La dulzura de la Fe

Mezquita

del

Centro Cultural Islámico

«Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas, Rey Fahd»

Buenos Aires – Argentina

Viernes 21 de Muharram de 1433 / 16 de Diciembre de 2011

Traducción de la Jutba pronunciada

por el

Sheij Muhammad Alruwaili

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La dulzura de la Fe

Primera Jutba

Alabado sea Dios, Señor del universo. Le glorificamos, le pedimos perdón por nuestros pecados, y a Él nos encomendamos. Nos refugiamos en Dios del mal que existe en nuestras propias almas y de las consecuencias que puedan acarrear nuestras malas acciones. A quien Dios guíe nadie lo podrá desviar y transitará, sin duda, por el camino de la luz y la misericordia; y para quien Dios decrete el desvío, nadie podrá guiarlo, y transitará, sin duda, por un camino de tinieblas, de permanentes dudas y tribulaciones. Atestiguo que no hay otra divinidad excepto Dios, Quien no tiene copartícipe alguno y que Muhammad es Su siervo y Mensajero.

¡Hermanos! Quien contemple con detenimiento los asuntos de la vida mundanal, podrá encontrar que mucha gente lleva una vida desdichada y sufrida, con sus corazones insatisfechos y apesadumbrados, una desdicha con inseguridad e intranquilidad, perdiendo la posibilidad de ser feliz y vivir en paz. Son almas sumergidas en el odio, el rencor y la egolatría. Pero si quien observa detenidamente vuelve la mirada, puede encontrar que otros llevan una vida colmada de bien, de generosidad, con sus corazones sanos y llenos de vida ¿Cuál es la diferencia entre ambos grupos?

Indudablemente es la dulzura de la fe, el Profeta dijo: «Probará la dulzura de la fe aquel que se complazca en Dios como Señor, del Islam como religión y de Muhammad como Mensajero».

El más veraz de las personas el Profeta Muhammad dijo: «Quien posea estos tres sentimientos habrá encontrado la dulzura de la fe: Que Dios y Su Mensajero sean lo más amado por encima de todo, que cuando ame a alguien lo ame por Dios, y que deteste volver a la incredulidad de la misma manera que le disgusta ser arrojado al fuego»

La fe tiene un sabor especial, mejor que la mayor de las delicias conocidas, su dulzura impregna lo más profundo del alma del musulmán, le brinda una tranquilidad y aceptación que corre por el cuerpo al igual que su sangre.

No padece de estrechez, ni de inseguridad, sino que vive complacido bajo la misericordia divina: «Tal es el favor de Dios. Y Dios por Su conocimiento divino bien sabe cómo recompensar a Sus siervos» (Sagrado Corán). «Éste es el favor de Dios, y Él se lo concede a quien Le place. Dios es poseedor del favor grandioso» (Sagrado Corán).

La fe en Dios produce tranquilidad en el alma, guía al corazón, es un faro de luz de sosiego y esperanza, es la seguridad para los temerosos, es la albricia para los piadosos. La fe es el padre de la esperanza, el hermano de la valentía, el compañero de los buenos anhelos, la confianza del alma, la seguridad y el espíritu de los pueblos.

El primer acceso a la dulzura de la fe es sentir la felicidad y complacencia de creer en Dios, en el Señor que dispone de todo como Le place, el Clemente y Misericordioso en esta vida y la Otra, el sostenedor de los cielos y la Tierra, creador de la muerte y de la vida, el que concede Sus gracias y responde los ruegos sinceros, el que creó al ser humano y le insufló el espíritu, Quien lo sustenta como quiere, el que brinda seguridad a los temerosos, guía a los desviados y les permite aprender lo que Él quiere.

La fe genera la entrega a Dios y así se alcanza Su complacencia, se pueden controlar las pasiones prohibidas, adorar verdaderamente al Creador, tenerle temor, esforzarse más en la adoración, sabiendo que en Sus manos están todos los asuntos. La certeza en Dios lleva a elevar las manos con sinceridad y decir: «¡Dios! Me refugio en Tu complacencia de Tu ira, en Tu perdón de Tu castigo, no puedo llegar a elogiarte tanto como lo has hecho contigo mismo».

El segundo acceso a la dulzura de la fe es aceptar al Islam como religión, es el motivo por el cual fueron enviados los Mensajeros. El Islam es la fuente de luz de felicidad y de guía.

El tercer acceso es aceptar a Muhammad como Profeta y Mensajero, que él fue el consejero y confiable, la misericordia que Dios nos obsequió, el mejor y más bello ejemplo. Aceptar a Muhammad en su prédica y seguir sus enseñanzas ilumina las obras.

