Historia de un despojo

Durante el gobierno peronista, esta empresa sufrió una serie de arbitrariedades que culminaron en su liquidación total; sin embargo, tres décadas después resurgió y volvió a posicionarse entre las más innovadoras del sector.
Attilio Massone nació en Reco, Italia, en 1863. Tuvo una juventud muy agitada por sus convicciones republicanas y liberales, por lo que cuando sólo contaba con 25 años, decidió partir y se radicó en Argentina. Fue periodista, fundó diarios y otras publicaciones y se convirtió en un referente de la comunidad italiana en nuestro país. En uno de sus habituales viajes a Italia, en 1901, se relacionó con industriales farmacéuticos e inmediatamente comenzó sus actividades es este rubro en la Argentina. Inicialmente importaba productos terminados de origen italiano, pero muy pronto estableció en Florencio Varela los Laboratorios Buenos Aires, donde comenzó sus tareas como industrial farmacéutico. Attilio Massone murió en 1920 y sus hijos, Arnaldo y Atilio continuaron con la empresa, cuya gestión ya estaba a cargo de ellos desde hacía algún tiempo. Los años sucesivos fueron de gran progreso y la empresa creció hasta convertirse en una de las mayores del sector. En 1930, luego de obtener tecnología de punta en Europa, se construyó el edificio en el que instalaron los laboratorios de producción, de investigación y desarrollo y la planta industrial de principios activos1 de la avenida del Libertador. Allí se elaboraban los principales productos opoterápicos2 de uso en la industria farmacéutica internacional. La empresa se convirtió en la mayor exportadora latinoamericana de productos opoterápicos y su nombre y prestigio la llevaron a exportar sus productos a varios países. Por otra parte, la línea de especialidades medicinales se fue completando con productos de desarrollo propio y con licencias de terceros. En 1950 se vendían 77 especialidades medicinales con el nombre “Massone” en Argentina y las principales de ellas se exportaban o se comercializaban bajo licencia en Brasil, Uruguay, Chile, Perú, Colombia, Venezuela, México y Cuba, para citar sólo los principales países. Era, ciertamente, la empresa farmacéutica líder en América Latina. Arnaldo Massone tuvo desde muy joven una amplia participación en actividades empresarias de primer nivel. Su mayor responsabilidad fue ocupar la presidencia de la Cámara Argentina de Comercio, en momentos en que el país comenzaba a adoptar una línea política que se separaba de sus convicciones más profundas. Desde la Cámara fustigó enérgicamente la línea económica del gobierno peronista y se granjeó la antipatía del régimen. A partir de ese momento, se inició la persecución contra él y su empresa, que fue intervenida por el Gobierno Nacional en octubre de 1950 y sometida a un cuidadoso proceso de destrucción, que incluyó el remate de todas sus instalaciones industriales y de servicios. Nada quedó de ella en 1954, cuando un insólito fallo de la Corte Suprema de Justicia absolvió de culpa y cargo a los directivos de Instituto Massone S.A. Para ese entonces, Atilio Massone ya había dejado la cárcel de Villa Devoto, donde estuvo detenido y Arnaldo Massone vivía en Montevideo, luego de obtener el status de asilado político en Uruguay

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