JACOBI

Es un hecho notable en la historia de la filosofía que para combatir un error se suele caer en el opuesto, verificándose el famoso dicho de que el espíritu humano es como un borracho a caballo, que cuando se le endereza por un lado se tuerce por el otro. Kant y sus discípulos, sujetándolo todo a la razón, inventaban los sistemas que acabamos de ver, de donde salían el panteísmo, el ateísmo, el fatalismo, el escepticismo; Jacobi quiso remediar el abuso de la razón destruyéndola, y tomando por único criterio el sentimiento, con cuyo auxilio asentimos, según él, a las verdades más fundamentales: la existencia de Dios, su providencia, los principios morales, el libre albedrío, la inmortalidad del alma, la vida futura. Cree Jacobique la razón es un instrumento pernicioso que sólo conduce al panteísmo y al escepticismo, y, por el contrario, el sentimiento es una guía segura en el camino de la verdad; así decía que por el entendimiento era gentil y por el sentimiento era cristiano de todo corazón.

341. Salta a los ojos que si es dañoso el exagerar las fuerzas de la razón, también lo es el abatirlas demasiado; por flaca que sea, es la luz que el Creador nos ha dado, y no podernos extinguirla sin ingratitud para con Dios y sin crueldad hacia nosotros; resultándonos imposible todo juicio, por este sistema, lejos de huir del escepticismo, se cae otra vez en él. Es indudable que en los procedimientos racionales llegamos al fin a principios evidentes por sí mismos, que no podemos demostrar; que además asentimos a ciertas verdades por un impulso natural, anterior a la luz de la evidencia; que el conocimiento de las grandes verdades sobre Dios, sobre nuestro destino, sobre la moral, se halla acompañado en nosotros de sentimientos que nos inclinan a abrazarlas; creemos instintivamente en la legitimidad de nuestras facultades naturales, independientemente de las demostraciones filosóficas; pero junto con esto poseemos la razón, flaca, sujeta a errores, sí, pero capaz de conocer muchas verdades si la conducimos con imparcialidad, y, sobre todo, con un vivo deseo de hacer de ella un uso legítimo, tal como quiere el Creador, que nos la ha dado. (V. Filosof. fund., lib. I; Ideología, capítulo XIV.) Jacobi fué presidente de la Academia de Ciencias de Munich; nació en 1743 y murió en 1819.

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