LA CAZA

Para cazar perdices no había necesidad de alejarse muchas cuadras de los portones de la antigua fortificación. Con ir no más hasta las inmediaciones del viejo cementerio, se encontraban entre las matas de cardo y yuyos silvestres que cubrían el terreno despoblado; avanzando un poco más, hasta lo de Masini, o la Estanzuela mucho más. Lo mismo sucedía en el Cerro. La caza era abundante, pero las escopetas escasas. Hasta el año 30 , en los días festivos, solían salir los mozos de tienda con su escopeta a la caza en las cercanías de la ciudad, y aunque había disminuido mucho desde algún tiempo atrás, venían los jóvenes guerreros con sus morrales atestados, si no de perdices, de otros volátiles y de no pocas palomas, que pagaban el pato por las quintas de extramuros. Los muchachos hacían su cosecha de pájaros de otro modo, con las jaulas de caña con trampa, que era una de las pequeñas industrias de los morenos viejos, que las fabricaban tan bien como las escobas de maíz de Guinea, los secadores de arcos de barrica y los trébedes y parrillas para el uso de las cocinas. Se juntaban para ir a buscar macachines y huevitos de gallo por el campo, a cortar tallos , y a la vez llevaban jaulas para la caza de pájaros , pero con buen cuidado de ponerse en retirada para la ciudad antes de la hora de cerrarse los portones. Otros, más aficionados a las guerrillas que a los macachines y a las ratoneras, tordos, jilguerillos y chingolos, se iban a las afueras a guerrillar a pedradas provistos de hondas, sin que la ruptura de alguna cabeza los corrigiese. Algo les había de quedar de la escuela de las guerrillas a bala de los grandes , en las luchas armadas, de que con tanta frecuencia oían hablar los chicuelos, tan predispuestos a imitar lo que ven o lo que oyen a los hombres, malo o bueno. Como en la pesca, el Cabildo reglamentó la caza en toda la jurisdicción y campaña de Montevideo desde octubre de 1808 , quedando prohibida la de perdices, palomas torcazas, tórtolas , y aun mulitas, desde el 1° de octubre hasta fines de marzo, consultando el interés de la propagación y cría de las especies.
(Isidoro de María de “Montevideo Antiguo”)

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