La Creación del Universo en el Rig Veda

Este artículo tiene un doble propósito: examinar las ideas sobre la creación del universo en el Rig Veda (Rigveda), el texto más antiguo de la India, mediante el análisis de varios himnos clave y dar a conocer en español estos mismos himnos traduciéndolos directamente del sánscrito en un lenguaje que preserve sus no escasas cualidades literarias y que sea al mismo tiempo fiel al original.
El Rig Veda se divide en diez partes o libros y todos (salvo el IX) se organizan de manera parecida. Cada uno consiste en una colección de himnos a los distintos dioses védicos que se suceden sin un orden definido. Además, la proporción de himnos dedicados a un dios particular en cada uno es más o menos similar siendo siempre Indra y Agni los más populares. Esta simple estructura es consecuencia de que los himnos védicos fueron compuestos y transmitidos oralmente durante siglos por distintos linajes o familias de poetas conteniendo cada libro el aporte de una de ellas. No obstante estas similitudes, el libro X del Rig Veda se diferencia de los otros por incluir unos pocos himnos que especulan sobre el origen del universo, de los dioses y de los hombres. El libro X es algo más tardío que otras partes del Rig Veda y dentro de él estos himnos son los de composición más reciente. Como es sabido, es imposible dar fechas precisas sobre la composición del Rig Veda y no es mi intención aquí discutir asuntos de cronología. Baste decir que dataría de los últimos siglos del segundo milenio a.C. y que, por lo tanto, los himnos que comentaré a continuación fueron compuestos alrededor del 1.000 a.C. pudiendo considerarse más o menos contemporáneos.
Presento aquí en versión integral los seis himnos del Rig Veda que contienen la visión más amplia sobre el origen y la creación del universo. Cargados de simbolismo y de poesía, todos ellos se encuentran en el libro X y se identifican por los números 72, 81, 90, 121, 129 y 190. Aludiré, asimismo, a otro himno (X 82) que, en mi opinión, es algo menos interesante por lo cual no se justifica su traducción dentro del marco de este ensayo. El método que seguiré con cada uno de los seis himnos es el siguiente. Primero, vertiré el mismo al español sin comentario ni notas para que el lector pueda apreciar sus cualidades sin interferencia. Luego, en una segunda instancia, comentaré las estrofas que lo requieran e interpretaré su significado global. Finalmente, consideraré a todos estos himnos en su conjunto e intentaré una síntesis.

El Himno de la Creación (X 129)
Uno de los himnos más sublimes del Rig Veda, el 129, conocido como el “Himno de la Creación”, se remonta al período cósmico más remoto concebible:

No había inexistencia ni existencia, entonces.
No existía la atmósfera ni el cielo que está más allá. (1a)
¿Qué estaba oculto? ¿Dónde? ¿Protegido por quién?
¿Había agua allí insondablemente profunda? (1b)

No había muerte ni inmortalidad entonces.
Ningún signo distinguía la noche del día. (2a)
Uno solo respiraba sin aliento por su propio poder.
Más allá de eso nada existía. (2b)

En el principio la oscuridad escondía la oscuridad.
Todo era agua indiferenciada. (3a)
Envuelto en el vacío, deviniendo,
ese uno surgió por el poder del calor. (3b)

El deseo descendió sobre eso en el principio,
siendo la primera semilla del pensamiento. (4a)
Los sabios, buscando con inteligencia en el corazón,
encontraron el nexo entre existencia e inexistencia. (4b)

Su cuerda se extendió a través.
¿Había un abajo? ¿Había un arriba? (5a)
Había procreadores, había potencias.
Energía abajo, impulso arriba. (5b)

¿Quién sabe realmente? ¿Quién puede proclamar aquí
de dónde procede, de dónde es esta creación? (6a)
Los dioses vinieron después.
¿Quién sabe, entonces, de dónde surgió? (6b)

¿Esta creación de dónde surgió?
Quizás fue producida o quizás no. (7a)
El que la vigila desde el cielo más alto,
él sólo lo sabe. O quizás no lo sabe. (7b)

