La compasión es un sentimiento que nace del amor

Corrientes (AICA): En su sugerencia para la homilía del domingo, el arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, destacó que la compasión es “un sentimiento que nace del amor”, al advertir que “su ausencia da lugar a la vigencia despiadada del odio o de la indiferencia”. “La acritud manifestada en algunas acciones delincuenciales, como el maltrato a niños, mujeres y ancianos, es más grave que la ferocidad de algunos animales salvajes despanzurrando a sus víctimas. El Evangelio interviene para recuperar al hombre de la selva y conducirlo al único destino que Dios le tiene asignado: la santidad”, recordó. El prelado señaló que el mandato cristiano “de los pobres es el Reino” se cumple de manera inexorable, aunque cuando “los principales de esta incultura lo consideren una ingenuidad”.
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, consideró que “es urgente volver al Evangelio. Jesús es modelo del hombre, cualquiera sea la época y las condiciones en las que se halle. El encuentro con Dios, que Él concreta y propicia, produce un cambio que exige despertar a una auténtica libertad y ejercitarse en ella. El Maestro subordina -con su ejemplo- los planes personales, por excelentes que sean, al servicio y al bien común”.En su sugerencia para la homilía del domingo, XVI durante el año litúrgico, el prelado destacó que la compasión es “un sentimiento que nace del amor”, al advertir que “su ausencia da lugar a la vigencia despiadada del odio o de la indiferencia”.“La acritud manifestada en algunas acciones delincuenciales, como el maltrato a niños, mujeres y ancianos, es más grave que la ferocidad de algunos animales salvajes despanzurrando a sus víctimas. El Evangelio interviene para recuperar al hombre de la selva y conducirlo al único destino que Dios le tiene asignado: la santidad”, recordó.

El arzobispo insistió en que “la herida del pecado está abierta y aún sangrante; necesita que la gracia redentora actúe de medicina saludable y se introduzca en la historia cotidiana por los cauces elegidos y trazados por el mismo Salvador. No nos es lícito ocultarlos por temor a quienes mantienen el control de los medios de comunicación y el monopolio ilimitado en la administración de los bienes económicos”.

“‘De los pobres es el Reino’ aseguró Jesús en las bienaventuranzas. Se cumple de manera inexorable, aunque los principales de esta incultura lo consideren una ingenuidad. La parábola del pobre Lázaro y del atormentado rico golpea duramente la atención de quienes escuchan a Jesús. Todo es verdad en labios del Maestro divino; su intensión no es asustar sino despertar la fe y la conciencia de los irresponsables”, aseguró.

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El verdadero descanso. Jesús atiende la necesidad de descanso de sus colaboradores más inmediatos. Decide darles un respiro y buscar con ellos un lugar para estar solos. Sabemos cómo son los descansos de Jesús: largas horas de oración, en lugares desérticos, espesos montes y altas montañas. El mundo que nos rodea no es técnicamente tan primitivo y se inventa una sofisticada red de distracciones. Descansa -entre comillas- en el ruido y la dispersión. La trampa está siempre abierta y engancha a los incautos, engolosinando incluso a los más avisados. Se ha avanzado mucho técnica y científicamente, pero, se ha retrocedido en aspectos esenciales concernientes al espíritu y a la formación de la personalidad. El clima humano está contaminado de elementos nocivos que ya han abandonado la antigua clandestinidad para exhibirse sin pudor en las vidrieras de moda: arte cinematográfico, televisión, distorsiones alarmantes en las relaciones personales, desmoronamiento catastrófico de la familia tradicional. Son éstos trazos breves de la realidad que nos preocupa y desafía.

La compasión de Jesús. Es urgente volver al Evangelio. Jesús es modelo del hombre, cualquiera sea la época y las condiciones en las que se halle. El encuentro con Dios, que Él concreta y propicia, produce un cambio que exige despertar a una auténtica libertad y ejercitarse en ella. El Maestro subordina -con su ejemplo- los planes personales, por excelentes que sean, al servicio y al bien común: “Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato” (Marcos 6, 34). El Señor siempre viene al encuentro de los hombres más desorientados -“como ovejas sin pastor”- porque se compadece de ellos. La compasión es un sentimiento que nace del amor. Su ausencia da lugar a la vigencia despiadada del odio o de la indiferencia. La acritud manifestada en algunas acciones delincuenciales, como el maltrato a niños, mujeres y ancianos, es más grave que la ferocidad de algunos animales salvajes despanzurrando a sus víctimas. El Evangelio interviene para recuperar al hombre de la selva y conducirlo al único destino que Dios le tiene asignado: la santidad.

De los pobres es el Reino. Los relatos evangélicos muestran, con frecuencia, la intimidad afectiva del Señor. Llora la muerte de su amigo Lázaro -“se conmovió” y “volvió a conmoverse”- así le ocurrió al contemplar la ciudad de Jerusalén. Otra prueba de su extraordinaria sensibilidad es la dolorosa experiencia de Getsemaní: “En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo” (Lucas 22, 43-44). Quienes más conmueven su corazón son los pecadores. Les manifiesta hondos sentimientos de compasión y misericordia. Su ejemplo es el mensaje que el mundo actual está necesitando de los cristianos, sus testigos acreditados. La herida del pecado está abierta y aún sangrante; necesita que la gracia redentora actúe de medicina saludable y se introduzca en la historia cotidiana por los cauces elegidos y trazados por el mismo Salvador. No nos es lícito ocultarlos por temor a quienes mantienen el control de los medios de comunicación y el monopolio ilimitado en la administración de los bienes económicos. “De los pobres es el Reino” aseguró Jesús en las bienaventuranzas. Se cumple de manera inexorable, aunque los principales de esta incultura lo consideren una ingenuidad. La parábola del pobre Lázaro y del atormentado rico golpea duramente la atención de quienes escuchan a Jesús. Todo es verdad en labios del Maestro divino; su intensión no es asustar sino despertar la fe y la conciencia de los irresponsables.

La Verdad y el Camino que conduce a ella. La decisión honesta de oponer a la mentira la verdad -al pecado la gracia- no goza de popularidad. Exige conversión y, por ello, enfrenta la negativa empecinada de renunciar al egoísmo y de optar, en consecuencia, por el amor auténtico. No existen caminos alternativos para este único sendero, trazado por Jesús. Más allá de sus bordes está el abismo y el fracaso. No es fanatismo insistir en la predicación de Quien es la Verdad y el Camino que conduce a ella. Algunas expresiones culturales intentan formular verdades que están muy lejos de ser la Verdad. ¡Cristo es la Verdad! +

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