La ecoaldea para mujeres mayores

Un grupo de mujeres mayores residentes en Mallorca está gestando uno de los proyectos más vanguardistas de este momento. Rondan los 60 años, algunas están jubiladas, otras continúan trabajando, pero todas rebosan de entusiasmo y creatividad. Tienen algo en común: viven solas, pero no se conforman con lo que nuestra sociedad tiene previsto para ellas: la soledad. Sus ganas de vivir y su creatividad les ha llevado a luchar por un proyecto que les permita crear un espacio en el que vivir y seguir desarrollándose. Su sueño es crear una comunidad donde puedan vivir con independencia pero sin soledad. Un lugar donde puedan seguir sintiéndose útiles, y puedan compartir la experiencia acumulada durante sus vidas y, sobre todo, un hogar donde puedan encarar la vejez con dignidad. Algo que difícilmente aportan las residencias de ancianos.

El núcleo de este proyecto llamado Ciutat d’Elles está formado por diez mujeres y están reclutando a más personas para alcanzar la cifra de 30 que conformarán la primera fase de este proyecto redondo.

Se reúnen periódicamente, mantienen contacto por Internet y pese a lo difícil que es mantener un grupo cohesionado llevan 10 años luchando por este sueño que por fin está maduro.

Para Ciutat d’Elles ha llegado el ahora o nunca. Es el momento de que todos aquellos que han mostrado su simpatía arrimen el hombro para dar el impulso definitivo a este experimento social que está destinado a colocar en el lugar que les corresponde a las personas mayores.

Las instituciones no están a la altura

Es una idea hecha por mujeres para mujeres, afecta a un colectivo de edad avanzada, apuesta por la ecología y la sostenibilidad, el enfoque sobre la salud es totalmente preventivo, la gestión es autosuficiente… la instituciones tendrían que pelearse por apoyar iniciativas de este tipo. Sin embargo, lo que se están encontrando estás emprendedoras sociales son buenas palabras, descoordinación entre administraciones, toneladas de burocracia y un sistema público que no está a la altura de un proyecto tan vanguardista como este.

Su plan era que el Ayuntamiento de Palma les facilitara el terreno ya que se trata de un proyecto que cuenta con el reconocimiento de Utilidad Pública y con la fuerza y la legitimidad de ser una alternativa real a las pocas salidas que tienen las mujeres mayores. Sin embargo, tras reunirse con la alcaldesa Aina Calvo, todo lo que les han ofrecido es un terreno de 400 metros cuadrados, que según palabras de Rosa Masdeu, una de las impulsoras del proyecto, era un terreno apto para construir un ascensor al cielo, pero poco más.

La ubicación del terreno tiene que ayudar a evitar el aislamiento, por ello debe tener buena comunicación con el transporte público, con los centros hospitalarios, con los puntos de interés cultural y con espacio suficiente que permitan la implantación de las casas, las zonas comunes y los huertos. El hecho de que el Ayuntamiento les ceda un terreno apropiado daría alas al proyecto, ya que una de las principales dificultades es el desorbitado coste de los terrenos en Palma.

Se encuentran en una encrucijada. O tirar la toalla o sacar la tijera y recortar las ambiciones ecológicas del proyecto; de momento están pensando en sacrificar los paneles solares para generar energía y así poder invertir ese dinero en parte del coste de las tierras. La idea es que las habitantes de la Ciutat d’Elles paguen un alquiler asequible por su vivienda en la comunidad. El objetivo es que el coste mensual no supere en ningún caso los 600 euros mensuales por habitante. De lo contrario se convertiría en un proyecto elitista que muchas mujeres mayores a quienes va dirigido no podrían asumir.

Después de que las instituciones hayan retrasado el proyecto con promesas huecas, estas mujeres han decidido tirar adelante pidiendo el dinero a una entidad financiera ética, como es el caso del banco Triodos que les facilitará el 80 % de la inversión. Su fe en el proyecto las empuja pese a la falta de apoyos institucionales. Ahora necesitan conseguir el resto de la financiación, reclutar a las habitantes que faltan y encontrar el lugar idóneo para construir un proyecto que puede demostrar que otra sí vejez es posible.

Intimidad y comunidad.

Las habitantes de esta futura ecoaldea contarán con pequeñas viviendas en las que podrán disfrutar de intimidad e independencia, pero al mismo tiempo compartirán espacios comunes como huertos o aulas para cursos. Será autónomo en la energía, la salud y los alimentos básicos. Para lograr esto último, los jardines serán comestibles, es decir, los espacios verdes serán huertos que además de proporcionar alimentos sanos, ecológicos y frescos serán una buena excusa para mantener el cuerpo en forma. También habrá grupos de trabajo corporal, conferencias, cursos de alimentación, actividades lúdicas, grupos de estudio…

Ahora que los padres están totalmente volcados en la tarea de producir. Estas abuelas pueden cumplir la tarea de cuidar a los niños y de compartir con ellos sus conocimientos y el contacto con la naturaleza que esta comunidad permitirá. Tal y como cuenta Neus Iniesta arquitecta y otra de las impulsoras del proyecto, uno de los pilares de Ciutat d’Elles es que los niños tengan un papel protagonista. Queremos recuperar el papel de las personas mayores como transmisores de la tradición y de la capacidad de soñar.

Otra de las señas de identidad del proyecto es la bioconstrucción. Cuando Neus Iniesta habla de ello se le encienden los ojos. Pretenden construir con unos ladrillos especiales que se hacen en la misma obra con la misma tierra de deshecho mezclada con cal y cáñamo como aislante.

Su idea es constituirse como Fundación. Si hoy encontrasen los terrenos adecuados en un año Ciutat d’Ellessería una realidad y todos tendríamos ante nuestros ojos un nuevo modelo de convivencia y calidad de vida que ofrece soluciones a varias áreas conflictivas de nuestra sociedad.

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