En el verso inicial (1a) se afirma que en el principio todo era indiferenciado, que nada existía ni siquiera la inexistencia. Pero en el segundo verso de esta primera estrofa (1b) se plantean dudas respecto a ese momento fuera del tiempo y del espacio, una incertidumbre que acompañará al poeta hasta el final. Se pregunta allí si quizás no había algo oculto, un primer algo. En las estrofas 2-3 continúa y se amplifica esta oposición entre la nada y algo que surge (primer verso de cada estrofa negativo, segundo verso afirmativo). Poco a poco, se precisa un ente primordial el cual del estado latente (“respiraba sin aliento por su propio poder”) pasa a un estado más activo mediante el poder del calor (3b). Luego, surge en él el pensamiento inspirado por el deseo (4a) completando el proceso de su devenir.
El resto de la estrofa 4 y la 5 son de interpretación más difícil pues, aparentemente, se intenta precisar la transición de la inexistencia a la existencia. Aquí, el himno es deliberadamente impreciso y oscuro pues el conocimiento de ese instante está velado por el misterio. Solamente los kavis buscando dentro de sí pueden acceder a él. La palabra kavi no tiene equivalente exacto en español (aquí a falta de otra mejor se la traduce como sabio) pues evoca a un pensador, a una persona de gran poder espiritual del pasado, a veces más mítico que real, a un visionario, a un profeta; también significa poeta, un término que puede aplicarse a los mismos autores de los himnos védicos. Los kavis contribuyen a delimitar el ámbito de lo existente con una cuerda, una imagen recurrente en el Rig Veda para simbolizar un acto creador, como alguien delimita un terreno para construir una casa (a menudo los autores de los himnos piensan en conceptos domésticos de la vida cotidiana). Más que de un verdadero acto creativo se trataría de una recreación mental de ese instante trascendente lograda por los kavis en un tiempo posterior gracias a su perfección espiritual. El último verso de la estrofa cinco (5b) marca un nuevo paso evolutivo: la aparición de poderes masculinos y femeninos que suceden a ese primer algo cuyo género era neutro (el sánscrito distingue los tres géneros y la traducción reproduce fielmente el género y número de las palabras del verso original). Así, se contrastan los poderes masculinos con las potencias femeninas en una primera instancia, contraste que se repite, a continuación, con la energía femenina y el impulso masculino. Queda implícito que los principios sexuales desencadenan la evolución posterior del universo, pero sobre esto no sabemos nada más salvo que los dioses nacieron después (6b).
En el resto del himno (6a y 7) retorna y se agiganta la sensación de incertidumbre. Nadie sabe exactamente como ocurrió la creación. Quizás ni siquiera tuvo lugar y el universo haya existido por siempre (7a) por lo cual incluso lo relatado por el mismo himno es dudoso y provisional. Los dioses por haber aparecido después no lo saben. Solamente uno puede saberlo, el ser supremo que vigila el universo. Pero él no parece ser el ente neutro del comienzo ya que su género es masculino. Quizás tampoco existía entonces y tampoco sabemos si sabe.

El Calor Primordial (X 190)
Un breve himno, el 190, proporciona una visión más sucinta y más afirmativa de la creación aunque en este el calor juegue, también, un rol primordial:

El orden y la verdad nacieron del calor encendido. (1a)
De allí nació la noche, de allí el encrespado océano. (1b)

Del encrespado océano nació el año, (2a)
el ordenador de los días y las noches, el regidor de todo lo que parpadea. (2b)

El creador hizo uno después de otro al sol y a la luna (3a)
al cielo y a la tierra y a la atmósfera y también a la luz. (3b)

El calor inicia el proceso generativo, como en el himno precedente, pero aquí (1a) nos encontramos con la novedad de dos principios abstractos, el orden (rita) y la verdad (satya), que otorgan al universo su fundamento ético. El primer término es rico en significados ya que rita comprende tanto el orden cósmico como el del sacrificio, el orden social como el moral incluyendo, también, los conceptos de verdad, fe y ley sagrada. Con el tiempo, rita tiende a ser reemplazado por otro término polivalente, dharma, cuyo significado se superpone en parte al del anterior aunque la noción de orden, si bien está presente en ambos, es más amplia y más fuerte en rita. El segundo principio mencionado al comienzo del himno (satya), en tanto significa verdad, puede considerarse como un aspecto de rita, el subrayado de una de sus facetas, pero un significado adicional del término es realidad, anticipando el surgimiento del universo concreto que comienza en el verso siguiente (1b) con el nacimiento de la noche y del océano.
Del océano nace el tiempo (2a) que gobierna la vida de todos los seres vivientes (2b) a quienes se refiere con una imagen habitual en el Rig Veda (“los que parpadean”). Finalmente, aparecen el sol y la luna y las tres divisiones tradicionales del universo: el cielo, el espacio intermedio o atmósfera y la tierra (3), pero ninguno de ellos brota espontánea o mecánicamente sino que son el producto de un agente, de un creador. El nombre de este último (dhatri) se confunde con el de su función pues el vocablo puede ser tanto un nombre común como un nombre propio significando: el que establece, el que crea, el que sostiene, el que dispone, el que ordena. Nos encontramos aquí con un fenómeno no poco frecuente en la literatura védica consistente en la personificación de determinados atributos o capacidades. Así, Dhatri es una suerte de dios-agente abstracto que, mencionado unas pocas veces en el Rig Veda (todas salvo una en el libro X), fue asimilado luego a otras divinidades creadoras.

