La conquista de la imagen

Cuenta la historia que el legendario cacique tehuelche Órkeke dejó la Patagonia en dos oportunidades para viajar hasta la lejana y “blanca” Buenos Aires. Del primer viaje, en 1867, no se tienen demasiadas certezas, apenas la presunta existencia de una imagen extraviada que lo mostraba, atónito, en medio de la urbe. Su segunda travesía comenzó menos turística: fue en 1883 y llegó a la ciudad en calidad de preso de guerra, embarcado junto a su mujer, su hija y varios integrantes de su tribu en la bodega del buque de la Armada Nacional “Villarino”.

Arribaron al puerto de La Boca, fueron llevados a los cuarteles militares y en cuanto comprendieron que eran una tribu “mansa” el propio presidente Julio A. Roca los declaró “huéspedes”, disponiendo que fueran presentados en diferentes eventos ante la sociedad porteña.

Los tehuelches visitaron el zoológico, el teatro La Alegría, la curia, el café París y la Casa de Gobierno. En medio de la tournée la cosa se les complica a los anfitriones porteños: así, de improviso y sin remedio, se les muere el pacífico cacique tehuelche en el Hospital Militar. La sorpresa fue mayúscula, pero el desconsuelo de la mujer y la hija del cacique no impidió que se siguiera adelante con el recorrido porteño de la tribu, que tenía como siguiente hito el tomarse una serie de fotografías que terminan realizándose en los cuarteles de Retiro. Finalmente, todo se dispersa: algunos vuelven a Santa Cruz, otros quedan perdidos en la ciudad; y hasta el cuerpo del cacique que no había sido inhumado sino desmesurado y su esqueleto (rotulado fósil representativo de una raza de gigantes) perdido para siempre en un confuso viaje hacia el Museo de La Plata.

La anécdota particular de Orkeke pinta de manera general la ultrajada historia del pueblo tehuelche. Y también revela los dos ejes fundamentales del libro Tehuelches. Danza con fotos, 1863-1963 del periodista, especializado en fotografía de los pueblos originarios, Osvaldo Mondelo. Un libro histórico fotográfico sobre los tehuelches que, además de rescatar la historia particular de este pueblo olvidado e ignorado por la historia oficial presenta una interesante lectura paralela sobre la historia de la fotografía y los fotógrafos que, entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, realizaron registros de los indígenas en las tolderías de la Patagonia, en estudios fotográficos de Punta Arenas, Río Gallegos o Buenos Aires y también en circos, zoológicos humanos o ferias de Europa o Estados Unidos donde exhibían por su condición de “salvajes” y “exóticos” a los tehuelches.

El proyecto tiene como base de referencia el libro Del Mito a la Realidad, evolución iconografía del pueblo tehuelche meridional (Fundación Antorchas, 1991) una investigación que Mondelo dirigió junto con Rodolfo Casamiquela y que ahora amplía y logra publicar en una lujosa edición.

Aunque los antiguos pobladores de la Patagonia sostenían que “la cámara roba el alma”, son muchos los registros que se lograron reunir y reorganizar –cual rompecabezas– en esta publicación. Una revisión que va desde las primeras fotografías del explorador, comerciante y fotógrafo aficionado llegado desde Gales John Murray Thomas que retrató el entorno y la forma de vida, pasando por las del paleontólogo norteamericano John Bell Hatcher o del biólogo Jules Koslowsky que registraría escenas de la vida cotidiana de los tehuelches. Imágenes recopiladas de distintos archivos que ayudan a decodificar situaciones del pasado y recuperar una parte de una memoria visual que teníamos borrosa o fragmentada.

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