La estimulación magnética mejora la cognición

En la Facultad de Medicina de Harvard, este neurólogo nacido en Valencia utilizó la resonancia magnética transcraneal como terapia ya reconocida por la FDA contra la depresión. Ahora investiga si es posible utilizar la plasticidad neuronal como marcador de las enfermedades neuropsiquiátricas, como el autismo o el alzhéimer. Sostiene que la forma en que el sistema nervioso se adapta a los cambios y es capaz de aprender, es decir, la plasticidad, se modifica a lo largo de la vida. Esa plasticidad se puede medir y servir como marcador temprano en la enfermedad de alzhéimer. Incluso, propone, se podría modificar para prevenir esta patología.

¿Cómo se relaciona la plasticidad con el alzhéimer? 
Sabemos que el envejecimiento es el factor de riesgo más importante para esta patología y la pregunta que nos planteamos es qué pasa en el envejecimiento que lo convierte en factor de riesgo. Y una de las cosas que ocurren es que la plasticidad varía con la edad porque las conexiones cerebrales cambian. En algunas personas esos cambios dan lugar a una respuesta adaptativa, beneficiosa, que mantiene la funcionalidad. Pero en otras, por factores de riesgo adicionales, tiene lugar una respuesta a largo plazo perjudicial. La estrategia para compensar la pérdida normal de plasticidad con la edad determina si una persona entra en una cascada para el alzhéimer o no.

¿Cómo logran medirla? 
Combinamos la resonancia, que capta actividad del cerebro en un campo magnético, y el electroencefalograma. Pero las hacemos dando una descarga transcraneal con un pequeño pulso magnético (estimulación magnética transcraneal). Esos estímulos que repetimos varias veces en distintas zonas, nos permiten medir cómo responde el cerebro a esa activación. La idea es básicamente que el cerebro es como una especie de escultura móvil y para poder captar sus características hay que «soplar» para ver cómo se mueve. El estudio dura una hora en total y se obtienen medidas en respuesta a esos estímulos inocuos. La técnica no tiene efectos secundarios es segura y bien tolerada y se puede repetir todas las veces que se quiera, a diferencia de lo que ocurre con la tomografía por emisión de positrones (PET), que expone al sujeto a trazadores o marcadores radiactivos que impiden repetirlo. Establecer este tipo de medida como biomarcador de riesgo tardará un tiempo pero en el proceso vamos aprendiendo qué se puede hacer para optimizar la salud del cerebro para cada individuo.

¿Se puede modificar ese proceso? 
La eficacia de los mecanismos de plasticidad disminuye con la edad y eso va en paralelo con una pérdida de capacidad cognitiva. Pero no es obligatorio que suceda así. Para mantener el sistema más joven en términos de plasticidad, se puede modificar ese proceso con aspectos alimenticios, el sueño, evitar ciertas medicaciones, tener buen control de la diabetes y el colesterol, ejercicio físico y mental, que acaban impactando sobre la plasticidad neuronal. Parte del problema es que las respuestas del sistema nervioso a la pérdida de plasticidad acaban siendo dañinas para el sujeto y eso hace que aparezcan las alteraciones funcionales y de comportamiento.

¿Y cómo se traslada esto a la clínica? 
Hay una compañía en Israel, llamada Neuronic -de origen español- que plantea exactamente esto: detectar la variación de la plasticidad por medio de la estimulación magnética transcraneal y luego usarla para hacer que el paciente haga ciertas tareas cognitivas que demandan actividad en las zonas estimuladas. La hipótesis es que va a permitir sacarle más partido a la tarea cognitiva. Y el resultado es que los pacientes de alzhéimer con severidad moderada, al menos en los estudios piloto, mejoran más allá de lo debido al beneficio de la medicación.

 

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