El Embrión Dorado (X 121)
El himno 121 invoca, en cambio, a otro demiurgo, llamado Embrión Dorado:

En el principio surgió el Embrión Dorado.
Habiendo nacido fue el único señor de la creación (1a)
manteniendo en su lugar a la tierra y al cielo.
¿Qué dios debemos honrar con la oblación? (1b)

Es el que da el aliento, el que da la energía,
aquel cuyas órdenes obedecen todos los dioses, (2a)
cuya sombra es la inmortalidad y la muerte.
¿Qué dios debemos honrar con la oblación? (2b)

Es el que por su grandeza devino el único rey
del mundo que respira y parpadea. (3a)
El que gobierna a bípedos y a cuadrúpedos.
¿Qué dios debemos honrar con la oblación? (3b)

Por su poder son suyas estas montañas nevadas,
llaman suyo al océano y a Rasá, el río celeste, (4a)
suyas son las direcciones del espacio, suyos estos dos brazos.
¿Qué dios debemos honrar con la oblación? (4b)

Por él el cielo es fuerte y firme la tierra,
por él son sostenidos el sol y la bóveda del cielo, (5a)
él es quien midió el espacio intermedio de la atmósfera.
¿Qué dios debemos honrar con la oblación? (5b)

A él los ejércitos enfrentados del cielo y de la tierra,
con sus corazones temblando, miran en busca de apoyo, (6a)
allí donde el sol elevándose brilla sobre ellos.
¿Qué dios debemos honrar con la oblación? (6b)

Cuando vinieron las aguas poderosas
portando el embrión que es todo y produciendo fuego, (7a)
de allí surgió el aliento único de los dioses.
¿Qué dios debemos honrar con la oblación? (7b)

Es el que con su majestad observó a las aguas
portando a Daksha y produciendo el sacrificio, (8a)
aquel que era el único dios sobre todos los dioses.
¿Qué dios debemos honrar con la oblación? (8b)

Que no nos dañe aquel que engendró la tierra
y creó el cielo, aquel cuyas leyes son verdaderas, (9a)
aquel que creó las poderosas aguas brillantes.
¿Qué dios debemos honrar con la oblación? (9b)

Oh Prajapati, Señor de las Criaturas,
que ningún otro excepto tú abarca, (10a)
concédenos los deseos que te imploramos.
Permítenos ser dueños de riquezas. (10b)

