La angioplastia coronaria

HONGOS

La primera angioplastia coronaria se realizó en 1977 y con ella se consiguió dilatar una estenosis de la arteria descendente anterior que persistió permeable muchos años después. Dado este éxito, el uso de la angioplastia se extendió rápidamente. Los criterios de selección de los pacientes y de las lesiones coronarias fueron muy estrictos inicialmente, pero se fueron suavizando posteriormente hasta generalizarse en casi todos los pacientes. La técnica más ampliamente utilizada en la revascularización percutánea era la angioplastia con balón. Sin embargo, esta presenta una baja tasa de éxito en las lesiones más complejas y una relativamente alta incidencia de reestenosis, por lo que se idearon otros métodos de revascularización percutánea, de los cuales los más extendidos son la implantación de stent, la aterectomía y el láser intracoronario.

La angioplastia con balón se basa en el uso de un catéter con un balón hinchable en su extremo, que es introducido a través de una arteria femoral hasta la coronaria afectada. Una vez centrado el balón en la lesión, se hincha durante 1 a 3 minutos, consiguiéndose así, en la mayoría de los casos, disminuir la estenosis coronaria. Una vez conseguida con éxito la dilatación, el principal inconveniente de la angioplastia con balón es la reestenosis, que ocurre en más del 35% de los casos, la mayoría de las veces en los primeros 6 meses tras el procedimiento.

Los stent intracoronarios son pequeñas mallas que se montan sobre un balón y que se colocan sobre la lesión. Diversos estudios han demostrado que con el stent se reduce la incidencia de oclusión coronaria aguda, de infarto de miocardio periprocedimiento y la necesidad de cirugía urgente. Además, son muy efectivos para tratar la oclusión aguda que se produce durante una angioplastia con balón. El principal inconveniente que tiene la implantación de un stent coronario es el riesgo de oclusión subaguda, ya que, al ser un material trombogénico, favorece la formación de trombo intracoronario. Esto hizo que, inicialmente, tras la colocación del stent, los pacientes fueran tratados con una asociación de anticoagulante y antiagregantes, lo que suponía una alta incidencia de complicaciones hemorrágicas. Sin embargo, en los años posteriores, diversos estudios demostraron que con la asociación de aspirina y ticlopidina o clopidogrel, durante los primeros meses tras la implantación del stent, se consiguen unas tasas de oclusión subaguda y de complicaciones hemorrágicas significativamente menores que con la pauta anticoagulante y antiagregante clásica. Además, en diferentes estudios se ha encontrado que la incidencia de reestenosis tras la implantación del stent es significativamente menor que cuando se realiza la angioplastia aislada. A pesar de todo, la zona de implantación del stent también puede sufrir reestenosis. Sin embargo, es la técnica que permite mejores resultados y, por ello, es la más ampliamente utilizada en la actualidad. Además, continuamente se están introduciendo nuevos stents, sobre todo liberadores de fármacos inhibidores de la proliferación celular, con la intención de reducir la incidencia de reestenosis.

Otras técnicas utilizadas para tratar las lesiones coronarias son la aterectomía y el láser intracoronario. En la aterectomía se corta la placa de ateroma y se extrae. El láser intracoronario permite eliminar el tejido mediante fotoablación.

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