Imágenes para un bandoneón

En el amanecer, un hombre y una mujer, bajo el Pont Neuf, se entrelazan y desnudan esa diablura de la pasión más intensa que es la danza. Bailan para un bandoneón, el de Astor Piazzolla, en la apertura de “Tangos, el exilio de Gardel”. Solanas volvería acudir a esa música en “Sur”, siguiendo los pasos del hombre que tarda tanto en regresar a casa porque está desandando su propia historia. Piazzolla le puso sonido y lirismo a muchas películas, aquí y allá. Acompañó la desazón de dos mujeres –Jeanne Moreau y Lucía Bosé– que eran demasiado para cualquier hombre en “Lumiere”. Dibujó el amor loco de dos hermanos por una mujer en “La intrusa”, traslación un tanto herética del cuento de Borges que dirigió Christensen en Brasil. Se sintió de veras traicionado cuando eligieron al Gato Barbieri para musicalizar “Ultimo tango en París”. En blanco y negro, se lo veía, bandoneón en la rodilla, arrasar con “Fracanapa” junto al Quinteto Nuevo Tango en “Paula cautiva”, de Ayala, otra película sobre el regreso. Iba y venía por el mundo pero cualquiera sabe que no se fue nunca de aquí. Acompañó el amor condenado que subrayó Juan Carlos Onetti en “El infierno tan temido”. Harrison Ford busca desesperadamente a su mujer, secuestrada en París, mientras Grace Jones se prodiga a cada instante con su versión de “Libertango”, en “Frantic”, de Polanski. Y, para mayores sorpresas, “12 monos”, de Terry Gilliam se abre con “Suite Punta del Este”. Mientras pude, lo seguí como un pichicho en Jamaica, en el mítico Tucumán 676 y en Gotán. Cierta vez tocaba en La Noche para una audiencia magra. Entraron unas parejas con aires de patota, medio mamados, dele pedir champán a los gritos. Piazzolla cerró el fueye con estrépito y le hízo señas a sus músicos para que se bajaran del escenario. Me lo topé en la puerta, fumando. Como un idiota, le pedí perdón en nombre de esos animales. Se rió. Estaba acostumbrado al halago y al sopapo. Había crecido en el Bronx. Dijo chau hace 20 años y su música, todavía hoy, adelanta otros 20.

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