Inculturación como encuentro entre ciencia y religión

A partir del siglo XVII la ciencia emerge como un conjunto de experiencias y teorías que, liberadas de tradiciones religiosas, interpretan dichas experiencias. La ciencia pretende expresar conocimiento logrado mediante experimentos científicos en un lenguaje claro y universalmente comunicable.

A pesar de que cada área particular del conocimiento científico solo lo puede entender un pequeño número de especialistas y no es accesible para la mayoría, la ciencia es capaz de transcender las culturas particulares. Sin embargo las tradiciones religiosas en general, y en particular la tradición cristiana, existen dentro de culturas particulares.

La interacción entre ciencia y religión ha cambiado a lo largo de los últimos cuatro siglos.

Propongo la inculturación como proceso de encuentro e interacción entre fe y ciencia, que hace justicia a ambas.

1. Conflicto, independencia, diálogo e integración como modos de interacción entre ciencia y religión.

Ian G. Barbour1 propone cuatro modos de relación entre ciencia y religión: Conflicto, Independencia, Diálogo, Integración.

Dos ejemplos históricos de conflicto son los casos de Galileo y Darwin. Actualmente, el conflicto nace, por una parte como resultado de la afirmación del método científico como única forma segura de conocimiento y, por otra parte, proviene de diversas formas de fundamentalismo religioso. En algunas ocasiones nos encontramos con un conflicto que refleja «las carencias de una educación superior fragmentada y especializada. La formación de los científicos apenas incluye alguna confrontación con la historia y la filosofía de la ciencia o alguna reflexión acerca de la relación entre ciencia y sociedad, o acerca de la ética o el pensamiento religioso. Por otro lado, a los clérigos les falta familiaridad con la ciencia y se sienten inseguros al discutir asuntos controvertidos.» 2

El punto de vista según el cual la ciencia y la religión son independientes y autónomas, no es sólo un modo de evitar el conflicto, sino de ser «fieles al carácter propio de cada una de éstas áreas de vida y pensamiento.» 3″Cada una tiene su propio entorno y sus métodos característicos, que pueden ser justificados dentro de su coherencia interna.» 4Sin embargo, la independencia es un planteamiento limitado al carecer de diálogo constructivo y de enriquecimiento mutuo en temas que conciernen tanto a la ciencia como a la religión, tales como ecología, control de la natalidad, genética, control de la información, etc.

El diálogo entre las doctrinas religiosas y las teorías científicas acerca de la creación, la evolución, la naturaleza humana y la experiencia humana es particularmente interesante. Mediante el diálogo se reformulan las doctrinas teológicas clásicas a la luz de la ciencia, mientras que las teorías científicas reconocen sus propios límites. En el siglo 19 se pensaba que la ciencia era pensamiento objetivo mientras que la religión era considerada subjetiva. Actualmente es frecuente la opinión de que las teorías y los datos científicos dependen del paradigma dominante en la comunidad científica (Thomas Kuhn), y también se considera frecuentemente que las tradiciones religiosas están basadas en la vida de comunidades que comparten un paradigma común. Barbour compara el papel de los paradigmas en la ciencia y en la religión. En el caso de la religión «la interpretación de los datos (tales como la experiencia religiosa y los hechos históricos) es incluso más dependiente del paradigma que en el caso de la ciencia. Hay un uso mayor de hipótesis ad hoc para reconciliar anomalías aparentes, de ese modo los paradigmas religiosos son todavía mas resistentes a la falsificación.»5 El diálogo fomenta el desarrollo de cambios en las instituciones científicas y religiosas. Va más allá que la mera independencia en la relación de ciencia y religión, pero en mi opinión, frecuentemente se plantea de un modo demasiado dependiente de consideraciones metodológicas. En este artículo pretendo proponer la inculturación como una relación más profunda que todavía no está presente en el diálogo usual entre ciencia y religión.

