La encíclica que condenó al nazismo

Hace setenta años, el papa Pío XI expresaba ante el concierto de las naciones en Mit Brennender Sorge la actitud de la Iglesia Católica ante el creciente despotismo de un nuevo monstruo ideológico. Fue un grito de advertencia que se descargó como un rayo en un tormentoso escenario cuajado de acechanzas para la paz, y obtuvo una comprensible resonancia mundial. ¿Cómo fue recibida esa llamada preñada de oscuros presagios en la Argentina? El origen mediato de la encíclica reside en una carta que los obispos alemanes, reunidos el 18 de agosto de 1936 en Fulda, dirigieron en latín a Pío XI, en un intento para que se pronuncie sobre la situación religiosa en la Alemania nazi. El angustioso pedido tuvo éxito. Poco tiempo después, el 16 de enero de 1937, el cardenal Eugenio Pacelli, entonces secretario de Estado, se reunió en Roma con cinco figuras prominentes del episcopado alemán. La idea era trabajar en firme para elaborar un documento que significara un claro pronunciamiento de la Santa Sede sobre el nacionalsocialismo.

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