Historia y Arte de los Mauryas

Este artículo inicial sobre la historia de la India dedicado a la dinastía Maurya, después de trazar la formación de los primeros estados que la precedieron, aborda el surgimiento y expansión de su imperio para luego estudiar su arte y arquitectura. Es un documento de tipo hipertexto pues clicando en los enlaces (de color marrón) se puede acceder a las fuentes escritas y a imágenes de edificios y esculturas. Un mapa, sumado a los dos de la página de geografía, ayuda a ubicar ciudades y estructuras y a comprender la situación política. He incluido, además, una lista de gobernantes y otra de monumentos.

Los Antecedentes
La India emerge muy lentamente en la historia por la casi total ausencia de fuentes tanto internas como externas. Sólo con la captura por parte de los persas aqueménidas de las regiones del extremo noroeste del subcontinente y su incorporación como satrapías de su imperio se filtran al occidente algunas noticias del país las cuales recoge Heródoto en su “Historia” (430-426 aC). Más tarde, Alejandro, siguiendo la huella de los persas, aborda los confines de la India y sus lugartenientes agregan un testimonio directo aunque no siempre fidedigno que perdura de manera fragmentaria en las obras de los autores clásicos. Información más substancial proporcionan las fuentes budistas que afirman la existencia de 16 estados mayores (maha-janapadas) y multitud de otros menores en la mitad norte del país a mediados del primer milenio aC. La mayoría se repartía el valle del Ganges, otros ocupaban el área centro-occidental y dos el noroeste, en los confines del Indo. La monarquía era la forma de gobierno usual, pero muchos de los estados más pequeños, conservando resabios de una organización tribal, estaban regidos por asambleas de notables, encabezadas por un jefe, pudiendo categorizarse como repúblicas oligárquicas. El estado de Magadha ocupando el sur del actual Bihar en una posición ideal para dominar el transporte de mercaderías sobre el Ganges oriental y con acceso a los yacimientos de Chota Nagpur, proveedores de hierro para herramientas y armas más efectivas, terminó por absorber a sus rivales. La historia de Magadha es oscura, pero sabemos que su política expansionista continuó con la dinastía Nanda cuyo fundador Mahapadma, coronado en 343 aC, era inusualmente un śudra, es decir un miembro de la última de las cuatro grandes divisiones socio-religiosas. Los Nandas lograron en su corta existencia llenar los cofres del erario, gracias al eficiente cobro de impuestos, lo que les permitió financiar un formidable ejército, instrumento de su hegemonía sobre territorios cada vez mas dilatados y sustento de una ambición imperial que sólo el golpe de estado dirigido por Candragupta Maurya en 321 aC pudo frustrar.
En este tiempo, la aldea es todavía la unidad básica de una sociedad eminentemente agrícola sustentada, sobre todo, por el alto rendimiento del cultivo del arroz. Se afianza, sin embargo, una nueva etapa de urbanización, dos mil años después que una primera, la del valle del Indo, se había eclipsado y caído en el olvido. Todavía conocemos poco de estas ciudades incipientes, aparte de su hábito de rodearse de grandes murallas construidas con ladrillos de barro o ladrillos cocidos y, ocasionalmente, con bloques de piedra. El tráfico de mercancías por el Ganges (ver mapa a continuación) era de una importancia crucial para el comercio, conectándose la vía fluvial con la marítima en Tamralipti (Tamluk), puerto de la costa de Bengala adonde llegaban barcos de cabotaje provenientes del sur del país y de Sri Lanka. En el oeste, el puerto de Bharuch (Bhrigukaccha) en el golfo de Cambay proporcionaba una salida hacia el Mar Arábigo, mientras que Taxila, capital de Gandhara, controlaba la ruta terrestre hacia Irán y el Asia Central. Los crecientes intercambios impulsaron la acuñación de las primeras monedas, “grabadas con punzón” en una sola cara, a partir del siglo V aC, con diseños que permitían distinguir la proveniencia. En este período se forman, asimismo, las primeras corporaciones de artesanos y muchos oficios se hacen hereditarios sentando las bases del sistema de castas.

El Imperio Maurya
Una nueva era se inició cuando los Nandas de Magadha fueron derrocados por un tal Candragupta Maurya (c. 321-297 aC) inaugurando así una de las más famosas dinastías de la India antigua. Puede afirmarse que con los Mauryas comienza, de verdad, la historia de la India pues por primera vez contamos con documentos escritos autóctonos. Al mismo tiempo, aparecen los primeros monumentos y obras de arte. El nuevo soberano consolidó la toma nominal del poder mediante campañas militares en el norte y centro del país incorporando a sus dominios el Panjab, todo el valle del Ganges y Orissa para fundar, de hecho, el primer “imperio” del subcontinente. Su mayor empresa de política exterior fue enfrentarse al heredero de Alejandro en Asia, uno de sus generales que con el nombre de Seleuco Nicator I gobernaba el ex imperio persa. La potencia seléucida carecía, sin embargo, de los recursos humanos y militares necesarios para controlar un área tan extensa y ante unos Mauryas en ascenso debió ceder las tierras situadas al sur y al este del Hindu Kush a Candragupta mediante un tratado firmado en el 305 aC. El nuevo status quo fue cimentado por un regalo de 500 elefantes de guerra por parte de Candragupta, por una alianza matrimonial y por intercambio de embajadores.
Fuentes
•Indica de Megasthenes
•Inscripciones de Aśoka
•Artaśastra
•Canon Pali
•Puranas
•Excavaciones de Pataliputra,
Rajgir, Vaisali y otras ciudades
•Monedas

La capital de los Mauryas era Pataliputra (moderna Patna) situada a orillas del Ganges, en la región de Magadha, centro político (aunque no geográfico) del imperio. Se trataba de una ciudad relativamente nueva fundada hacía poco más de un siglo por Ajatasatru, un rey local, como un mero fuerte. En ella se instaló el griego Megástenes, embajador seléucida ante los Mauryas, quien escribió una descripción de la India en la que incluyó no pocos datos sobre su organización social y política. Su obra, intitulada “Índica”, no sobrevivió íntegra el paso del tiempo, pero perdura como epítome en la obra de Arriano y de otros autores clásicos constituyendo una de las principales fuentes para el conocimiento de este período. El griego comenta que la ciudad:

“Tiene la forma de un paralelogramo y está cercada por un muro de madera con troneras para descargar flechas. Posee, además, un foso para defensa y para recibir las aguas servidas”.

“Se extiende con sus barrios habitados hasta una longitud máxima de 80 estadios (c. 14,5 km) y su anchura es de 15 estadios (c. 2,7 km) estando rodeada por un foso de 600 pies (183 m) de ancho y 30 cúbitos (13,7 m) de profundidad. Su muralla está coronada con 570 torres y se abre por 64 puertas”.

La arqueología, además de confirmar varias de estas observaciones, descubrió un gran hall de influencia aqueménida, sustentado por un bosque de columnas, seguramente parte de un palacio real de Candragupta o de alguno de sus sucesores. Megástenes se interesó, también, por el estado y la sociedad Mauryas concibiendo al primero como altamente centralizado y gobernado por una burocracia organizada minuciosamente, subordinada a un rey cuyo estatus era realzado por un magnífico ceremonial. Sus extensos viajes por la India le permitieron obtener información de primera mano sobre su sociedad aunque las barreras culturales pueden haber nublado su interpretación. La describió como compuesta por siete estratos constituidos por filósofos, agricultores, pastores, artesanos, soldados, magistrados y consejeros, afirmando erróneamente la inexistencia de la esclavitud cuya realidad es atestiguada por otros documentos aunque su escala y valor productivo fueron mucho menores que en el mundo grecorromano. También es cuestionable su aseveración de que toda la tierra pertenecía al rey confundiendo, quizás, propiedad con un sistema eficaz de cobro de impuestos los que, por cierto, habían devenido una de las principales fuentes de ingresos del estado en una economía mayoritariamente agraria.
Aún más importante que Megástenes para comprender al mundo Maurya, es el Artha-śāstra (“Ciencia de la Prosperidad”), un manual de economía política y administrativa atribuido por la tradición a Kautilya, un ministro de Candragupta quien mediante una estrategia maquiavélica habría facilitado su acceso al puesto supremo. La datación de esta obra esencial es, empero, problemática ya que si bien la versión disponible parecería ser del siglo II o III dC, una buena parte de su material sería una reelaboración de otro más antiguo. Un segundo problema surge de la índole teórica e idealista del texto cuyas precisiones sobre el funcionamiento del estado no reflejan necesariamente la realidad ni son aplicables sin corroboración a esta era. El Artha-śāstra propone un modelo de gobierno centralizado y detalla puntillosamente una maquinaria burocrática que no excluye el uso de espías y no retrocede ante el asesinato. Según el mismo, las actividades económicas deben estar, en su mayor parte, estrechamente reguladas por los funcionarios y ligadas en última instancia al rey. Confiando en la veracidad de este texto y en los comentarios de Megástenes muchos han supuesto que el estado Maurya, a diferencia de otros posteriores, fue un verdadero imperio cuya gran extensión, aumentada por Bindusara (297-272 aEC) a la península del Deccán, sólo fue posible mediante un firme gobierno monopólico. Esto no parece demasiado verosímil si tenemos en cuenta que durante toda la historia india nunca se vio una organización tan sólida del estado, que la escritura necesaria para una administración eficiente recién nacía y que, como veremos a continuación, la construcción Maurya colapsó apenas unas décadas después de su principio.

Bindusara había completado la obra de su padre Candragupta al conquistar la mayor parte de la península aunque no su extremo sur ni tampoco el interior habitado por tribus indómitas, limitándose a controlar las regiones costeras. Su hijo Aśoka (272 o 268-232 aEC), en cambio, se contentó con conservar estas ganancias manteniendo relaciones amistosas con los reinos meridionales. La fama de Aśoka no depende de su capacidad militar sino de una serie de edictos distribuidos en lugares concurridos del país y redactados para facilitar su comprensión por todo el pueblo en varias lenguas vulgares (prácritos), además de en griego y arameo en el extremo noroeste. La serie más completa de sus inscripciones es la de los “edictos mayores”, catorce en total, grabados en la roca; los “edictos menores”, sobre el mismo material, tienen un alcance más limitado. Otros siete edictos se encuentran burilados en impresionantes pilares de piedra pulida, de una docena de metros de altura, coronados por esculturas.
Los edictos predican un nuevo orden moral o Dhamma (Dharma en sánscrito) motivado, según la confesión del propio Aśoka (nombrado como Piyadasi en las inscripciones), en su arrepentimiento por la destrucción causada por él al conquistar Kalinga (Orissa) en el 260, de hecho la única campaña digna de mención durante su período:

“El rey Piyadasi, amado de los dioses, conquistó Kalinga ocho años después de su coronación. Ciento cincuenta mil fueron deportados, cien mil fueron asesinados y muchos otros murieron. Después de la conquista de Kalinga, el amado de los dioses experimentó una poderosa atracción por el Dhamma, amor por el Dhamma y por la enseñanza del Dhamma. Ahora, el amado de los dioses siente un profundo remordimiento por la conquista de Kalinga y gran pena por las muertes, asesinatos y deportaciones que tienen lugar cuando se subyuga a un país libre”.
Edicto mayor N° 13 (en la roca)

Aśoka en algún momento se convirtió al budismo como lo declara explícitamente en los “edictos menores”, pero el Dhamma si bien está inspirado por el pensamiento budista no contiene elementos doctrinarios sino que se aplica a todos los hombres cualesquiera sean sus creencias o religión:

“El rey Piyadasi, amado de los dioses, dice: no hay don como el don del Dhamma, el conocimiento del Dhamma, la difusión del Dhamma, la relación con el Dhamma. Consiste en lo siguiente: conducta apropiada hacia empleados y sirvientes, respeto a padre y madre, generosidad con los amigos, relaciones, brahmanes y ascetas, y no matar a los seres vivientes”.
Edicto mayor N° 11 (en la roca)

El rey nombró una serie de oficiales encargados de verificar el cumplimiento del Dhamma y de evitar injusticias judiciales al mismo tiempo que tomó medidas prácticas para el bienestar general:

“El rey Piyadasi, amado de los dioses, dice: hice plantar bosquecillos de mango e higueras de Bengala a la vera de los caminos para dar sombra a hombres y animales. Hice cavar pozos y construir posadas y en varios lugares manantiales para el uso de hombres y animales. Pero esos son logros menores. Estas cosas para contentar a la gente las han hecho, también, otros reyes. Mi propósito es alentar a la gente a practicar el Dhamma”.
Edicto mayor N° 7 (en pilares)

El Dhamma no es sólo para el presente sino también para la posteridad:

“Hice escribir este edicto sobre el Dhamma con el fin de persuadir a mis hijos y nietos a no emprender nuevas conquistas militares o si estas ocurren que imperen clemencia y lenidad o, mejor aún, que la conquista sea sólo a través del Dhamma que fructifica en este mundo y en el siguiente”.
Edicto mayor N° 13 (en la roca)

“El amado de los dioses dice: dondequiera haya pilares o lajas de piedra, este edicto sobre el Dhamma debe ser grabado para perdurar mientras vivan mis hijos y nietos y mientras el sol y la luna brillen. Así, la gente recibiendo instrucción pueda practicarla y practicándola alcance la felicidad en este mundo y en el próximo”.
Edicto mayor N° 7 (en pilares)

Las inscripciones de Aśoka constituyen el testimonio inicial de la escritura en la India la cual habría sido introducida desde el Medio Oriente vía el imperio persa. La mayoría de las mismas utiliza un alfabeto, más precisamente un silabario, leído de izquierda a derecha, llamado brahmi, cuya filiación es bastante controvertida aunque, en última instancia, derivaría de precursores semíticos profundamente reelaborados para adaptarlos a la fonología indoaria. El origen del kharosthi, un segundo alfabeto usado en el noroeste del país y leído en sentido inverso al anterior, es más claro ya que parece descender del arameo, un pariente cercano del hebreo. Los pilares de Aśoka no sólo son importantes en la historia de la escritura sino también en la historia del arte, particularmente por los magníficos capiteles zoomorfos en el ápex de sus altos fustes monolíticos que se cuentan entre las primeras esculturas del subcontinente.

Aśoka protegió todas las religiones citando en sus edictos a budistas, jainistas, brahmanes y ajivikas (una secta fatalista), excavando para estos últimos varias cuevas donde refugiarse en la estación de las lluvias. El más favorecido fue, sin embargo, el budismo enviando Aśoka una misión proselitista a Sri Lanka, encabezada por su hijo (o hermano menor) Mahendra, para promover su implantación en ese país. Mantuvo, también, una activa relación diplomática con los seléucidas mediante el intercambio de embajadores y estableció contactos, según lo afirma en una de sus inscripciones, con Antíoco II de Siria, Ptolomeo III de Egipto, Antígono Gonatas de Macedonia, Magas de Cirene y Alejandro de Epiro. Aśoka, como otros soberanos Mauryas, emitió monedas similares, en líneas generales, a las acuñadas por los maha-janapadas aunque las formas se tornaron más regulares y uniformes a lo largo de todo el imperio predominando las emisiones cuadradas con cuatro pictogramas a las que siguieron otras redondas más pequeñas. A las series de plata se sumaron otras en cobre, de menor valor, innovándose con un método que empleaba el metal fundido para verterlo en moldes permitiendo la aplicación de diseños en ambos lados de la moneda.
Los cincuenta años posteriores a la muerte de Aśoka son un anticlímax al estar marcados por la decadencia y la desintegración del imperio. Este se redujo rápidamente hasta quedar limitado al núcleo original de Magadha y Brihadratha, el último de los Mauryas, fue asesinado en 185 aEC por su comandante en jefe para fundar la dinastía Śunga.

El Arte Maurya
La leyenda cuenta que el reparto de los restos del Buda después de su cremación originó una guerra entre siete poderosos reyes los que luego de un arbitraje aceptaron compartir sus reliquias. Cada uno de los monarcas acordó, también, construir un stupa, una suerte de gran montículo conmemorativo, para albergarlas. Aśoka habría destruido estos stupas primordiales, con el fin de recuperar las preciadas reliquias y distribuirlas en el excesivo número de 84.000 nuevos stupas. Estas ficciones contienen un fondo de verdad al subrayar el rol clave del rey Aśoka en la historia religiosa y artística de la India señalando, asimismo, al stupa como la forma más significativa de arquitectura durante el apogeo de los Mauryas. Este era inicialmente de tierra, pero luego fue reemplazado por estructuras más permanentes. Restos de un stupa temprano fueron revelados por las excavaciones de Vaiśali, no lejos de la capital Pataliputra. Hecho con ladrillos cocidos y provisto de pequeñas plataformas salientes en los puntos cardinales, fue agrandado en tres oportunidades, comenzando en la era pre-Maurya. El núcleo inicial de otro stupa de esta época, el Dharmarajika en Sarnath (cerca de Varanasi), era al igual que el anterior de ladrillo siendo, luego, englobado por estructuras de piedra como lo fueron otros en Pakistán adonde el budismo se propagó precozmente.
Una especie de templo budista, llamado caitya, se asociaba frecuentemente a los grandes stupas. Ninguno ha sobrevivido íntegro el paso del tiempo y la prueba de su existencia temprana la aportan excavaciones arqueológicas en la misma Sarnath y en el corazón de Madhya Pradesh, en Sanchi, donde se identificaron estructuras constituidas por un cuerpo oblongo y un extremo absidal, albergando este último un pequeño stupa. En Bairat, una antigua ciudad del Rajasthán, en cambio, se encontró un caitya de base circular provisto de una cúpula sostenida por pilares de madera (figura a la derecha). El caitya devino más tarde uno de los hitos de la arquitectura rupestre al adoptar como modelo la primera forma y consistir, en su madurez, en un hall rectangular abovedado con uno de sus extremos redondeado para albergar un stupa cultual.
En la era Maurya el caitya rupestre es todavía embrionario como puede verse en las cuatro grutas de Barabar al norte de Bodh Gaya, las únicas excavadas con certeza en esta época. La datación es posible por una inscripción del emperador Aśoka en una de ellas indicando su donación a la secta determinista de los ajivikas en el décimo año de su reinado (263 o 258 aEC) para que sus adeptos pudieran refugiarse en la estación de las lluvias.
Monumentos in situ
•Cuevas de Barabar, Bihar
•Stupa Dharmarajika en Sarnath, Uttar Pradesh
•Pilar de Aśoka en Vaiśali, Bihar
•Pilar de Aśoka en Lauriya Nandangarh, Bihar
•Capitel de Aśoka, Sankissa, Uttar Pradesh
•Elefante en Dhauli, Orissa

Esculturas en museos
•Capitel de Aśoka, Sarnath (Museo de Sarnath)
•Capitel de Aśoka, Sañchi (Museo de Sañchi)
•Capitel de Aśoka, Rampurva (Museo de Calcuta)
•Torso de Lohanipur (Museo de Patna)
•Capiteles pseudojónicos de Sarnath y Pataliputra
•Capiteles con toros de Kumrahar y Lohanipur
•Discos de piedra
•Figurinas de terracotta
Dos de las grutas de Barabar son simples halles rectangulares, pero en las dos restantes (Sudama y Lomas Rishi) un hall oblongo con bóveda de cañón, perpendicular a la entrada, se conecta mediante una puerta interna con una cámara circular revestida de una cúpula. La gruta de Sudama carece por completo de decoración aunque el interior es realzado por un pulido minucioso de los muros responsable de un brillo especial, característico de muchas obras Mauryas. La de Lomas Rishi, en cambio, ostenta sobre la puerta de entrada el primer ejemplo de gavaksha o arco en herradura (aquí ligeramente ojival), empleado de ahora en más, regularmente, en este y en otros tipos de monumentos con fines decorativos o estructurales. En Lomas Rishi es puramente ornamental reproduciendo en forma esquemática elementos de un prototípico edificio abovedado de madera con postes, capiteles trapezoidales, travesaños y un pináculo. Por debajo hay un friso de elefantes terminando en una suerte de cocodrilos fantásticos llamados makaras, el estreno de uno de los motivos más populares del arte indio.
Las muestras de la arquitectura civil de los Mauryas son magras por la falta de estudios arqueológicos adecuados y porque en este tiempo, al igual que durante toda la era preislámica, se utilizaron en ella casi exclusivamente materiales perecederos, reservándose la piedra para los edificios religiosos. En Pataliputra, aparte de las murallas defensivas, lo único significativo son los restos de un amplio hall sostenido por unos ochenta pilares de madera sobre bases de piedra, imitando las salas de recepción de los palacios aqueménidas. La influencia irania se detecta, también, en los pilares de Aśoka rematados con espléndidos capiteles zoomorfos. Parte arquitectura, parte escultura, son unas de las primeras obras de arte creadas en la India. Los pilares, con un promedio de 15 metros de altura (incluyendo unos tres bajo tierra) y hasta 50 toneladas de peso, son una muestra de los recursos y organización a disposición del imperio ya que muchos fueron extraídos de Chunar, una cantera cercana a Varanasi, y transportados a su destino final, distante, por lo general, cientos de kilómetros. Dos se conservan intactos en su emplazamiento original, en Vaiśali (figura a la derecha) y Lauriya Nandangarh, al norte de Patna, en ambos casos sus capiteles figurando un león sentado sobre un ábaco y un loto campaniforme. De otros pilares sobreviven apenas sus capiteles como el de los leones cuádruples del museo de Sarnath, hoy símbolo nacional de la India, esculpido con cuatro ruedas de la doctrina en el ábaco a las que se sumaba otra de grandes dimensiones en su cúspide. Hay uno similar en el museo de Sañchi, pero no tan bien conservado. Las esculturas no se limitaban a felinos pues la del capitel de Rampurva es un toro y la del de Sankissa, en Uttar Pradesh, todavía in situ, representa un elefante. Otros edictos fueron tallados en moles rocosas, a veces acompañados de figuras animales como en Dhauli, en el estado de Orissa, donde se preserva la parte delantera de un proboscidio monumental.
Además de las anteriores, hay un reducido grupo de estatuas independientes, imposibles de datar con certeza, de las que dos torsos de hombres desnudos de Lohanipur (museo de Patna), probablemente ascetas jainistas, tienen buenas probabilidades de ser Maurya. Como los pilares, han sido finamente pulidos y por su tratamiento recuerdan extrañamente a un torso del valle del Indo ejecutado más de un milenio y medio atrás. En cambio, la famosa portadora de cauri (una suerte de espanta moscas) de Didarganj, en el mismo museo, que muchos autores han considerado Maurya por ser de piedra de Chunar pulida, parece pertenecer a una época posterior. Otras piezas de probable origen Maurya son dos capiteles en una suerte de estilo jónico encontrados en Sarnath y en el área de Pataliputra, este último con un diseño floral, a los cuales hay que sumar un par de capiteles de Kumrahar y Lohanipur rematados por toros adosados. Finalmente, hay que citar enigmáticos discos de piedra labrados en su superficie con imágenes de mujeres desnudas relacionados, quizás, con un culto de la fertilidad y figurinas en terracotta entre las que destacan representaciones de la diosa madre con elaborados tocados y ornamentos.

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