Hugo Biagini: “La juventud siempre ha sido carne de cañón”

HONGOS

En las bibliotecas del estudio del filósofo e investigador Hugo Biagini descansan ediciones sobre el movimiento estudiantil argentino y latinoamericano con libros sobre el pensamiento antiimperialista forjado al calor del nacimiento del movimiento obrero. Entre los de autoría asoma el más reciente: La contracultura juvenil: de la emancipación a los indignados (Capital Intelectual) que resultó finalista en el Premio Casa de las Américas. Se trata de un abordaje del mundo joven y su irrupción en la escena contemporánea. De ello habla aquí.

-En su libro, dice que los componentes ético-morales de la idea de generación nacen con la Revolución Francesa, ¿cómo los tomaron los revolucionarios de Mayo?
-No es un reflejo, una cosa especular, como si fuera un cable carril: hay mediaciones, reapropiaciones, reimplementaciones. Con generación, a lo que se está aludiendo es a que hay nuevos actores que por el hecho de ser asociados a determinados estadios de la vida pueden llegar a ocupar un papel considerable para respaldar, acompañar, incentivar un proceso, en este caso revolucionario como fue el de Francia bajo la acción e influencia del Club de los Jacobinos. En ese momento, la idea que acompañaba todo proceso revolucionario era la de empezar de cero: la Historia comienza a partir de nosotros y es una ruptura total con el pasado. La concepción de razón va a acompañar a ese mundo tan  diferenciado y en ese sentido se introduce la idea de educación pública obligatoria; las luces y la instrucción como parte de lo que va  representar el nuevo hombre al que se trata de formar y forjar.

-Jean-Jacques Rousseau se vuelve trascendental…
-Allí aparece la figura del gran Rousseau con la idea del Contrato Social, de que la sociedad, el Estado, el Gobierno puedan formarse a partir de la voluntad general de los individuos, de la soberanía popular. El ciudadano y no el súbdito es el que aparece en escena. Y en ese sentido los  jóvenes van a ser objeto de devoción. Son los que traen las nuevas ideas y las nuevas sensibilidades.

-En América Latina, a principios del siglo XX, uno de los representantes de esas ideas fue José Enrique Rodó.
-Rodó, el modernista uruguayo, siguiendo un poco paralelamente al gran Rubén Darío –y también José Martí, quien creía fervientemente en el poder angélico de la juventud. Poder alado, incondicionado, que no estaba determinado por el peso de los años, de las necesidades biológicas.

-De la rutina…
-Exacto. Podía romper con todos los condicionamientos. Rodó le asigna a la juventud un poderío de tal magnitud que ella va a arrastrar como una carga, una especie de fatalidad que recorrerá todo el siglo XX. El Ariel está dirigido a la juventud nuestroamericana, retomando los  conceptos de Martí. Una juventud que tenía que hacerlo todo: desarrollar la democracia, la ciencia y a su vez producir la integración latinoamericana. Eso ha sido de tal envergadura que ha regado de sangre toda la historia nuestra porque ha sido siempre la juventud la carne de cañón que tenía que salir al frente. No sólo en las guerras absurdas entre Estados de nuestro propio continente como Perú y Chile o entre  Paraguay y Bolivia. Todas esas luchas fueron llevadas a cabo por sectores juveniles que en algún caso luchaban con la pluma pero en otros casos también con la razón de la fuerza, es decir, con las armas, ya sea en la guerrilla rural o urbana. El caso de nuestro propio Che Guevara, un ejemplo por excelencia que recorre todo el continente…

-Con la introducción del marxismo en América Latina, la juventud como motor de cambio es reemplazada por la clase obrera y los jóvenes pasan a cumplir el rol de acompañamiento.
-Esa es la idea que maneja un marxismo mecanicista, clasista; no es lo que puede verse en estos momentos de la historia. Hoy en día vemos que en los frentes sociales no están solamente los trabajadores: en Europa los Indignados están formados por multitudes de todos los sectores.

-Usted subraya en su libro que el 80% de los jóvenes de América Latina están fuera de la universidad como resultado de las políticas neoliberales.
-Bueno, procuro no establecer una correlación tan estrecha. Acá estamos hablando de momentos de enfrentamientos contra un movimiento de globalización o mundialización financiera que es esta apuesta por el Estado ultra mínimo, con ajustes salariales y el menor gasto público. Para esta concepción, el Estado debe cumplir el clásico papel de gendarme: cuidar las propiedades privadas de los habitantes de un país y la frontera exterior; la seguridad, frente al avance de otros países, lo que se llama la libertad negativa: ser libre de no ser robado, de que no te asalten o invadan de otros países. Con el neoliberalismo hay un ajuste muy grande que produce todos estallidos como el de nuestro país y los que se están dando en el hemisferio norte; el primero fue el que se conoció como “globalifobia” pero que es mejor calificarla como  “alterglobalización”.

-Como ocurre con ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Ayuda a los Ciudadanos), por ejemplo.
-Sí, pero también son los nietos de los hippies que salen a la palestra con consignas renovadas, con una diferencia fundamental con los 60 cuando era la juventud estudiantil y a veces la trabajadora la que tomaba las calles con el repudio o con la indiferencia del resto de la sociedad. Hoy participa en cambio el grueso de la sociedad, por más que en las elecciones salgan electos el PP en España o Silvio Berlusconi  en Italia. De todas maneras, hay un gran sector descontento porque están tocando o sólo los bolsillos, sino una cantidad de beneficios que se están perdiendo. Europa era el Estado benefactor por excelencia que aseguraba desde la cuna a la mortaja una vida tranquila, sin altibajos. Los jóvenes contra la globalización son los que proponen “otro mundo posible” en los foros sociales mundiales, los que se levantan
en distintos lugares contra los representantes del poder financiero mundial. Hoy vemos en Estados Unidos el Movimiento Ocupar
Wall Street. Todo el inmenso sector que se siente relegado, por fuera de la premisa básica de la ideología del derrame.

-En los 60 se cuestionaba la democracia…
-Era cuestionada la democracia formal. Ahora se está reclamando una democracia más directa. El primer movimiento en Estados Unidos surgió en Seattle, pero antes habían aparecido el neozapatismo en México y el Movimiento Sin Tierra en Brasil. Son los quejidos de la tierra.

-Al finalizar el libro concluye que frente al panorama devastador del neoliberalismo que arrasa hasta con la naturaleza, usted sigue teniendo optimismo.
-Una cosa puede ser el optimismo de la voluntad y otro el de la inteligencia. Hace diez o quince años atrás nadie iba a pensar, ni siquiera los científicos sociales más agudos que estudian estas tendencias, que podía hablarse de revertir la pobreza y la desocupación en Latinoamérica. Parecería que la gente se está dando cuenta cada vez más de que el poder de los que mandan no es una fatalidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *