INDIAS DE LEYENDA

De las varias etnias indígenas que poblaban nuestro territorio, los charrúas fueron los legendarios, temibles guerreros que resistieron la ley española primero y la criolla después, hasta su propia desaparición como pueblo. Junto con yaros, bohanes, guenoas, guaraníes y chanás cruzaron el territorio, con sus fisonomías y prácticas culturales diversas. También otras etnias, no originarias de este territorio, pero allegadas a él por la fundación de ciudades y reducciones, se les sumaron en el siglo XVIII : serranos , pampas , Quilmes, guaycurúes y collas. Medio siglo después de fundada Montevideo, vivían en la ciudad y su jurisdicción unos 271 indígenas, que junto con 147 pardos, mestizos y mulatos, y 71 negros, hablan de diversidad en una población que en 1773 era de 3.322 personas. Pero es en extramuros que reinan, corriendo sus zonas de acción cada vez más hacia el norte, a medida que el poblamiento avanza. Los charrúas fueron transformados en leyenda por la historiografía del siglo XIX : Bauzá habla de la “nación charrúa” y remonta a ella los orígenes mismo de la identidad, mientras que Zorrilla de San Martín sintetiza en “Tabaré” la aureola romántica que rodea a los símbolos nacionales. Con más realismo fueron retratados por sus contemporáneos, especialmente por aquellos que los ven tempranamente, antes que la aculturación modifique sus costumbres y vestimentas. En 1531 el navegante portugués Pedro López de Sousa tiene un encuentro con charrúas , a la altura del actual departamento de Colonia, y cuente que “todos sin armas y con mucho placer venían a abrazarnos”. Agrega que “hacía mucho viento y mucha mar ; y ellos me hacían señas para que entrase en un río que estaba junto a sus tiendas. Mandé un marinero a nado a ver si tenía buena entrada y vino diciendo que era muy estrecho y que dentro había poca seguridad pues la gente era mucha ; que le parecía que eran unos 600 hombres ; que lo que parecían tiendas o carpas eran cuatro esteras que formaban una casa cuadrada, descubierta por arriba ; ropa no les vió ; tenían redes iguales a las nuestras. En vista de esto me despedí de ellos ; les dí mucha mercadería y ellos me dieron mucho pescado; venían detrás de nosotros, unos a nado y otros en almadías ; nadaban más que delfines , pues avanzaban tanto como nosotros que íbamos con viento muy fresco a popa. Estos hombres son todos grandes y robustos y parece que tienen mucha fuerza. Las mujeres son todas muy bien parecidas. Se cortan también los dedos como los del Cabo de Santa María , pero no son tras tristes” . El avance hispano y la introducción del caballo desataron la resistencia charrúa y convirtieron en leyenda a aquellos jinetes. Montaban en pelo, siendo su destreza y su famoso grito de guerra elementos que aterrorizaban al enemigo. Una de las descripciones físicas más detalladas la dio el naturista francés D ´Orbigny , en 1829 : talla media, entre 1.68 y un máximo de 1.76 , musculosos, piel moreno-oliva , tirando a negruzca , pómulos salientes, nariz aguileña, ojos pequeños, negros y hundidos , hermosos dientes en una boca de labios gruesos, lampiños de cara, con un cabello largo, grueso , negro y lacio. Su organización social sorprendió muchas veces a los blancos, por eso Azara anotó con sorpresa “todos son iguales, ninguno está al servicio del otro” , mientras el religioso Reginaldo de Lizárraga observó que en su código de honor daban enorme importancia a la palabra dada. Fueron compañeros de ruta de la revolución que estalló en 1811 , y la custodia personal de Artigas en diversas ocasiones, aunque no se incorporaron como pueblo en forma plenamente orgánica, a un movimiento que , si bien contempló su problemática, no fue indigenista.

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