La agresión a la mujer y la feminización de la pobreza

Estamos a semanas en que se conmemoró el día de la violencia contra la mujer, fecha en que los uruguayos debemos hacer pie para catapultar, en el ámbito de cada lugar de actividad, una tarea de concientización que debe calar muy hondo. Obviamente los que vivimos en este país no nos podemos sentir ajenos a un fenómeno que es mundial, pero que donde quiera que se de tiene consecuencias nefastas para quienes son objeto de una discriminación que en todos los casos es agresiva.

Sabemos muy bien que la violencia contra la mujer se expresa de distintas formas, algunas que van más allá de la agresión física, como ocurre con el proceso de feminización de la pobreza, sobre el cual hicimos – en el ámbito de reuniones internacionales – algunos planteos que creemos de importancia, contribuyendo a socializar situaciones de desigualdad largamente escondidas.

Concretamente, en el informe de Desarrollo Humano del PNUD para el corriente año, se demuestra la existencia del crecimiento de las desigualdades sociales entre hombres y mujeres, y que las mujeres se ven más afectadas que los hombres por el desempleo, el analfabetismo, los bajos niveles de educación y, un menor acceso a los servicios de salud, incluyendo la atención durante el embarazo y el cuidado de los niños, así como en la prevención del Sida.

Vale aquí hacer algunas referencias que dan cuenta, con detenimiento, cual es la situación de la mujer en el mundo. En el informe anual, “Estado de la población mundial», del fondo de población de las Naciones Unidas (FNUAP), se manejan los siguientes datos:

Al menos una de cada tres mujeres (en todo el mundo) ha sido golpeada, obligada a tener relaciones sexuales bajo coacción o maltratada de alguna manera por una persona que ella conoce.

Cada año, dos millones de niñas de entre 5 y 15 años se suman al mundo de la prostitución.

Cada año, cinco mil mujeres y niñas pierden la vida debido a los llamados “asesinatos para restaurar la honra”, perpetrados por miembros de sus propias familias.

La cantidad de niños y niñas en riesgo de ser objeto de venta, trata de blancas o trabajo forzado, participación en conflictos armados, prostitución, pornografía y tráfico de estupefacientes, constituye una vergüenza para la humanidad.

Estos horrores que damos a conocer sobre la base de promedios mundiales, también están enquistados en nuestra propia sociedad.

Todos los días la prensa publica hechos en que mujeres son agredidas por diversas razones. Pero también sabemos, que la totalidad –obviamente- de una u otra manera son discriminadas, tanto en las actividades laborales como en muchas otras en que a la mujer se le asigna un papel diferente al del hombre por debajo de su importancia social, en todos los casos, por debajo de quién debiera ser el compañero inseparable con el que se mirara el futuro para construir sobre en base al trabajo y la armonía familiar, la felicidad.

Sin embargo las pocas encuestas que se han realizado en el país muestran que las mujeres no solo son discriminadas a la hora de buscar trabajo, sino que en general cobran sueldos menores a los de los hombres. Todavía en nuestro país – que algunos sostienen que ha tenido una legislación de avanzada – empresas despiden a sus empleadas mujeres cuando estas quedan embarazadas.

Pero hay otro dato que es fundamental: entre la población que se encuentra por debajo de la línea de la pobreza, la proporción de mujeres supera a la de los hombres, las que además, deben criar a sus hijos en las condiciones más adversas En nuestro país de las casi 700 mil personas que se encuentran en esa situación, casi el 70 por ciento son mujeres. Otro porcentaje de similares características se verifica entre las personas que buscan trabajo, en una cuantía que cada día va siendo más negativa en contra el sexo femenino, pues los empleadores – por diversas razones, explicables luego de estudios sociológicos muy profundos- prefieren a los hombres en una serie de labores para las cuales las mujeres están claramente calificadas.

Estoy convencida que la reproducción de las desigualdades no es inexorable. Si logramos dotar a los más jóvenes de salud, educación y un hábitat digno, las generaciones que allí se desarrollen estarán en mejores condiciones de participar activamente en las decisiones que afectan su futuro y la mujer, por supuesto, podrá ocupar el papel que le corresponde.

En torno al tema de las agresiones físicas que sufre la mujer por la simple condición de serlo, no necesariamente son el fruto de su situación económica adversa. Esa violencia doméstica cruza horizontalmente todos los estratos sociales y económicos. Existe sobre el punto otro informe de Naciones Unidas que da cuenta de una realidad que también conocemos las uruguayas. La violencia doméstica generalmente no se denuncia y es una causa frecuente de suicidio entre las mujeres.

Obviamente que en el ámbito de nuestra función, como senadora de la República, somos conscientes de que se debe legislar sobre toda esta situación, aprobando el Código de la Niñez y la Adolescencia, para dotar al país de instrumentos que puedan amparar a quienes comienzan su vida en medio de una sociedad que vive una crisis inédita, intentando extraerlos de la pobreza extrema que es uno de los caldos de cultivo de toda la situación.

Respecto a la violencia doméstica, sabemos que es difícil combatirla, porque en la misma se entremezclan diversos elementos que son productos de la formación de nuestra sociedad, de la educación que hemos recibido y, también, de la carencia de normas legales que amparen realmente a las mujeres golpeadas e impidan que los agresores sigan desahogando en las mujeres sus frustraciones, sus dramas no resueltos.

En torno a este tema, también tenemos una asignatura pendiente, se debe aprobar el proyecto actualmente en estudio en la Cámara de Diputados, contemplar la situación en su conjunto, de tal manera que determine la concientización de todos llevando a la mujer al lugar de igualdad que le corresponde en la sociedad. LA ONDA® DIGITAL

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *