JEROGLÌFICOS DE LA PIEDRA ROSETTA

La piedra de Rosetta: el desvelamiento de los jeroglíficos

Con Champollion, la belleza y espiritualidad de los antiguos jeroglíficos egipcios volvió a la luz, más de mil años después de que esta escritura dejara de utilizarse

 

Desde la desaparición de la religión egipcia a principios del cristianismo, la escritura jeroglífica se convirtió en un misterio indescifrable. La extraña yuxtaposición de signos y figuras en los jeroglíficos producía una impresión de encantamiento, hasta el punto de que en la Edad Media se interpretó como una obra del demonio. Desde el Renacimiento, el interés por los jeroglíficos dio lugar a interpretaciones místicas más o menos extravagantes. Aunque hubo algunos precursores, sólo en el siglo XVIII se produjeron algunos avances en la lectura de los jeroglíficos; un erudito, por ejemplo, avanzó la hipótesis de que los signos rodeados por un círculo se referían a un rey, como así era. Pero faltaba aún mucho para poder leer un jeroglífico como si fuera un texto.
Lo que permitió dar ese paso fue el hallazgo en 1799, en la desembocadura del Nilo, de una lápida de basalto en la que se estaban inscritos tres textos en griego, en demótico (antigua lengua egipcia popular) y en escritura jeroglífica. Como se trataba de una triple versión de un mismo texto, podía allí encontrarse la clave para descifrar la antigua escritura egipcia. Un estudioso inglés hizo en 1814 un primer intento, pero no fue más allá del desciframiento de un nombre. La gloria del descubrimiento estaba reservada a un orientalista francés, Jean-François Champollion, que hizo pública su demostración en 1822. Poco después realizó su primera y única expedición a Egipto, donde estuvo diecisiete meses, antes de morir de apoplejía con apenas 50 años.
La piedra de Rosetta fue hallada por los franceses durante la expedición napoleónica a Egipto pero sería Gran Bretaña quien se la quedaría para exhibirla en el Museo Británico; la misma rivalidad se reproduciría a propósito del desciframiento de los jeroglíficos, al sugerir algunos que Champollion pudo inspirarse en Young, posibilidad que hoy en día se rechaza totalmente.

 

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