LA CIUDAD DE POMPEYA

Pompeya: la ira del Vesubio

En agosto del año 79 a.C. la furia del Vesubio hizo desaparecer Pompeya bajo un manto de cenizas, pero la preservó para la posteridad en el cenit de su historia.

 

En el año 79, una fortísima erupción en el monte Vesubio sacudió toda la región en torno a Nápoles. Las emisiones del volcán formaron una enorme nube negra de ceniza y material incandescente que empujada por el viento se desplazó hacia el suroeste, hasta situarse encima de una población llamada Pompeya, que por entonces tenía unos veinte mil habitantes. Sin dar tiempo a que las personas huyeran a lugar seguro, la nube descargó sobre la zona, sepultando toda la población bajo un manto de ceniza y lava de entre cuatro y seis metros de altura. Los gases produjeron la asfixia de muchos lugareños, de modo que las víctimas se contaron por miles; entre ellas se incluye el célebre escritor Plinio el Viejo, que murió en su intento de rescatar a los damnificados. Precisamente dos cartas de su sobrino Plinio el Joven constituyen el más precioso testimonio directo de los hechos.
Aquella tragedia colectiva se convirtió, paradójicamente, con el paso del tiempo en una bendición para los estudiosos de la antigua Roma. Las sucesivas excavaciones del lugar han sacado a luz una ciudad entera captada en una especie de instantánea. Pompeya, en el momento de la erupción del Vesubio, era una próspera villa comercial. Sus calles estaban animadas por infinidad de talleres artesanales, tiendas de todo tipo, hospederías e incluso lupanares. En sus suntuosas residencias se han hallado pinturas y toda clase de objetos preciosos que manifiestan la vitalidad y el espíritu hedonista que prevalecía entre los pompeyanos. La existencia de un anfiteatro y dos teatros prueba la atracción que la villa ejercía en todo su contorno. El mismo Vesubio, del que ni siquiera se sabía que era un volcán y que tenía entonces un aspecto muy distinto al actual, era explotado por viticultores que extraían de sus tierras un vino muy apreciado en la época. Todo cambió súbitamente en unas horas. En cierto modo, la destrucción de Pompeya fue un anuncio de la crisis del modo de vida de la civilización romana, que estabaentrando en un largo declive frente al empuje de los pueblos bárbaros del norte de Europa.

 

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