JUSTINIANO Y TEODORA

Justiniano y Teodora: la historia secreta
La perdurable gloria de los emperadores Justiniano y Teodora ocultaba la verdadera historia del sobrino de un porquerizo y una antigua actriz.

El nombre de Justiniano se asocia en la historia con el intento de restablecer el esplendor del Imperio Romano en plena época de las invasiones bárbaras. Décadas después de que los pueblos germanos hubieran invadido el Imperio Occidental, Justiniano se propuso, desde Constantinopla, reconquistar las tierras perdidas al mismo tiempo que impulsaba obras tan trascendentales como el Código de derecho que lleva su nombre o la construcción de la catedral de Santa Sofía, joya de la arquitectura bizantina.
Pero la imagen personal que de este emperador ha dejado la historia dista de ser elogiosa. Existe una crónica, la Historia secreta de Procopio de Cesarea, que narra la vida personal de Justiniano y de su esposa, Teodora, en un tono crítico inusitado. En parte se trata de una obra de propaganda, en la que se exageran muchos aspectos de su vida, cuando no se inventan. Pero no cabe duda de que hay datos veraces que nos permiten asistir a la vida cotidiana en la corte bizantina. De Justiniano se nos explican sus modestos orígenes y su ascenso al poder de la mano de su tío y del favor de uno de los partidos en los que se dividía la Constantinopla de la época. La historia de Teodora es aún más extraordinaria. Hija de un domador de osos del que quedó huérfana a corta edad, fue introducida por su madre en el mundo del teatro y de la prostitución. Concubina de un gobernador durante un tiempo, su providencial encuentro con Justiniano la llevó al pináculo del poder, para escándalo de las familias patricias de la capital del Imperio. Su fuerza de carácter salvó la corona de su esposo durante la sublevación de Nika, a principios del reinado. Si a partir de entonces y hasta su muerte no dejó de ejercer su influencia política contra sus enemigos, estos se desquitaron aireando toda clase de rumores sobre su vida privada, hasta presentarla como una vulgar ninfómana. Pero lo cierto es que Justiniano y Teodora presidieron uno de los períodos más prósperos y creativos de la historia de Bizancio.

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