La Cuaresma

La Cuaresma es tiempo de conversión, porque también se nos recuerda que tenemos que aprender a que la palabra hermano, no sea sólo una palabra hueca, sino que sea una experiencia y, en ese sentido, la práctica del ayuno y de la limosna nos enseñan a sabernos privar de las cosas para aprender a compartir; a saber mirar al otro más que a nosotros mismos; a saber ser libres para no estar atados a lo material y poder hacer así de las cosas un lugar de encuentro y solidaridad con el hermano.

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