IMPORTANTE OPINION DEL ISLAM

El islam es una religión, pero también un código de honor, un sistema legislativo y una forma de vida. Las obligaciones espirituales básicas del islam se resumen en los llamados cinco pilares de la fe. Son estos:

1. Aceptar la shahada o profesión de fe.
2. Las oraciones diarias a Dios, mirando hacia La Meca.
3. Hacer obras de caridad.
4. Ayunar durante las horas de luz del Ramadán, un mes de 29 o 30 días del calendario lunar del islam, que se inicia con la Hégira, la huida de Mahoma a Medina.
5. El “hach”, o peregrinaje a La Meca, al menos una vez en la vida de cada musulmán.

La “yihad” (literalmente, hacer un esfuerzo) es uno de los conceptos más controvertidos de cuantos impregnan la propaganda integrista. Algunos musulmanes lo consideran como un sexto pilar de la fe y lo traducen frecuentemente como “guerra santa”, aunque puede referirse a muchas otras formas de lucha por la fe, como una lucha interior por la purificación y por la extensión del cumplimiento religioso islámico. Su defensa en el Corán sirve a los sectores más radicales para justificar el uso de la violencia en la liberación de un país musulmán. Tal actitud es contestada, sin embargo, dentro de la comunidad musulmana moderada, ya que el Corán dice también que Dios es misericordioso.

La charia es la ley islámica tradicional tal y como fue establecida por las primeras generaciones de juristas musulmanes: el homicida y el apóstata merecen la pena de muerte; el ladrón, la amputación de la mano derecha, y los adúlteros, la flagelación.

Hay ocho palabras en árabe que resumen la creencia central de los musulmanes de todo el mundo: “No hay más Dios que Alá, y Mahoma es su profeta”. Pero el islam no está unido como considera Occidente. Es una comunidad dividida, con muchas caras y escuelas.

La gran aspiración unitaria del islam -la comunidad islámica (“umma”)- se frustró poco después de la muerte de Mahoma, cuya sucesión provocó el cisma político entre la ortodoxia (sunní), ganadora en el enfrentamiento y mayoritaria (90 por ciento de los musulmanes), y la heterodoxia (chiita), rama minoritaria (excepto en Irán, el sur de Irak y parte de Líbano), que agrupa a los que creen que Alí, primo y yerno de Mahoma, era el sucesor legítimo para convertirse en califa.

El Corán, el libro sagrado del islam, contiene las palabras de Dios dictadas al profeta Mahoma por el arcángel Gabriel, y los chiitas consideran que también cabe la interpretación del Corán a la luz de los cambios que se operan en el mundo.

El islam ha tenido un destino manifiesto dinámico. Pero también se trata de una fe política con un gran anhelo de expansión.

Menos de cien años después de la muerte de Mahoma, en el 632 después de Cristo, sus seguidores habían superado las fronteras del desierto de Arabia para conquistar y crear un imperio. Conquistaron el imperio persa y gran parte del bizantino, extendiendo su fe por el norte de África hasta España y por Oriente Medio hasta el río Indo. Desde allí, los devotos comerciantes árabes llevaron posteriormente su fe a Malasia, Indonesia, Singapur y Filipinas. Otros comerciantes introdujeron el Corán en las tribus negras de África. Más tarde, el islam luchó contra los mongoles, los cruzados cristianos y, más recientemente, los imperios europeos.

El islamismo, también conocido como fundamentalismo o integrismo, es la politización, a veces distorsionada y fanática, del islam. Y, además, está el terrorismo islámico.

El debate entre el mundo occidental y el musulmán ha existido desde los orígenes del islam, atrayéndose y repeliéndose según las circunstancias históricas. Se han mirado siempre, pero no se han comprendido nunca. Occidente teme el terrorismo y el fundamentalismo, pero necesita el petróleo depositado en el subsuelo islámico. Y los islamistas acusan a Occidente de ser hostil a su cultura, de respaldar a Israel, al que consideran un intruso en su tierra, y de proteger a los regímenes corruptos y antidemocráticos que controlan el inmenso arco musulmán.

Después de la II Guerra Mundial los imperios coloniales se derrumbaron y en el mundo árabe llegaron al poder fuertes líderes nacionalistas musulmanes, como Gamal Abdel Nasser en Egipto. A comienzos de los años 60 había ya un cinturón de estados independientes y predominantemente islámicos que se extendían de Marruecos a Indonesia. El derrocamiento -caso del primer ministro Mossadeq en Irán, en 1953- o el fracaso de los movimientos nacionalistas laicos, atrapados en la vorágine de la guerra fría, tanto en la lucha contra el Estado de Israel como en el esfuerzo para el desarrollo económico, con recetas capitalistas o comunistas -igualmente occidentales a ojos musulmanes-, terminó convenciendo a importantes sectores de que el islam es su última oportunidad. La ideología islamista nació a principios del siglo ** como reacción a Occidente y a Mustafá Kemal “Ataturk”, padre de los turcos (no árabes).

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