La integración propone un tipo de relación «entre las doctrinas teológicas y las teorías científicas particulares más directo que cualquier forma de diálogo.» 6Barbour presenta tres formas de integración, la teología natural, la teología de la naturaleza y la filosofía procesual. La teología natural es una forma de integración en la que la existencia de Dios se presenta como una hipótesis plausible consistente con las hipótesis de la ciencia. Cuestiones importantes en la teología natural son el argumento cosmológico, el argumento teleológico y más recientemente el principio antrópico. La teología natural puede mostrar que la existencia de Dios es una hipótesis no contradictoria, pero este tipo de teología es de un modo de razonar algo artificial «lejos de la vida real de una comunidad religiosa»7. Otro modo de integración es el de la teología de la naturaleza. Este parte de una tradición religiosa, basada en la experiencia religiosa y la tradición histórica. «Aquí la ciencia y la religión se consideran como orígenes relativamente independientes de ideas, pero con ciertas áreas en las que se sobreponen sus intereses. En particular, las doctrinas acerca de la creación, la providencia, y la naturaleza humana quedan influidas por los descubrimientos de la ciencia. Se producen ajustes y modificaciones a fin de que las creencias religiosas estén en harmonía con el conocimiento científico.»8 En la filosofía procesual «la naturaleza esta caracterizada por el cambio, el azar y la novedad del mismo modo que también por el orden. Es incompleta, todavía llegando a ser.»9 Los pensadores procesuales «creen en un Dios más persuasivo que cohercitivo, han presentado análisis propios acerca del lugar del azar, la libertad humana, el mal, y el sufrimiento en el mundo. Los teólogos procesuales cristianos señalan que el poder del amor, tal como ha sido ejemplificado en la cruz, está precisamente en su capacidad para evocar una respuesta al mismo tiempo que respeta la integridad del otro».10

Independencia, diálogo e integración corresponden a tres aspectos muy importantes de la relación entre ciencia y religión. La independencia distingue dos tipos distintos de experiencia, el diálogo persigue un entendimiento más profundo y el entramado de dos metodologías diferentes, y la integración estudia la interacción directa entre la teología y la ciencia.

1. Inculturación

Llamo inculturación al proceso por el cual la ciencia y la religión influyen y son influidas por diversas culturas. Creo que esta influencia no es solo un punto de partida para desarrollar una relación entre religión y ciencia que hace justicia a la independencia, diálogo e integración, sino que puede expresar mejor la unidad profunda presente en las actividades religiosas y científicas.

Tomo prestada una definición de cultura muy amplia que no deja espacio para tradicionales clasificaciones de la gente de acuerdo a su cultura: «’Cultura’ significa la manera en que un grupo de personas vive, piensa, siente, se organiza, celebra y comparte la vida. En toda cultura subyace un sistema de valores, de significados y visiones del mundo, que se expresan hacia el exterior en el lenguaje, los gestos, los símbolos, los ritos y estilos de vida».11

Aunque en cada momento histórico el proceso de inculturación está referido a una cultura particular, el proceso global de la inculturación tiene características que van más allá de cualquier cultura. Tanto la ciencia como la religión son de algún modo independientes de las culturas, pero cada una es también a su modo, dependiente de las culturas en las que se desarrollan. Las ciencias poseen métodos autónomos de verificación, pero al entrar las ciencias a formar parte de una cultura, deja de ser posible el establecer una separación entre la legitimación de esas ciencias y la legitimación de la cultura en la que se desarrollan. Por otra parte, podemos observar también que aunque las religiones existen siempre dentro de una cultura, no son siempre dependientes de esa cultura. Los grandes cambios religiosos han producido grandes cambios culturales.

Cristianamente la inculturación adquiere significado por la presencia de Dios en el mundo, realizada en la vida muerte y resurrección de Jesús. «El proceso de inculturación del Evangelio de Jesús en la cultura humana es una forma de encarnar la Palabra de Dios en la diversidad de la experiencia humana: el Verbo pone su tienda en la familia humana (cf. Jn. 1,14). Cuando la Palabra de Dios queda depositada en el corazón de una cultura, es como una semilla enterrada que se nutre de la tierra que le rodea hasta madurar.»12

La inculturación no está presente solo en el cristianismo, ni es algo particular de una Iglesia cristiana, pero dentro de la Iglesia católica ha adquirido últimamente una importancia especial: «Por medio de la inculturación la Iglesia encarna el Evangelio en las diversas culturas y, al mismo tiempo, introduce a los pueblos con sus culturas en su misma comunidad; transmite a las mismas sus propios valores, asumiendo lo que hay bueno en ellas y renovándolas desde dentro»13 Entendida desde la tradición cristiana, la inculturación transforma la Palabra de Dios del mismo modo como el Hijo fue transformado en una persona humana, y recíprocamente la inculturación también transforma la naturaleza humana por la presencia del Hijo.

Todas las religiones existen dentro de diversos contextos culturales que las condicionan y sobre los que actúan. Las ciencias también existen también existen dentro de contextos culturales. A este fenómeno lo llamamos inculturación de las ciencias y las religiones. Podemos decir que en las culturas se encuentran las ciencias y las religiones, pero que la relación entre las ciencias y las culturas no es la misma que la que se da entre las religiones y las culturas.

En el proceso de inculturación aparecen los rasgos de independencia, diálogo e integración de las ciencias y las religiones, pero en mi opinión, este proceso va más allá de estos rasgos que son siempre de algún modo extrínsecos a la práctica de la ciencia y la religión.. En las religiones surge la pregunta por Dios y una respuesta a dicha pregunta. En las ciencias surge la pregunta por el mundo, por el progreso y desarrollo del mundo frente a la decadencia y destrucción de la vida y su entorno. La inculturación de la ciencia y la religión reduce estas dos preguntas a una única pregunta sin que desaparezca ninguna de las dos. La inculturacion es una dimensión de la práctica de la ciencia y de la religión que está profundamente enraizada en actitudes que pertenecen tanto a las tradiciones científicas como religiosas: Acción de gracias, compasión y trabajo.

Acción de gracias. La acción de gracias está frecuentemente distorsionada en nuestra cultura como una cortesía sin valor intrínseco. Con ello se olvida que la acogida gratuita de la realidad, tal como ella es, pertenece al mismo corazón de toda actividad verdaderamente humana. La actitud de acogida gratuita de la realidad, tal como ella es, es una condición previa de todo trabajo científico, y de toda actividad religiosa entendida como proceso de hallar a Dios en todas las cosas a todas las cosas en Dios. Dentro de la tradición cristiana, cuando damos gracias, no sólo expresamos al Creador que apreciamos las creaturas que él ha hecho, sino que también le damos gracias por su presencia en dichas creaturas.

Compasión. El encuentro entre ciencia y religión no se puede dar olvidando el lado oscuro de la realidad. La compasión es el origen de la respuesta pasiva-contemplativa («con-pasión») y activa a la presencia de todas las creaturas en Dios y de Dios en todas ellas, en un mundo lleno de cautivos, ciegos y oprimidos. La compasión es un rasgo esencial de las religiones, también presente en la motivación central de la tradición cristiana: «El Espíritu del Señor… me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para liberar a los oprimidos.» 14 Por otra parte, no es concebible que se de una inculturación de las ciencias si en estas no existe, de algún modo una referencia al lado oscuro de la realidad. Si admitimos que en las ciencias existe una relación a las culturas, hemos de admitir que en ellas se da de algún modo la compasión. Cómo ocurre esto es algo que está en muchos casos por estudiar.

Trabajo. Tanto las doctrinas teológicas como las teorías científicas se refieren al trabajo de transformación del mundo, pero tanto unas como otras son de algún modo exteriores al trabajo, hablan de él desde fuera. Los múltiples trabajos de transformación del mundo adquieren diversidad de formas, pero siempre, la parte más sana de ellos está enraizada en la acción de gracias y en la compasión. La acción de gracias hace que el trabajo sea gratuito, la compasión hace que sea penoso. La gratuidad del trabajo incluye la justicia por la que el trabajador recibe lo que le es debido. La compasión incluye el gozo por la liberación de las realidades más oscuras del mundo. En el trabajo se unen la ciencia y la religión. En concreto, los cristianos estamos llamados a participar en el continuo trabajo del establecimiento del reino de Dios en este mundo: «Del mismo modo como Dios por su parte se da a sí mismo amorosamente por medio de todas las cosas, así nuestro amor por Dios incluye todas las cosas, la totalidad de nosotros mismos, todo aquello que podemos llamar nuestro, todo elemento de nuestra experiencia del mundo de Dios» 15

