, por los hermanos y hermanas, en especial los más necesitados, a través de la solidaridad”.

El obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino, presidió la celebración de Corpus Christi en la catedral y en su homilía resaltó el valor de la Eucaristía que “a lo largo de los siglos, la Iglesia no se cansará nunca de volver, una y otra vez, con devota atención, sobre esta realidad que hoy celebramos, de la cual vive y que es el centro, la fuente y la culminación de toda su tarea evangelizadora”.

Como conclusión, el pastor marplatense dijo que la Eucaristía nos empuja al amor social y es “el sacramento que nos obliga a la defensa de la vida en todas sus etapas y manifestaciones: desde su concepción hasta su término natural; desde el modo en que el ser humano es concebido hasta el modo como parte de este mundo; en la recta concepción del matrimonio y la familia, lugar primero de la educación en la fe y en los valores morales; en el ejercicio del derecho de los padres a tutelar la vida moral de sus hijos sin la indebida injerencia del Estado”.+

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *