La Argentina de la inmigración

A lo largo de su trayectoria, Todo es Historia ha publicado muchos artículos sobre inmigración y también sobre colectividades. Es posible, pues, que algunos datos y circunstancias que se detallan en la presente nota, repitan aquellos. No importa: el pres
La América Hispana no fue ámbito favorable para la inmigración abierta, por diversas razones históricas. En el Río de la Plata se señala hacia 1770 la existencia de 1.854 extranjeros, entre unos 300.000 pobladores, según anota Félix de Azara. El censo de 1822 que manda levantar el gobierno de Martín Rodríguez muestra 3.749 extranjeros, que sólo aumentan en 251 personas para 1836, además de haberse suprimido el Consejo de Inmigración creado en 1824 por el equipo rivadaviano. Lo cual no significa que el proceso inmigratorio se detenga en la época rosista. De hecho, aunque no se incentiva su llegada mediante leyes, existe una actitud permisiva que acusa un sostenido crecimiento de colectividades extranjeras, buena parte de la cual emigra de Montevideo como resultado de las acciones militares de toda la década. La Constitución de 1853 auspicia abiertamente la inmigración, y su artículo 25 establece que “no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias o introducir y enseñar las artes y las ciencias”. Se trata de una premisa que será instrumental para el programa de gobierno basado en la ocupación y producción de los espacios vacíos, con miras a la exportación de productos agropecuarios. La población del primer Censo Nacional, de 1869, es de 1.877.490 almas y puede seguirse a partir de esa fecha el detalle de la entrada de inmigrantes, su aumento constante salvo el año 1871 (debido a la epidemia de fiebre amarilla), la creciente procedencia de Montevideo y la masiva mayoría de italianos. Se consignan tres años ejemplificadores: 1869, 1870 y 18711. El Censo de 1895 mostrará una población total de 3.959.911 almas, con 1.004.527 extranjeros. El caudal máximo de entrada inmigrante se dará entre 1904 y 1913, con 2.895.025 inmigrantes, de los cuales emigran 1.356.785, que deja un saldo de 1.538.240, período que también representa el más alto nivel de migración golondrina, que por el momento no es motivo de preocupación. En 1914, el Censo arroja un total de 7.855.237 personas, de las que 5.527.285 son argentinas, y 2.357.952 extranjeras (un 30% del total). En 1889 se da la cifra más alta del siglo: 75.599 ingresos con una marcada presencia italiana, constante, un 60% del total, aunque son los que menos cuentan con pasajes subsidiados.

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