Kol Bet El – Shabat Pésaj –

“Recordamos el hambre, el cansancio, el sudor, la sangre, las lágrimas (de cuando éramos esclavos).
Recordamos el desamparo de los oprimidos frente a la arrogancia de los poderosos.
Recordamos con alivio: es el pasado.
Recordamos con tristeza: es el presente.
Todavía existen faraones. Todavía existen esclavos (…).”

Hagadá para nuestros días, Moacyr Skliar

Nuevamente estamos a punto de sentarnos a la mesa y la pregunta que se repite es ¿Cómo hacemos que esta noche sea diferente a las otras noches de Pésaj? Un cuestionamiento que habla de nuestra voluntad de dejar huellas en nuestros hijos y de producir un momento de vibración y emoción que nos ligue entre tantas generaciones que año a año se vuelven a sentar a la mesa y se siguen preguntando “¿Ma ishtané?, ¿Qué cambiará?”

El ritual es el mismo, los símbolos en la keará son los de siempre, los textos vuelven a leerse y las canciones a ser cantadas. Quien cambia somos nosotros mismos. Que ya no somos los que éramos el año pasado ni los anteriores. Vivimos experiencias que nos modificaron los modos de mirar las opresiones y las liberaciones. Algunos perdimos, otros ganamos, para algunos el balance de libertad es positivo, otros nos sentiremos aprisionados en nuestras rutinas. Nuestros hijos crecieron, nuestros padres también. Todo el entorno que rodea a nuestra mesa de Pésaj se ha modificado.

Y quizás es tiempo de retomar un hermoso significado de la palabra Pésaj, como nos enseñan nuestros sabios: Pé-boca, Saj-que conversa.

Lo que cambia año a año y nutre la siempre nueva-vieja costumbre del Séder de Pésaj son las conversaciones que se dan entre los miembros de la familia y los amigos presentes.

Quizás el modo más noble de ejercer la libertad que hemos conseguido históricamente y que renovamos año a año, es nuestra capacidad de conversar, de saber que tenemos espacios y tiempos para el habla y para la escucha. Espacios y tiempos para afirmar, para dudar, para consultar y ser recibidos en nuestros cuestionamientos.

La historia de la liberación sucede no simplemente cuando se la repite, sino fundamentalmente cuando se la conversa. Cuando cada uno experimenta la libertad de decir de ella. La libertad de tener una opinión propia y saber que nadie censurará lo que tenemos para decir. La libertad de saber que no importa la formación que tengamos, la edad que tengamos… lo único que se espera de nosotros es que “nos conversemos”, nos dediquemos a emitir y recibir la palabra de todos.

Queridos todos; que tengamos una intensa fiesta de la conversación y la libertad de ideas, que consagremos espacios a los encuentros entre generaciones, que el recuerdo se transforme en un contenido del presente y la historia en un aprendizaje para vivir vidas cada vez más dignas.
¡Jag Sameaj!

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