Este himno es bastante directo y, en parte, más simple conceptualmente que los dos precedentes pues afirma desde el principio la existencia de un ser supremo sin indagar sobre posibles precursores metafísicos dedicándose a exaltarlo estrofa tras estrofa. A pesar de su carácter celebratorio, la identidad del creador es poco clara pues el nombre que se le otorga al principio (1a), Embrión Dorado (hyranya-garbha), no figura en ningún otro himno del Rig Veda. Es un dios ignoto como indica el estribillo al final de cada estrofa preguntando quien debe ser el receptor del sacrificio. Sólo al final del himno se develará, quizás, el misterio.
Antes de llegar allí, es interesante revisar rápidamente que es lo que se dice sobre él. Sostiene en su lugar a la tierra y al cielo (1b y 5a) abarcando, también, la atmósfera (5b) o espacio intermedio entre ellos (con ese fin “midió” a esta última, una metáfora análoga a la de los sabios del Himno de la Creación que extienden una cuerda para delimitar la existencia). La estrofa 6 reitera mediante una imagen poética la misma idea: las masas del cielo y de la tierra imploran su apoyo para que las sostenga. Está implícito que el Embrión Dorado (continuemos usando provisionalmente este nombre) es, asimismo, el creador del cielo y de la tierra lo que se declara explícitamente en la novena estrofa (9a). Todos los dioses están sujetos a él al igual que las criaturas a quienes da la vida (2 y 3). Su dominio sobre los elementos y sobre los hombres se confirma en la cuarta estrofa (Rasá es un río mítico que fluye entre la tierra y el cielo, los dos brazos son probablemente los del autor del himno aunque algunos estudiosos dan una interpretación diferente).
Las estrofas 7 y 8 son más problemáticas pues intentan revelar algo del misterio de este dios ignoto. El embrión yace en las aguas que producen el fuego (7a) las mismas que, luego, portan a Daksha y producen el sacrificio (7b). Las aguas son el agente de la acción, pero son los poderes fecundadores del embrión y de Daksha los que permiten la generación del fuego y del sacrificio, respectivamente. El fuego es aquí tanto el elemento como el dios del fuego (Agni), pero lo importante es que se trata del fuego sacrificial. Igualmente, Daksha es tanto la habilidad en el ritual sacrificial, la capacidad de realizar el mismo, como la personificación del rito. Como vimos anteriormente con Dhatri, a veces es muy difícil (e incluso innecesario) distinguir entre una cualidad y su personificación y lo mismo podría decirse respecto a los cuatro elementos tradicionales (aire, agua, tierra y fuego). En resumen, el embrión y Daksha dan origen al sacrificio, uno aportando el fuego necesario para el mismo y el otro el también imprescindible ritual. Con la aparición del sacrificio culmina apropiadamente este himno pues el sacrificio no sólo era el centro de la religión védica sino, a menudo, una parte esencial de su cosmogonía. Las dos estrofas restantes tienen un tono muy diferente pues son un pedido de protección y de riquezas por y para los invocadores como es consuetudinario en los himnos védicos. Lo novedoso es que en la última se devela inequívocamente el nombre del demiurgo y desaparece, por consiguiente, la pregunta-estribillo. Se trata de Praja-pati, el Señor de las Criaturas, cuyo rol de divinidad suprema será reconocido, sobre todo, en la literatura védica posterior. Embrión Dorado no era más que un nombre de él, una hipóstasis de su poder creador mientras que Daksha, un ente más autónomo aunque algo vago termina, también, por asimilarse, a Praja-pati.

Daksha y Aditi: Los Progenitores de los Dioses (X 72)
Daksha se muestra como indiscutible protagonista en un único himno, el 72, junto a su consorte Aditi:

Proclamemos nosotros con asombro
los nacimientos de los dioses (1a)
para que al oír estos himnos
alguien pueda verlos en una edad futura. (1b)

Brahamanaspati, el señor de la palabra sagrada, (2a)
como un herrero, los forjó juntos.
En la primera edad de los dioses
la existencia surgió de la no existencia. (2b)

En la primera edad de los dioses
la existencia surgió de la no existencia. (3a)
Luego los cuadrantes del cielo nacieron
de aquella con las piernas extendidas. (3b)

La tierra nació de aquella con las piernas extendidas
y de la tierra los cuadrantes del cielo. (4a)
De Aditi nació Daksha
y de Daksha nació Aditi. (4b)

Oh Daksha, así nació Aditi
como una hija tuya (5a)
y tras ella nacieron los benditos dioses,
los amigos de la inmortalidad. (5b)

Oh Dioses, cuando estabais en el agua
unidos por las manos, (6a)
surgió de vosotros, como de danzantes,
un remolino de rocío. (6b)

Oh Dioses, cuando como Yatis
distendisteis los mundos, (7a)
hicisteis aparecer el sol
que se ocultaba en el océano. (7b)

Hubo ocho hijos de Aditi,
nacidos de su cuerpo. (8a)
Con siete dio comienzo a los dioses,
pero a Martanda lo apartó. (8b)

Con siete hijos Aditi
dio comienzo a la primera edad, (9a)
pero concibió a uno, Martanda,
para el nacimiento y la muerte. (9b)

Este himno se propone contar el nacimiento de los dioses para que las generaciones futuras puedan visualizarlos, puedan recrear mentalmente ese momento trascendente (1). Si bien la pareja Aditi-Daksha desempeña un rol primordial en el proceso y en la creación del universo, se dice, también, que Brahamanas-pati (llamado también Brihas-pati) fue el padre de los dioses a los que forjó juntos, como un herrero soplando en la fragua (2a). En la religión védica Brahamanas-pati es el sacerdote de los dioses, y por ser el que recita las plegarias se lo califica aquí como “señor de la palabra sagrada”. Su paternidad parece contradecir a la de Aditi y Daksha a lo cual se suman algunas otras contradicciones aparentes o reales. No debemos olvidar que estamos frente a una poesía religiosa que utiliza un lenguaje conciso y, a menudo, ambiguo cuya intención no es la claridad sino maravillar e inducir reverencia, revelar, pero también ocultar. Aditi es una figura maternal y la aparición de la tierra y del espacio es concebida como un parto (3b y 4a). Aditi es, también, madre de Daksha y, a la vez, hija suya (4b y 5a) siendo esta generación mutua de principios masculinos y femeninos un recurso casi obligatorio cuando se los concibe de manera antropomórfica como en este caso.
La segunda mitad del himno tiene dos vertientes: por un lado retorna al tema del origen de los dioses y por otro cuenta la participación de estos en el proceso creativo. Se dice (5b) que los dioses vinieron después de Aditi aunque no se precisa cómo. Sólo más tarde sabremos que Aditi tuvo ocho hijos, inaugurando con siete de ellos la edad de los dioses (8 y 9a). El octavo, Martanda, es diferente pues fue concebido para el nacimiento y para la muerte (9b). Su nombre nos proporciona una clave para develar su identidad. Significa, literalmente, “nacido de un huevo (aparentemente) muerto”, es decir es un ave y metafóricamente el sol imaginado como un pájaro de fuego. Por ser el sol que sale y se pone todos los días está destinado al “nacimiento y a la muerte”. El sol es, además, a través de Manu, el ancestro de los hombres por lo cual el verso alude también a la mortalidad de estos últimos. ¿Quiénes son, entonces, los otros hijos de Aditi o Adityas? Si bien se mencionan a varios de ellos en el Rig Veda no hay unanimidad en cuanto a su identidad ni a su número. Suelen ser seis, destacando entre ellos el propio Daksha, Varuna y Mitra mientras que los tres restantes son secundarios. A ellos, se añade con frecuencia Surya, una forma del sol desprovista de la transitoriedad de Martanda. Obviamente, los Adityas no comprenden a todos los dioses sino a un grupo de ellos por lo cual no son equivalentes a los mencionados en el resto del himno. La posible supremacía de los Adityas sobre otros dioses es insinuada en un verso bastante oscuro (8b). Su traducción más plausible, me parece, sería: “Aditi dio comienzo a los dioses”, es decir sus hijos serían los primeros de entre ellos, pero otros traducen “Aditi presentó sus hijos a los dioses”, es decir los integró al panteón. Sea cual fuere la interpretación de este verso, está claro que los dioses de las estrofas 6-7 contribuyen a la formación del universo generando un rocío, neblina o vapor y extendiendo o hinchando a los mundos (se los compara a Yatis, unos ascetas de los que hay poca información aunque debemos suponer dotados de poderes sobrenaturales). Finalmente, extraen el sol del océano (7b) lo cual se contradice con el rol solar de Martanda, una muestra más de las tensiones, incertidumbres y enigmas respecto al origen y rol de los dioses en la creación del universo.

Visvakarman, el Hacedor de Todo (X 81)
Más unívoco es el himno 81 dedicado a Visva-karman, cuyo nombre significa literalmente el “hacedor de todo”:

El sabio, nuestro padre, oficiando como sacerdote,
ofreció todos estos mundos en oblación. (1a)
Él, deseando riqueza, con la plegaria
ocultó a los primeros y entró en los más nuevos. (1b)

¿Qué era entonces la base? ¿Cuál el material?
¿Cómo fue, entonces, cuando Visvakarman, (2a)
el hacedor de todo, viéndolo todo,
creando la tierra reveló la gloria del cielo? (2b)

Con ojos por todos lados, con bocas por todos lados,
con brazos por todos lados, con pies por todos lados, (3a)
el dios único creó al cielo y a la tierra
forjándolos con sus dos brazos y con alas. (3b)