1. Ciencia, fe cristiana y cultura

La ciencia y la tecnología son constituyentes importantes de nuestra cultura moderna, pero ellas solas no forman una cultura. La ciencia y la tecnología son de algún modo transculturales. La ciencia moderna influye en nuestra cultura porque influye los sistemas de valores subyacentes, los significados y visiones del mundo y, por lo tanto, influye nuestros gestos, símbolos, ritos y estilos de vida. Pero la ciencia no es ella misma una cultura porque no existe un grupo de personas vive, piensa, siente, se organiza, celebra y comparte la vida sólo mediante la cultura científica. La ciencia y la tecnología coexisten con muchas culturas.

Las culturas son diferentes en diferentes partes del mundo mientras que la ciencia es en todas partes la misma. «Si paramos a alguien en las calles de Toronto o Delhi o Tokio y le preguntamos de qué elementos consta la materia, nos dirá – ¡siempre que sea un persona entendida! – que de quarks y gluones. Si paramos a personas en las calles de esas ciudades y les preguntamos por la naturaleza de la última Realidad, lo más probable es que obtengamos respuestas diversas» 16

Las tradiciones religiosas están inculturadas en culturas particulares. La fe cristiana, tal como nosotros la conocemos ahora, está presente predominantemente en el contexto de la cultura judeocristiana. Sin embargo, nosotros sabemos que no podemos identificar la fe cristiana con dicha cultura, porque en realidad no podemos identificar la fe cristiana con ninguna cultura. Esto estaba muy claro para Pablo, que vivió su fe en el contraste de las culturas griega y judía. él anunciaba «un Mesías crucificado, para los judíos escándalo, para los paganos locura; pero para los llamados, judíos y griegos, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.» 17

La fe cristiana es de algún modo transcultural, pero de un modo distinto a como lo es la ciencia. La fe cristiana necesita sufrir un proceso de inculturación para poder estar presente en una cultura particular. La ciencia transciende por naturaleza las culturas particulares.

1. El trabajo científico como medio privilegiado de inculturación religiosa

La inculturación religiosa es el proceso de actualizar la fe en una cultura. El trabajo científico se ha ido convirtiendo cada vez más como un tipo de trabajo reconocido como necesario por todas las culturas. Podemos decir que actualmente la práctica de la ciencia y la tecnología es un substrato común de todas las culturas. Por otra parte, la inculturación se desarrolla a partir de una actitud básica de acción de gracias, compasión y trabajo. Dar gracias es acoger, acoger al mundo y acoger a Dios como don que nos es dado. Cuando damos gracias por la presencia de Dios en el desarrollo científico tecnológico, también experimentamos su ausencia, y de este modo la presencia y ausencia de Dios es fuente de compasión que nos mueve a ofrecer toda nuestra persona al trabajo.18 La inculturación manifiesta la íntima unidad que hay entre las actividades científica y religiosa.

Conflicto, independencia, diálogo e integración son modos de describir la interacción entre ciencia y religión. Estas descripciones procuran una buena descripción teórica de esta interacción. Pero la interacción entre ciencia y religión no es, en mi opinión, directa. La ciencia y la religión se encuentran siempre dentro de una cultura. La interacción entre ciencia y religión ocurre en el proceso de inculturación de ambas en una cultura particular. El desarrollo científico presenta nuevos retos a todas las tradiciones religiosas que afectan al últimos significado del trabajo del hombre. Retos relativos a la relación entre la libertad del hombre y la naturaleza, la vida, la sociedad, etc. Frecuentemente es muy difícil encontrar una respuesta a estos retos que sea válida en cualquier parte del mundo. La respuesta es diferente, dependiendo de diferencias culturales.

La inculturación de la ciencia y la religión es el proceso por el que el hombre realiza, dentro de una cultura, a la vez trabajo científico y actividad religiosa. El proceso de inculturación científica religiosa consiste en vivir de tal modo la religión que nos lleve a amar a todas las cosas en Dios, y en realizar de tal modo el trabajo científico que nos lleve a amar a Dios en todas las cosas.

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