JOAQUÍN ENDARA, UN CEREBRO ENIGMÁTICO

Mirar atrás, buscar en la historia de las personas, grandes o pequeñas, pero que trascendieron a la posteridad es valorar su respuesta ante los hechos, su reacción ante la adversidad.

En la vida del pintor ecuatoriano, Joaquín Endara Ruiz, se pueden encontrar esos momentos en que, a pesar de su condición, demostró su espíritu invencible y regaló sus cuadros, pintados al óleo con espátula, como si el mundo se viese a través de un velo…

Un paisaje, una calle, una noche, una mirada, una expresión, una cara, todo lo que de alguna manera refleje la cercanía del arte con las personas, con la naturaleza y, además, pueda ser plasmado sobre un lienzo.

Esto y mucho más recoge el maestro en su obra, que está marcada por sus dos etapas: pasó de derecha a izquierda, por decirlo de alguna manera.

Su historia tiene una característica muy particular. Cuando tenía 39 años, en 1971, sufrió una embolia cerebral que paralizó por completo el lado derecho de su cuerpo. «Creía que se acababa la pintura para mí», confiesa. Pero estaba equivocado, una habilidad dormida estaba a punto de despertar la que encaminaría a Endara hacia una travesía inesperada.

Unos días después del accidente un amigo lo visitó en el hospital de Los Ángeles, Estados Unidos, donde estaba internado. «Mi amigo Claudio Cobos me incitó a seguir pintando. Me regaló dos cuadernos y lápices de colores».

Al principio la idea le pareció un tanto descabellada, pues tenía que hacerlo con la izquierda. «Ni siquiera sabía que la tenía. Era completamente diestro», dice riendo.

Tres semanas después, luego de negarse a hacerlo, un día de esos tantos monótonos y solitarios de recuperación, que pasaba postrado en la cama de hospital, hizo los primeros trazos con su mano ‘buena’. Uno, dos, tres, hasta que el dibujo tomaba forma. Al principio fue difícil, reconoce, pero poco a poco pintó cosas que ya había hecho antes. Se entusiasmó y siguió practicando hasta que llenó ambos cuadernos con dibujos plenos de color. «Incluso hasta llegó a parecerme alhaja pintar con la izquierda».

Con esfuerzo, dedicación y mucho coraje no se dejó vencer por la adversidad, hasta que logró dominar su mano izquierda, lo que significó una nueva etapa artística en su vida, un nuevo inicio. «De ahí fue que lo apodaron: el dos veces pintor», recuerda su esposa, Eulalia Echeverría.

«Lo mejor de toda esa época de hospital fue cuando los enfermos venían a ver cómo pintaba, yo me reía», cuenta. Sin duda es una historia que inspira y motiva. ¿Cómo lo hizo? «Es el amor a la pintura. Es lo mismo que enamorarse. Me enamoré de la pintura como me enamoré de mi mujer». Recuperada la movilidad en su pierna derecha, mas no en la mano, regresó al país. Y en 1973 realizó la primera exposición pintada con la izquierda.

Ahora, cumplidos los 79 años y casi 40 desde el día que sufrió la embolia, el maestro, con una humildad característica y una sonrisa de un niño con juguete nuevo, cuenta que su perspectiva de la vida cambió en un 100%. «La pintura tiene otro sentido después de la embolia. Antes pintaba porque necesitaba. Ahora me doy cuenta de lo que hago. Mejoré la técnica. Pinto con más fuerza y mejor; a base de la sombra busco una luz». ¿Es como una metáfora de su vida? «Sí, yo estaba de muerte y renací».

Para su hijo Juan Carlos, el cerebro de su padre es un enigma. «Pinta con la izquierda como si siempre lo hubiese hecho. Además, durante un tiempo pintó con problemas de vista, intuye los colores, es increíble», comenta. Desde hace 61 años Endara está inmerso en el mundo del arte. Su obra se ha expuesto en Estados Unidos, Venezuela, México, Colombia, entre otros.

Cada vez que admire una de las obras que pintó, no solo verá sus colores, su técnica, la luz y la sombra. Verá al hombre que se sobrepuso a la adversidad, con una sonrisa melancólica en los labios y una espátula atada a su mano, como si fuese una extensión de ella.

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