JOSÉ MARÍA CASTILLO – LA IGLESIA «HIPERSACRAMENTALIZADA

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LA IGLESIA «HIPERSACRAMENTALIZADA»
JOSÉ MARÍA CASTILLO

En la Iglesia, la «religión» le ha ganado la partida a la «misericordia», a la «profecía», a la «ética». Nuestra Iglesia padece de «hiper-religiosidad». Lo que, en concreto, quiere decir que padece de «hipersacramentalidad». Explico esto.
El prefijo griego hiper significa «exceso». Los ejemplos que pone el Diccionario de RAE son muy claros: HIPERtensión, HIPERmercado, HIPERclorhidria, términos que indican «superación «, «demasía» o «exceso». Pues bien, esto es lo que le pasa a la Iglesia y a casi todos los que seguimos en ella. ¿A qué va la gente a una iglesia? A misa, a un funeral, a una boda, a un bautizo, quizá a confesarse. ¿A rezar? Algunas personas mayores van también a eso. A no ser que se trate de una iglesia-monumento, como ocurre en no pocas catedrales. Pero en este caso, con frecuencia, hay que pagar para entrar, como se paga la entrada a un museo, a una exposición o cosas así. Antiguamente, cuando no había tele ni otras formas de distraerse, iba mucha gente a los sermones. Ahora, eso es más raro.

Pero, volviendo a los sacramentos, si se piensa despacio, lo que uno ve en las parroquias, es que la gran mayoría de la gente acude a ellas porque allí es donde se administran los sacramentos: bodas, bautizos, comuniones. También va mucha gente a los entierros, que en definitiva son una misa, «misa de difuntos». Y los domingos y «días de precepto», los que siguen fieles a eso, van a alguna iglesia a «cumplir con el precepto». Por supuesto, en las parroquias se organizan reuniones: de catequesis, de Cáritas, de tal cofradía…
Pero también es cierto que muchas de esas reuniones giran en torno a loa sacramentos: reuniones de preparación al bautismo, a la confirmación, al matrimonio… No es ningún disparate decir que, si en una parroquia se suprimieran los sacramentos, ¿no sería eso algo así como dejar al párroco y su parroquia en el paro? ¿no se quedaría aquello en una especie de vacío, sin saber qué hacer, ni el cura ni los feligreses?

La cosa está clara: la Iglesia se ha organizado de forma que se ha convertido en un HIPER de religiosidad sacramental. Y lo más notable es que todo esto se ha organizado así con el convencimiento de que así es como tiene que funcionar la Iglesia. Sin pararse a pensar en serio que Jesús no se dedicó a todo este montaje sacramental en el que la Iglesia ha puesto sus cinco sentidos. Y lo ha hecho así, basándose en una teología, que se da por segura y por indiscutible, cuando en realidad es sumamente discutible.

De momento, sólo quiero fijarme en un punto, que me parece capital. Me refiero a que la práctica de los sacramentos, tal como está organizada, es UN INSTRUMENTO DE CONTROL Y DE PODER, que resulta sumamente eficaz para que el clero pueda imponerse y dominar a los laicos. No discuto ahora el valor sobrenatural de los sacramentos. Lo que digo es que los sacramentos están legislados y controlados (por la autoridad jerárquica) de forma que practicar los sacramentos equivale a someterse al clero.

Porque es el clero el que los administra. Y los administra de manera que el cura puede negar el bautizo, la boda, la comunión… a quien considere (según las normas establecidas e interpretadas por el cura de turno) que no es digno, por ejemplo, de comulgar o de recibir la absolución de los pecados en un confesionario.

Este asunto es muy serio. Y en Roma lo toman así, muy en serio. La Curia Vaticana controla severamente a cada obispo para que en su diócesis se administren los sacramentos ajustándose escrupulosamente al ritual y a las normas. Cada obispo se preocupa de que cada cura sea obediente a lo prescrito en esta materia. Y cada sacerdote tiene sumo cuidado para que nadie le pueda llamar la atención en el sentido de que no dice la misa como hay que decirla o que hace cosas que se salen de las normas.

La consecuencia es que quien quiere seguir siendo católico, no tiene otra salida que aceptar este sistema, someterse a él sin protestar, y, para casos «especiales», buscarse un cura amigo, a ver si se atreve a que le den la comunión a un amigo homosexual, a un divorciado, a…, ¡cualquiera sabe!

En todo caso, es evidente que el control de la Iglesia en cuanto se refiere a los ritos sacramentales es mucho más riguroso que en cuanto afecta a la vida que llevan los curas, los frailes, las monjas; en tema de dinero, de ambiciones de poder y de trepar, etc, etc.

¡Qué pena da esta Iglesia! Con tanto HIPERsacramentalismo le va bien. Porque así tiene poder, conserva el poco poder que le queda. Y, de camino, gana dinero. Porque es un hecho que vivir como vivió Jesús, eso lo único que acarrea son problemas. Problemas con las autoridades, problemas con la gente de dinero, con mucha gente de derechas y con algunos de izquierdas también. Por eso, lo más seguro y lo más rentable es seguir con lo que estamos y como estamos. A ver lo que esto dura… ¿Hasta cuándo? Seguiremos con el tema. Porque aquí queda mucha tela que cortar.

Teología sin censura

Pero quiero terminar advirtiendo que, si hablamos de este asunto entre cristianos, nunca deberíamos olvidar que el cristianismo es, por supuesto, una religión. Pero es una religión que, tal como hoy la conocemos y la vivimos, es una religión «degradada». Por una razón muy sencilla: la religiosidad de Jesús y la nuestra se parecen poco.

Es un asunto capital que urge explicar. De momento, me limito a decir que la religión de Jesús no tuvo su centro en la «observancia religiosa», sino en la «experiencia humana», concretamente en la experiencia sobrecogedora de la intolerancia ante el sufrimiento humano. Y la verdad es que de eso estamos muy lejos, demasiado lejos.

José María Castillo

El teólogo español José María Castillo, fue sacerdote jesuita y profesor universitario. En 1988 fue castigado con la retirada del «placet» de la jerarquía como catedrático de Teología de la Universidad de Granada, según Joseph Ratzinger, actual papa Benedictro XVI, a causa de sus opiniones sobre la naturaleza de la Iglesia y sobre el misterio de la Santísima Trinidad. Finalmente, fue obligado también a abandonar la Compañía de Jesús.

Sin embargo, en reconocimiento de su extensa labor docente y la notable obra escrita que ha desarrollado, el 13 de Mayo, la Universidad de Granada concedió el doctorado “honoris causa al profesor José María Castillo. Se trata del primer doctorado que una universidad estatal concede a un teólogo español.

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