La cooperativa de consumo y producción de energía verde

Al levantarnos por la mañana, y después de desayunar, medio mundo ya ha trabajado para nosotros, pero en nuestra inconsciencia, repetimos hábitos cotidianos de forma automática, adictiva. Encendemos el televisor y quejándonos de las noticias que nos amargan el primer café del día, estamos colaborando, desde el consumo, con un modelo socioeconómico que explota a los seres humanos y a los recursos del planeta.

En el Estado Español, hay un sistema de producción de energía altamente contaminante, basado en los combustibles fósiles, que supone elevadas emisiones de gases de efecto invernadero, y nos conduce aceleradamente hacia el cambio climático.

Un sistema de producción de energía dependiente del exterior, que importa petróleo, carbón y gas de países y zonas en las que estas fuentes de energía se convierten en fuentes de exclusión social, de explotación laboral, de conflictos armados y guerras .

Un sistema que está en manos de unas pocas compañías energéticas, que constituyen un oligopolio que domina el mercado, y un lobby poderoso que condiciona las políticas de las administraciones públicas, al servicio de sus intereses económicos, y a costa de la salud de las personas, del ambiente, de la paz, del futuro, y del sentido común.

Un sistema que dice externalizar costes y nos pasa facturas falsa y oscuramente rebajadas –aunque cada vez más caras-. Un sistema que juega a la ruleta rusa con la energía nuclear, que deshoja la margarita, y vende el producto como energía limpia y barata. Pero nadie se lo compra (¿cuantos estamos dispuestos a tener una central nuclear o un cementerio de residuos nucleares en casa?).

Un sistema que nos deslumbra con su publicidad engañosa, que pervierte el lenguaje, que nos reduce y nos confunde hasta la impotencia y la indefensión, que se esconde a nuestro entendimiento y nos llega a casa, lleno de sombras, para salvaguardar nuestro hipotético estado del bienestar. Un sistema que nos convierte en sujetos pasivos, cómplices, sumisos, ignorantes, sin fe.

En nuestras islas, la situación es mucho más grave e insostenible. Mientras en la Península la energía de origen renovable supone aproximadamente un 35 % del consumo total, en Mallorca sólo un 2% de la energía que consumimos se genera localmente gracias al sol, al viento, o a la biomasa. Además, se ha puesto freno al progreso de las energías renovables, disminuyendo las primas y acotando los cupos de producción, en un sistema eléctrico insular, segregado y maltratado.

Una opción que rompe monopolios

Ante esta cascada de energía negativa (el lado oscuro de la luz), ante esta decepcionante situación local y global, hay y debe haber respuesta. Som Energia es una cooperativa sin ánimo de lucro nacida en Girona en diciembre de 2010, que quiere impulsar el cambio de modelo energético a partir del consumo y producción de energía de origen renovable.

Y les mueven muchos motivos:

• Participar de una gestión de la energía más cooperativa, democrática y transparente.

• Combatir el cambio climático.

• Fortalecer y apoyar a la economía local.

• Aumentar la seguridad y la autosuficiencia energética.

• Adaptarnos mejor al inminente pico y al encarecimiento del petróleo.

• Combatir el oligopolio de las grandes empresas energéticas.

Y sobretodo, escribir nuestra propia historia, y la de nuestros hijos. Con la letra que más nos gusta. Participar del cambio. Ser agentes de la transformación social y cultural necesaria e inevitable hacia una vida comunitaria sentida como propia, humana y digna. Sumar y gozar el poder que te de la fuerza de voluntad, la magia de la cooperación entre las personas. Convertir en sueños tu realidad y en realidad tus sueños. La rebelión del pequeño. Pasar de las palabras a la acción. Ser coherentes con la consciencia que emerge y empezamos a desarrollar. Y sentirnos libres.

Auténticamente libres y responsables. Utilizar nuestra energía endosomática (conciencia y motivación interior) para generar energía exosomática (luz y modelos), y nuestra energía renovable y respetuosa (medio ambiente ecológico y social exterior) para alimentar nuestra ilusión. Las particularidades del sistema eléctrico insular implican que para poder cambiar de comercializadora eléctrica son necesarios 350 socios en Mallorca. Este es el primer objetivo que se ha marcado el grupo local de Som Energia Mallorca, que hace unas semanas ha empezado a trabajar. La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. La energía colectiva transforma la sociedad, el presente y el futuro. No se puede paralizar ni someter. No se puede delegar. Está hecha para transformarse. Una y otra vez.

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