La alegría y el encanto, brasileños

¿Esto va mejorando, no?”, pregunta Céu, con alegría brasileña, a sus músicos antes de dar por terminada la prueba de sonido. Un ensayo breve que iba transformando en poesía el ajuste de la banda que la noche del jueves se iba a revelar como impactante. Pero mucho más estremecedor iba a ser la voz y presencia de Céu en el centro del escenario del Niceto Club de Palermo.

Céu –32 años– lleva en su canto y en su cuerpo una historia brasileña musical, una herencia fuerte a la que le sabido sacar sus más bellos frutos. Estuvo aquí presentando su tercer disco Caravana Sereia Bloom donde mezcló sus raíces brasileñas con otras que la circundan: “Quedé encantada con la música de la frontera de Brasil con América latina, los ritmos, cumbias, lambadas, guitarreadas, la música del norte, del nordeste me inspiraron mucho para hacer este disco. Soy muy curiosa”, dice antes de volver al hotel y prepararse para el concierto, Cierra la idea: “No fue una investigación difícil, haciendo música no siento que estoy trabajando, es fácil”.

Céu heredó de abuelos, padres y hermano su pasión por la música. “Todo arte es una decisión de autodisciplina, de investigar, de oír, mi padre siempre decía que si quería hacer arte, música, tenía que combinar lo que se aprende en la academia, la escuela con lo que se aprende afuera y para eso es necesaria la autodisciplina”, dice sonriente y feliz de haber vuelto a esta ciudad donde ya presentó su anterior disco Vagarosa, y dónde también estuvo como turista: “Encuentro a Buenos Aires deliciosa, increíble, tengo óptimos recuerdos, comida buena, vino bueno, gente simpática”.

No sólo es una intérprete singular. También compone y encuentra en el cine material para sus canciones: “El cine me inspira, este disco especialmente tiene mucho de cine. Muchas películas me inspiraron: de Fellini, por ejemplo, Los payasos. Hay una canción en mi disco llamada, precisamente, Palhaco. Pero también me influenció Karim Aïnouz de Brasil con películas como Viajo porque preciso, volto porque te amo. También tengo en mi mente una escena muy emblemática de Bastardos sin gloria de Tarantino en la que una mujer se maquilla antes de que el cine se incendiara. Se prepara, como quien va a la guerra. O a la vida”.

Céu, cuyo nombre completo es María do Céu Whitaker Poças es paulista: “Lo que creo que es interesante de San Pablo –y a pesar de que es una ciudad muy grande– es que allí van muchos músicos de Brasil, para tocar y trabajar. Es una ciudad cosmopolita que tiene muchas culturas dentro de una cultura, tiene gente del norte, gente del sur, extranjeros y por eso es natural que se mezclen músicas, estilos, porque en San Pablo tenemos todos los estilos. Y es una ciudad que tiene muy buenos músicos y por eso muchos músicos nordestinos tocaron en este disco. Y también buscamos cosas diferentes, nuevas, contemporáneas. Creo que es un momento muy bonito en San Pablo, hay una escena bonita de música contemporánea en todo brasil pero especialmente en San Pablo, soy feliz de poder participar de ese momento de la música brasileña, de mucha oferta”. A Céu le gusta Dilma, su presidenta. Especialmente por la tarea que se está haciendo en el cuidado del medio ambiente. “Soy optimista”, resume.

¿Dónde se puede sentir mejor Céu que arriba de un escenario? “Es muy bueno estar en el escenario, aprendí mucho, al principio era muy tímida pero hoy me siento muy bien, confortable, adoro cuando las personas bailan, no importa dónde, es un placer gratificante”.

Más tarde, volvió y subió al escenario para controlar con profesionalismo y una seducción sin límites al público argentino. El concierto fue contundente y conmovedor: vibró con los asistentes, bailó con movimientos sutiles envuelta en un vestido de diva y ojotas de chica brasileña, y se disculpó por no hablar en español. Rindió culto a lo mejor de la música de su país, le sumó ritmos latinoamericanos, jazzeros y también del hip hop. Sus músicos la acompañaron con soltura y calidad. El resultado fue un concierto inolvidable con baile paulista incluido. Al fin y al cabo, gran parte de la alegría es brasileña.

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