¿Cuál era el bosque y cual el árbol
del cual tallaron el cielo y la tierra? (4a)
Oh inteligentes, pregúntense con el corazón
sobre que estaba de pie el que sostenía a los mundos. (4b)

Oh Visvakarman, hacedor de todo,
tus formas altas, medias y bajas (5a)
enseña a tus amigos en la oblación.
Oh bendito, prosperando, hónrate tú mismo. (5b)

Oh Visvakarman, hacedor de todo, prosperando con la oblación,
honra tú mismo a la tierra y al cielo. (6a)
Que se confundan por completo otros hombres.
Que tengamos nosotros aquí un generoso patrón. (6b)

Invoquemos hoy a Visvakarman, al hacedor de todo, al señor de las palabras,
rápido como el pensamiento, para que nos ayude en la lucha. (7a)
Que él, que actúa correctamente y es benéfico para todos,
disfrute de todos los sacrificios y nos ayude. (7b)

Para sugerir la infinitud de Visva-karman se lo imagina con innumerables ojos, bocas, brazos y pies (3a), una imagen tomada en préstamo por las Upanishads, varios siglos después, para caracterizar a Brahman, otro ente universal (al cual retornaré en el fin del artículo). El atribuir órganos humanos a una divinidad es una muestra de antropomorfismo la cual se acentúa cuando se dice que Visva-karman utiliza sus dos brazos para forjar al cielo y a la tierra (3b) (las alas mencionadas aquí, probablemente, se refieran a abanicos empleados para avivar el fuego). En la estrofa siguiente (4a) la creación del cielo y de la tierra es visualizada de manera diferente pues se dice que estos son tallados en madera. Esta sería una creación subsidiaria que completa a la primera pues sus agentes son plurales e innominados reafirmándose inmediatamente después el predominio absoluto de Visva-karman. Así, los poetas del Rig Veda recurren, con frecuencia, a experiencias de su vida cotidiana concibiendo al mundo como el fruto de una actividad doméstica o como un producto fabricado por artesanos. La imagen del carpintero es especialmente popular pues la madera era el material predominante en los simples edificios védicos habitados por quienes eran todavía pastores seminómades (en otros himnos se dice que el cielo y la tierra eran sostenidos por postes).
Otro tema recurrente en la generación del universo es el sacrificio, la piedra angular de la religión védica. En el himno del Embrión Dorado, su creación concluía con el sacrificio y en el himno del Hombre (comentado a continuación) el sacrificio es su motor exclusivo. Aquí, también es importante aunque envuelto en el misterio. Visva-karman en el principio, oficiando como un sacerdote védico, sacrificó ritualmente a los mundos (1a). No está claro cuales eran estos mundos ni por qué “ocultó a unos y entró en otros”, pero debemos suponer que el acto mismo del sacrificio provee la fuerza espiritual necesaria para la creación de este, nuestro propio mundo. Un epíteto aplicado a Visva-karman en la última estrofa (7a) confirma su rol como sacerdote pues allí se lo califica como “señor de las palabras”, expresión generalmente aplicada a Brahmanas-pati quien es el indiscutido dios de los sacerdotes (ver el precedente himno X72, verso 2a). Visva-karman no es sólo el agente del sacrificio sino también su objeto pues el autor de este himno lo invoca para que descienda al mismo y se honre a sí mismo (5). Es decir, que participe en el sacrificio realizado en su honor contribuyendo a oficiarlo y al mismo tiempo recibiendo las ofrendas. El himno concluye con la habitual solicitud de beneficios para los invocadores.
Sólo otro himno está dedicado a Visva-karman en el Rig Veda (X 82). En él se confirma su supremacía sobre dioses y antidioses y se explayan sus actos creadores. Se dice que formó al cielo y a la tierra como si fueran manteca recurriéndose a una nueva metáfora para describir este proceso pues en el himno anterior se decía que estos habían sido forjados o tallados en madera. El batido de la leche a escala cósmica, simbolizando la agitación de la materia primordial para obtener productos, anticipa el conocido mito del hinduismo en el que los dioses baten un océano lácteo para obtener la ambrosía que confiere la inmortalidad y otros productos maravillosos. En este himno, a diferencia del precedente, la formación del cielo y de la tierra es apenas la primera muestra de los actos creadores de Visva-karman Así, se dice luego que creó todas las formas y dio nombre a los dioses. Interesantes, también, son los versos que afirman que Visva-karman fue el “primer embrión que recibieron las aguas” conectándolo con el Embrión Dorado, tema central del himno 121 comentado anteriormente. A medida que analizamos este grupo de himnos védicos se hace más evidente que a pesar de la manera peculiar en que cada uno concibe el origen del universo, hay puentes entre ellos, raíces comunes, similitudes tan o más importantes que sus diferencias.