Cuando la fe es correcta y se arraiga en el corazón hace que el musulmán camine erguido, con temor a Dios, con un alma purificada, con un aroma hermoso e inconfundible, brillante de luz, Dios dice en el hadiz qudsi: «Cuando lo ame seré su oído con que escucha, su mirada con la que ve, sus manos con las que obra, sus piernas con las que camina, si Me pide algo se lo concederé y si se refugia en Mí lo protegeré».

Quien prueba la dulzura de la fe lleva una vida buena, conoce el verdadero camino, quien lo transita con sabiduría alcanza la complacencia de Dios.

¿Conoces un cansancio más placentero que vencer el sueño por adorar a Dios en lo profundo de la noche? ¿Conoces algo más puro que las lágrimas de quienes se arrepienten de sus faltas? ¿Algo más noble que la humildad de quienes se inclinan y prosternan ante Dios?

En cuanto a la dulzura que sienten los creyentes frente a los asuntos mundanos está coronada por la fe en el designio divino, aceptando los acontecimientos por encima que las situaciones se tornen difíciles, no se desesperan ante la adversidad. Es una aceptación acompañada de confianza firme en Dios, reflexionan en el pasado y piensan en su presente y futuro «Mi éxito depende de Dios; a Él me encomiendo y ante Él me arrepiento» (Sagrado Corán).

Están seguros de: «Lo que les pasó no se pudo evitar, y lo que no pasó es imposible que hubiese pasado», si se reuniesen todos los habitantes de los cielos y de la Tierra para beneficiarte en algo que Dios no decretó no podrán beneficiarte, y si se reúnen para perjudicarte en algo de lo que Dios te protegió, no podrán perjudicarte en nada. Por fuerte que sean las pruebas y desgracias mundanas el creyente las sobrelleva gracias a su fe: «Qué sorprendente los asuntos del creyente, todos son para bien, si le sucede algo que lo hace feliz agradece a Dios y es un bien para él; y si le alcanza una desgracia tiene paciencia y ello es un bien para él. Esto sólo lo logran los creyentes».

Con la firmeza en la fe el creyente enfrenta el temor, la inquietud: «Diles [¡Oh, Muhammad!]: No nos acontece más que lo que Dios decretó para nosotros; Él es nuestro Protector, y a Dios se encomiendan los creyentes» (Sagrado Corán). «Ciertamente tu Señor concede abundante sustento a quien Le place, y se lo restringe a quien quiere» (Sagrado Corán).

Con la fe y su dulzura el creyente se libera de la esclavitud de las pasiones, de las malas inclinaciones del alma, de los susurros demoníacos y de las tentaciones de este mundo; es una felicidad y una dulzura que alejan de la avaricia y acercan a la generosidad. La dulzura de la fe siembra la benevolencia y la misericordia, colma el alma de paz y se cubre de misericordia: «Éstos son quienes su Señor agraciará con el perdón y la misericordia, y son quienes siguen la guía» (Sagrado Corán 2:157), «A éstos [Dios] ha grabado la fe en sus corazones, les ha fortalecido con Su luz» (Sagrado Corán 58:22), «Quienes sigan Mi guía no se extraviarán ni serán desdichados» (Sagrado Corán 20:123) «Al creyente que obre rectamente, sea varón o mujer, le concederemos una vida buena y le multiplicaremos la recompensa de sus obras» (Sagrado Corán 16:97).

Que Dios nos bendiga con el Grandioso Corán y nos guíe para que Le temamos como Se merece. Y pido a Dios que perdone nuestros pecados, pues Él es Absolvedor, Misericordioso.

Segunda Jutba

Alabado sea Dios, Quien fortalece y eleva a los creyentes. Atestiguo que no hay otra divinidad salvo Dios, Único sin asociados, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero, que la paz y las bendiciones sean con él, con su familia y compañeros.

¡Siervos de Dios! Afírmense en el Islam aferrándose al asidero más firme y sepan que Dios está con la comunidad y quien se aparte de ella será castigado el Día del Juicio.

¡Dios! Te ruego indulgencia y bienestar en esta vida y en la otra. ¡Dios! Te ruego indulgencia y bienestar en mis asuntos religiosos y mundanales, mi familia y mis bienes. ¡Dios! Cubre mis debilidades y sosiega mis miedos. ¡Dios! Protégeme por delante, por detrás, por mi derecha, por mi izquierda y por encima de mí. Me refugio en Tu grandeza de ser engullido por la tierra.

Dios dice: «Dios ordena ser equitativo, benevolente y ayudar a los parientes cercanos. Y prohíbe la obscenidad, lo censurable y la opresión. Así los exhorta para que reflexionen.» (Sagrado Corán: 90)

Invoquen a Dios el Grandioso que Él los recordará siempre y agradézcanle por Sus gracias que se las incrementará.

Sepan que Él está bien informado de lo que hacen, témanle pues, y pedid bendiciones por el Profeta Muhammad.

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