La caridad de las mujeres católicas

Hubo mujeres que donaron sus bienes para la construcción de templos católicos; otras colaboraron con las instituciones de ayuda y asistencia que dirigía la Iglesia; a estas tareas dedicaron su tiempo y dinero. Aquí nos ocuparemos de dos de ellas.
En los albores del siglo XX la edificación de la ciudad de Buenos Aires comenzó a elevarse, y entre las numerosas construcciones asomaron un sinfín de templos católicos. Por su concentración, fue en Buenos Aires donde más se notó este desarrollo, pero la construcción de iglesias se repitió también en otras capitales y ciudades importantes. Esta multiplicación de los recintos sagrados tuvo como protagonista a las mujeres “distinguidas”, las matronas de las familias que por aquellos años acumularon grandes fortunas y contribuyeron al enriquecimiento de la arquitectura religiosa, construyendo los mejores templos de la geografía porteña. En algunos casos el nombre de las mujeres estaba asociado al de sus esposos. Entre las “filantrópicas” y benefactoras, como se las denominaba en aquella época, no pueden omitirse los nombres de Mercedes Castellanos de Anchorena, Isabel Elortondo de Ocampo, Mercedes Baudrix de Unzué, Celina Bustamante de Beláustegui, Antonia Yraola de Pereyra, Ángela Dorrego de Ortiz Basualdo, Florencia Garzoli de Peña, Dámasa Zelaya de Saavedra, Amalia Anchorena de Blaquier y Adelia María Harilaos de Olmos, a las que deben sumarse otras que optaron por el anonimato.

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