El Sacrificio del Gigante Cósmico (X 90)
Como había anticipado el motivo del sacrificio es dominante en el famoso Himno del Hombre (Purusha):

El Hombre tiene mil cabezas,
mil ojos y mil pies. (1a)
Cubre a la Tierra por todos lados
y la excede por diez dedos. (1b)

El Hombre es todo el universo,
lo que fue y lo que será. (2a)
Es el señor de lo inmortal
que mediante la comida crece y sobrepasa. (2b)

Tal es su grandeza,
pero aún superior es el Hombre. (3a)
Todas las criaturas son un cuarto de él
y lo inmortal en el cielo tres cuartos. (3b)

Tres cuartos del Hombre ascendieron al zenit,
pero un cuarto permaneció aquí. (4a)
Entonces, todas sus partes fueron divididas
entre lo que come y lo que no come. (4b)

De él nació Viraj
y de Viraj surgió el Hombre. (5a)
Al nacer superó a la Tierra
por delante y por detrás. (5b)

Cuando los dioses ejecutaron el sacrificio,
usando al Hombre como ofrenda, (6a)
la primavera fue la manteca clarificada,
el verano el combustible, el otoño la oblación. (6b)

Asperjaron al Hombre, nacido en el principio,
sobre la hierba sagrada (7a)
y lo sacrificaron dioses,
seres celestiales y sabios. (7b)

De ese sacrificio en que todo fue ofrecido,
recolectando la grasa fundida, (8a)
él formó los animales del aire,
del bosque y de las aldeas. (8b)

De ese sacrificio en que todo fue ofrecido
los himnos y los cantos nacieron, (9a)
los metros nacieron
y las fórmulas nacieron. (9b)

De él nacieron caballos
y los otros con dos hileras de incisivos; (10a)
las vacas nacieron de él
y de él nacieron cabras y ovejas. (10b)

¿Cuando dividieron al Hombre,
en cuántas partes lo repartieron? (11a)
¿Cómo llaman a su boca, cómo a sus brazos,
cómo a sus muslos y pies? (11b)

Su boca fue el brahmán,
con sus brazos se hizo al guerrero, (12a)
con sus muslos al campesino,
de sus pies nació el sirviente. (12b)

La luna nació de su mente
y de su ojo el sol nació, (13a)
de su boca Indra y Agni
y de su aliento nació el viento. (13b)

De su ombligo se formó la atmósfera
y de su cabeza surgió el cielo, (14a)
de sus pies la tierra y los puntos cardinales de su oreja.
Así ordenaron el mundo. (14b)

Había tres veces siete maderos secos
circundados por siete maderos verdes (15a)
cuando los dioses extendiendo el sacrificio
ataron al Hombre como un animal. (15b)

Los dioses sacrificaron al sacrificio con el sacrificio
y fueron las primeras leyes. (16a)
Esos poderes alcanzaron el firmamento
donde habitan los antiguos dioses. (16b)

Este himno postula aún otro ente creador al que llama Purusha, nombre que puede traducirse como hombre, persona o espíritu. Se trata, en realidad, de una suerte de gigante cósmico cuyo desmembramiento da origen a dioses, astros y seres animados. Aunque habíamos dicho que no íbamos a hacer distinciones cronológicas entre los himnos tratados en este artículo por falta de datos, con este vamos a hacer una excepción pues hay un par de indicios bien claros de que es uno de los más tardíos del Rig Veda. Veamos, brevemente, cuales son antes de adentrarnos en él. En la novena estrofa, se enuncia que del sacrificio de Purusha nacieron himnos, cantos y fórmulas, es decir la materia del Rig Veda, Samaveda y Yajurveda, respectivamente, lo cual indica que cuando este himno fue compuesto se conocían ya los tres Vedas (el cuarto Veda, el Atharva, no mencionado aquí es posterior a los otros, pero su ausencia carece de valor para fechar pues no tenía el mismo prestigio que ellos y, por lo tanto, no siempre era mencionado junto a los mismos). Sabemos que el Samaveda y Yajurveda datan, muy probablemente, de comienzos del primer milenio a.C. por lo cual el himno de Purusha debe ser un par de siglos más tardío que los otros himnos que he comentado. Un segundo indicio de la composición relativamente reciente del mismo es la referencia, única en el Rig Veda, a la división de la sociedad india en cuatro grandes clases (12). Otro indicio es, quizás, su menor ambigüedad y relativa transparencia comparado con otros himnos de su tipo.
Principio masculino, Purusha surge como otros creadores védicos por la fecundación mutua con un principio femenino (5a) y no difiere substancialmente de ellos salvo por el extraordinario expediente de ser sacrificado para generar el cosmos. El sacrificio de Purusha es un verdadero sacrificio védico, descripto de manera realista: se ejecuta sobre hierba sagrada y la víctima es atada y asperjada para luego ser muerta y trozada. Después de otras oblaciones (manteca clarificada, etc.), sus partes son ofrendadas a un fuego alimentado por maderos secos y delimitado por ramas verdes. Los sacrificadores son los dioses, pero paradójicamente el sacrificio origina a los propios dioses y, también paradójicamente, la víctima es identificada con el sacrificio (16a). Si bien el himno es tardío, la ideas en las que se basa son muy antiguas pues tiene paralelismos en otras mitologías indoeuropeas siendo el caso más evidente la germánica donde el gigante primordial Ymir es muerto por Odín formando la tierra con su carne, los mares con su sangre, las montañas con sus huesos, piedras con sus dientes, el cielo con su cráneo y las nubes con su cerebro. En nuestro himno la inmolación de Purusha no sólo genera a los dioses y al universo material sino también a dos imponderables: los Vedas y el dharma, que encarnan al conocimiento sagrado y a la ley en su sentido más amplio, respectivamente.

Conclusiones
Sin pretender ser exhaustivo, algunas conclusiones que se desprenden del análisis de estos himnos son:

1. El origen del universo es en el Rig Veda un proceso misterioso que sólo puede ser parcialmente intuido y comunicado a los hombres por los poetas visionarios que compusieron los himnos.

2. El Creador es concebido como un ser único y supremo cuya identidad es oscura y cambiante. A veces es ignoto, pero otras veces recibe diversos nombres: Embrión Dorado, Praja-pati, Daksha, Aditi, Visva-karman, Purusha. La mayoría de estos nombres figura raramente en otros himnos del Rig Veda y con el tiempo estos creadores desaparecen o se subordinan a otro, pero el problema de la identidad del demiurgo nunca se resolvió del todo. En textos védicos posteriores, como en los Brahmanas, Praja-pati emerge como el ente creador indiscutido, pero en las Upanishads tiende a ser reemplazado por Brahman quien aúna las funciones demiúrgicas de Praja-pati a la sacralidad del mantra pronunciado en el sacrificio. Más tarde, con la eclosión del hinduismo, el mismo Brahman es absorbido por el antropomórfico Brahmá y la divinidad suprema es compartida con Siva, Vishnu y Devi.

3. El Creador puede ser eterno o, en cambio, haber sido generado. En este último caso, el problema metafísico planteado se resuelve por el mecanismo de la creación mutua. Los dioses engendran al Creador y este a su vez los engendra o en otros casos es un principio femenino el que da nacimiento al Creador y es a su vez procreado por él.

4. La voluntad del Creador no es suficiente para fundar el mundo. Actúa en conjunción con varias fuerzas elementales. Una de ellas es el poder del calor que permite al creador ignoto del himno 129 pasar del estado latente al estado activo y que es el primer motor del universo en el 190. Otras fuerzas fecundadoras son más morales que físicas tales como el orden y la verdad. Una muy poderosa es el sacrificio donde lo moral, lo religioso y lo práctico se confunden.

5. La generación del mundo material es concebida, a menudo, en términos domésticos y artesanales: como un parto, como la obra de un herrero o de un carpintero, como el producto del batido de la leche o de la elaboración de manteca.

Bibliografía: ver próximo artículo.

© 2009-11 Alejandro Gutman

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