La certeza del azar cuántico




Por vez primera se logra distinguir entre la aleatoriedad intrínseca a un proceso cuántico y el azar ficticio debido al ruido experimental. La clave: el comportamiento no local de las partículas entrelazadas.

CORTESÍA DE LA FACULTAD DE FÍSICA DE LA UNIVERSIDAD DE VIENA Y ARKITEK

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Nos encontramos en la final del Mundial de Fútbol de 2010. Antes de que comience el partido, el árbitro lanza una moneda al aire para determinar qué portería defenderá cada equipo. Los capitanes de España y Holanda saben que la probabilidad de obtener cara o cruz es la misma: en otras palabras, que la aleatoriedad del resultado garantiza la justicia del sorteo. Pero ¿estamos seguros de que se trata de un proceso realmente aleatorio?
El azar constituye un concepto fascinante que ha atraído el interés de comunidades muy diversas, desde físicos y matemáticos hasta filósofos. No obstante, en nuestro mundo macroscópico, gobernado por la física newtoniana, el azar no existe en sentido estricto. Dado un sistema de partículas, un observador que disponga de un conocimiento perfecto de sus posiciones, velocidades e interacciones podrá predecir de manera determinista el estado del sistema en todo momento futuro –y pasado–. Todo azar es aparente; en realidad, no supone más que un reflejo de nuestra ignorancia o de nuestra falta de control sobre las variables del sistema.

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