Imágenes de la humillación

“Lágrimas de hielo” reúne los relatos de torturas y violaciones que sufrieron los soldados argentinos durante Malvinas.El libro de investigación de Natasha Niebieskikwiat es un cúmulo de datos probatorios y testimonios de primera mano en torno a las torturas y violaciones a los derechos humanos en el transcurso de la Guerra de Malvinas. El libro de investigación de Natasha Niebieskikwiat accedió –y, por lo tanto, hace públicos– a documentos que hasta el momento se habían mantenido secretos. El libro de investigación de Natasha Niebieskikwiat es, pues, un documento demoledor por donde se lo mire.

De Lágrimas de hielo se puede inferir, sin forzar demasiado el argumento, que la Guerra de Malvinas fue la continuación de la dictadura por distintos medios. Numerosos testimonios de soldados con nombre y apellido documentan, por ejemplo, que fueron estaqueados de pies y manos, a modo de castigo, por espacio de dieciséis horas, vestidos sumariamente o, a veces, desnudos, soportando las temperaturas del invierno malvinense; luego del castigo, aquel que sobrevivía podía escuchar la advertencia de algún suboficial (el subteniente Mario Benjamín Menéndez, por ejemplo, homónimo del gobernador militar de las islas) diciendo: “Esto es la guerra, soldado, más vale que guarde silencio porque si no lo vamos a mandar a una junta militar y lo vamos a hacer fusilar.” El soldado Mihalfi rememora la tortura a la que lo sometió el subteniente Flores: “Me estaquearon de las dos muñecas y de los dos tobillos. (…). Flores agarró su granada y me la puso en la boca sin la espoleta para que yo no pudiera escupirla. Yo me estaba ahogando con la granada, y mandó a soldados a tirarme agua helada del lago (…). Y cada cinco minutos venía un soldado y me tiraba agua del lago hasta que en un momento perdí el conocimiento. En una palabra, me destrozaron… Así fueron las torturas mías.” Basta (y sobra) leer todos y cada uno de los testimonios que Niebieskikwiat ha recogido minuciosamente para caer en un estado de estremecimiento que pocos libros de investigación provocan y promueven. Lágrimas de hielo prueba de manera palmaria que la brutal subalimentación de los soldados durante el conflicto armado no fue, precisamente, un mito, sino una monstruosa realidad; a este respecto, los testimonios rozan el límite del asco y de la degradación, como el que aporta el soldado Acuña: “Te voy a contar algo que por ahí te da asco (…) nos trajeron una lata de ensalada de frutas para cada soldado de las posiciones. Te juro por mi hijo que abrí la lata y en la desesperación me morfé todo de una. Y al ratito, ¿vos sabés?, empecé a vomitar. Y como no quería desperdiciar eso… ¡vomité en la marmita! Y después me lo comí otra vez. Te juro por mi hijo…”.

El pacto de silencio

Poco de gesta patriótica dimana de Lágrimas de hielo, más bien campea el desembozado (y tradicional) antisemitismo de los oficiales del Ejército argentino, la idea de pasear a un conscripto con una cadena al cuello como un perro para multiplicar la humillación del castigo, o el porcentaje de sesenta por ciento de bombas argentinas que ni siquiera explotaron en virtud del estado del armamento llevado a las islas. Y, fundamentalmente, la “Cartilla de Recomendaciones” o pacto de silencio que debieron firmar los soldados a instancias de los jefes militares para que una grotesca y etílica patoteada se trocara, en la versión oficial, en heroica incursión. La alegría no es sólo brasileña, y el relato no sólo es kirchnerista (hasta es posible pensar que la Argentina es un país tramado por relatos de distinto signo). Lágrimas de hielo es un libro tan devastador como necesario.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *