Instrucciones para barrer al Estado

En los últimos años parece haber una suerte de regreso a cierta tradición de pensamiento liberal libertario. Linaje que tiene enclaves como la Escuela austríaca de economía encabezada por Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek, así como la Escuela de Chicago. En ese sentido, surge la presencia de David Friedman, hijo del célebre economista Milton Friedman, Premio Nobel en 1976, e influyente pensador cuya visión del monetarismo fue capital en la llamada “revolución conservadora” de Ronald Reagan. Sin embargo, Friedman hijo va más allá de su padre.

No está de más recordar aquel curso de 1979 donde Michel Foucault reflexionaba sistemáticamente sobre gran parte de estos pensadores liberales, neoliberales y anarcocapitalistas como expresión teórica central de la gubernamentalidad liberal, la fobia al Estado, el Homo oeconomicus (radicalización de la forma empresa en todos los aspectos) y la categoría de biopolítica. Es posible que si el filósofo francés viviese consideraría como objeto de estudio a David Friedman por la radicalidad de sus ideas: Estado inexistente, anarquismo político y libre empresa carente de regulación estatal. El Estado que plantea Friedman no tendría ninguna función, ni siquiera las que los minarquistas (partidarios del Estado mínimo) avalan: seguridad, policía y justicia.

Ateo, novelista y utilitarista –una rareza para la tradición del libertarismo–, Friedman es un heterodoxo que expone sus ideas filosóficas, políticas y económicas desde un lugar de cercanía y simpleza inusual. La reciente edición al español de su clásico La maquinaria de la libertad (Editorial Innisfree), publicado en 1973, nos coloca frente a su pensamiento. Ñ dialogó con el autor, dónde exhibió sus conceptos no exentos de polémica y opiniones drásticas: postular un servicio judicial privado, apoyar abiertamente la legalización de todas las drogas, la prostitución y el aborto, creer que el Estado no debería interferir en ningún contrato matrimonial, plantear que la utopía anarcocapitalista será más viable a través de la Web y que el gobierno de Obama fue mejor que el de Bush.

-¿Cuál es la idea central de su libro?
-Que la propiedad privada y el mercado libre hacen posible que cada individuo controle su propia vida en una sociedad donde los individuos son independientes. Esa es la clave: que esas instituciones son la maquinaria que hacen posible la libertad en una sociedad interdependiente de la colaboración voluntaria.

-¿Qué es para usted la anarquía?
-Es una sociedad sin gobierno. Lo que distingue al gobierno de otras instituciones es que éste puede hacer cosas que deberían ser ilegítimas, como el cobro de impuestos, sin que las personas reaccionen como si fuera un robo o un secuestro. La cuestión es cuándo podremos tener una sociedad sin esas instituciones ilegítimas. Seguramente, esto no sería anarquismo para los anarquistas de izquierda. Para ellos los anarcocapitalistas no serían realmente anarquistas. La diferencia central de la visión del anarquismo socialista respecto del anarcocapitalismo es cómo ellos legitiman el problema de que la gente coopere entre sí sin coacción. Mi solución es usar los mismos mecanismos para resolver los problemas para cosas que el gobierno hace ahora: la cooperación voluntaria en un contexto de propiedad privada e intercambio. No es claro cómo los anarcocomunistas apreciarían cuán difícil es el problema de la coordinación más allá de la fe o la buena voluntad que tienen, si no creen en la propiedad privada.

-¿Cree que es posible construir una sociedad anarcocapitalista en el presente?
-No se puede conjurar de la noche a la mañana pero se puede construir gradualmente, reemplazando funciones del gobierno con mercados alternativos hasta reducir el tamaño del gobierno y pensar en su desaparición. Algo similar a una sociedad anarcocapitalista está apareciendo en la existencia online.

-¿Cómo conjuga su visión utilitarista con el libertarianismo?
-Creo en algo así como el “utilitiarianismo”: la idea de que la mejor sociedad es la que maximiza el total de la felicidad humana. Para la gente ser feliz es muy importante, pero no creo que sea la única cosa importante. Incluso si es posible probar que el intercambio incrementa tu felicidad será sólo un argumento pero no una prueba. La economía provee herramientas poderosas sobre qué instituciones proveen felicidad y no tengo una idea exacta sobre qué es lo “bueno” más allá de eso. Pienso que si hay una razón para esperar que las instituciones provean felicidad es la maximización de la libertad individual, la protección de los derechos individuales y de propiedad. Creo que las sociedades libertarias o anarcocapitalistas hacen a las personas mejores y más felices.

-¿Cómo funcionaría un sistema legal privado?
-Los individuos serían clientes de firmas privadas que acuerdan proteger sus derechos y sus disputas legales. Cada una de esas empresas reconoce conflictos violentos sobre las disputas de sus clientes y establece cuáles serían más caras y peligrosas, y podrían acordar llegar hasta un tribunal privado para resolverlas.

-¿Cuál es su posición sobre la legalización de las drogas, la prostitución, el aborto y el matrimonio gay?
-Las drogas y la prostitución, en mi visión, deberían ser legales, como el aborto, pero no es tan obvio, ya que está la discusión sobre si el feto es o no un ser humano. Respecto del matrimonio gay, creo que el gobierno debería ofrecer el mismo contrato para parejas heterosexuales y homosexuales. Sin embargo, mejor me parecería que el gobierno no se meta en definiciones matrimoniales. Son decisiones sociales y no políticas. Un caso análogo es el divorcio. La mayoría de nosotros considera una pareja que se divorció y volvió a casar como, obviamente, casada, pero no es así para la Iglesia Católica. Creo que estas cuestiones no deberían incumbirle al gobierno.

-¿Cree que existe un retorno a ciertas ideas libertarias?
-Es difícil de decir. Creo que Internet ha sido una muy buena herramienta para el libertarianismo, desde que hace más fácil a las personas aprender y comunicarse sobre temas relativamente poco populares como es este.

-¿Cómo fue su relación con su padre, Milton Friedman?
-Fue una de las mejores personas que conocí. Años atrás escribí una novela que cuando la finalicé tomé conciencia que el protagonista estaba moldeado pensando en él. Nuestras visiones económicas son similares, pero nuestros intereses son diferentes.

-¿Qué opina del gobierno de Barack Obama?
-Creo que no ha sido bueno pero no tan malo como la administración de Bush. La ventaja de Obama sobre Bush es que nadie lo ve como un defensor de las ideas del libre mercado, por lo tanto, cuando le va mal, quienes creemos en estas ideas no lo culpamos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *