LA BELLEZA DE APRENDER HEBREO

 

El hebreo, idioma antiguo y sagrado, fue considerado durante muchos siglos una “lengua muerta”. Al igual que la Bella Durmiente del Bosque tuvo su momento de esplendor y su momento de descanso. Y como en el conocido cuento, también tuvo su príncipe. Eliezer Ben Yehuda lo propuso como idioma nacional del naciente Estado de Israel. A partir de allí, y al compás del desarrollo de una cultura joven y moderna, la lengua en la que fueron redactados los textos bíblicos adquirió una nueva y pujante vida. Aprender hebreo significa, pues, atravesar la antigüedad tanto como sumergirse en la actualidad más vital y vigorosa.

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