Historia de Portugal

El actual territorio portugués fue originalmente habitado por poblaciones ibéricas del Paleolítico, que produjeron las pinturas rupestres del Valle del Côa. El território al sur del río Duero (en portugués Douro) hasta el Algarve era conocido como Lusitania y constituía la mayor parte de la provincia romana homónima.

Los suevos, después de la caída del Imperio Romano de Occidente se establecieron en en territorio que englobaba la actual Galicia hasta el rio Tajo (en portugués Tejo), cuya capital era Braga. Los visigodos conquistaron este reino en 580. Más tarde invadido por los musulmanes, el condado de Portugal, o Condado Portucalense, se estableció después de la conquista de la ciudad de Oporto (en portugués Porto) por Vímara Peres en el 868 como parte de la monarquía astur-leonesa.

Portugal se constituyó como reino independiente con D. Afonso Henriques, como es más conocido el primer rey de Portugal, Alfonso I. En su reinado se conquistaron a los musulmanes las grandes ciudades de Santarém, Lisboa y Évora. Terminada la parte portuguesa de la Reconquista en 1249, la independencia estuvo en peligro por la presencia castellana, como resultado de la crisis de 1383-1385 por la sucesión del rey Fernando I.

La independencia queda garantizada en la batalla de Aljubarrota con la aniquilación total del ejército castellano y la aclamación popular de Juan I, hermano de Fernando I pero hijo ilegítimo de Pedro I, que representaba el inicio de la segunda dinastía, la de Avis.

Con el fin de la guerra, Portugal inició el proceso de exploración y expansión conocido como Descobrimentos, entre cuyas figuras principales figuran el Infante D. Henrique, el navegante, y el rey Juan II. El cabo Bojador fue doblado por Gil Eanes en 1434, y la exploración africana continuó hasta que Bartolomeu Dias ya en 1488 comprobó la comunicación entre los oceanos Atlántico e Índico pasando por el cabo de Buena Esperanza.

En rapida sucesión se descubrieron las rutas y tierras de América del Norte, América del Sur, y el Oriente casi todo en el reinado de Manuel I. Fue la expansión en el Oriente, sobre todo gracias a las conquistas de Alfonso de Albuquerque que, durante la primera mitad del siglo XVI, concentró casi todos los esfuerzos de los portugueses, a pesar de que ya en 1530 Juan III habbía comenzado la colonización de Brasil. En su reinado se se llegó a Japón y probablemente a Australia.

El desastre militar en la batalla de Alcazarquivir en Marruecos en 1578 adonde murieron, fueron capturados o desaparecieron el rey Sebastián I y la mayor parte de la nobleza portuguesa, originó la nueva crisis de sucesión en 1580, en que el rey de España Felipe II fue declarado también rey de Portugal como D. Filipe I iniciandose la Dinastia de reyes extranjeros, la Filipina(Véase: Unión Ibérica).

Después de 60 años de frustraciones, gastos y sacrificios en guerras ajenas al país y de las cada vez mas evidentes tentativas de asimilación del reino para formar el mismo Estado español, el 1 de diciembre de 1640 una conspiración de nobles portugueses «decapitó» la cada vez mas numerosa administración castellana del reino. De todas formas se necesitaron más de 30 años en la guerra de Restauración, avances y retrocesos, para que el estado español reconociera lo inevitable.

El rey aclamado fue entonces Juan IV, iniciándose con el la 4ª Dinastia, la de Bragança. Debido a la incompetencia de la administracion castellana del reino se perdieron muchas colonias, como Brasil, Angola, Ceilán, y la mayoria de las posesiones en Asia, aunque con mucho esfuerzo algunas fueron recuperadas.

A finales del siglo XVII y durante la primera mitad del siglo XVIII se asistió al florecimiento de la exploración minera de Brasil, en donde se descubrieron oro y piedras preciosas que hicieron de Juan V uno de los monarcas mas opulentos de Europa. El desarrollo económico del reino se basó, sin embargo, en sus colonias y en el comercio con Inglaterra, a pesar de los esfuerzos del Marqués de Pombal, Primer Ministro del rey José I entre 1750 y 1777 para invertir la situación. En este reinado hubo un gran terremoto que devastó Lisboa y el Algarve el 1 de noviembre de 1755.

Para no quebrar la alianza con Inglaterra y, al rehusar a adherirse al Bloqueo Continental, Portugal fue invadido por los ejércitos napoleónicos en 1807. La Corte y la familia real se refugiaron en Brasil y la capital se trasladó a Rio de Janeiro, adonde permanecieron hasta 1821 cuando Juan VI, desde 1816 rey del Reino Unido de Portugal, Brasil e Algarves, regresó a Lisboa para jurar la primera Constitución. Al año siguiente, su hijo Pedro era proclamado emperador del Brasil independiente.

Durante el resto siglo XIX, Portugal vivió periodos de gran perturbación política y social (una guerra civil y repetidas revueltas y pronunciamientos militares, como la Revolución de Septiembre, la Maria da Fonte, la Patuleia, etc.) y solo con el Acto Adicional à Carta fue posible una calma política y el inicio de políticas de fomento protagonizada por Fontes Pereira de Melo.

A finales del siglo XIX, las ambiciones coloniales portuguesas entraron en colisión con las inglesas, estando en el origen del Ultimátum de 1890. El ceder a las exigencias británicas y los crecientes problemas económicos lanzan a la monarquia en un descrédito creciente, y tanto Carlos I como el príncipe real Luis Felipe son asesinados el 1 de febrero de 1908.

Poco después, el 5 de octubre de 1910, se instaura la República. El rey Manuel II se exilia en Inglaterra. Luego de varios años de inestabilidad política, con luchas de trabajadores, tumultos, levantamientos, homicidios políticos y crisis financieras (que la participación en la Primera Guerra Mundial ayudó a profundizar), el Ejército tomó el poder mediante un golpe de estado el 28 de mayo de 1926. La dictadura militar nombró como Ministro de Finanzas a António de Oliveira Salazar, profesor de la Universidad de Coimbra, quien en 1932 es nombrado Presidente do Conselho de Ministros (Presidente del Consejo de Ministros).

Al tiempo que restauró el equilibrio en las finanzas, instituyó el Estado Novo, régimen corporativo, tradicionalista y autoritario, con afinidades bien marcadas al fascismo, por lo menos hasta 1945. Durante la Segunda Guerra Mundial, Portugal toma una actitud neutral-colaborativa, siendo respetado por las dos partes de la contienda, mientras comercia con los Aliados y con el Eje durante toda la guerra.

Todos los territorios portugueses en el mundo se transforman en paraósos de paz para los refugiados, y sólo el territorio de Timor Oriental sufre con la guerra, primero por la invasión de las tropas de Australia como forma de defensa avanzada contra el hasta entonces invencible ejército japonés, y después por el Japón como respuesta.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, Portugal es miembro fundador de la alianza militar OTAN. En 1968, tras sesenta años de dictadura, Oliveira Salazar se retira del poder por enfermedad y es sucedido por Marcelo Caetano.

La reticencia del régimen en descolonizar las Províncias Ultramarinas, resultó en el inicio de una guerra en tres frentes en otro hemisferio. Primero en Angola (1961) y enseguida en Guinea-Bissau y Mozambique (1964). A pesar de las críticas de algunos de los mas antiguos oficiales del Ejército, entre ellos el entonces general António de Spínola, el Gobierno parecía determinado en continuar esta política.

A raíz de su libro Portugal e o Futuro, en que defendia la insustentabilidad de una solución militar en las guerras de Ultramar, Spínola sería destituído, lo que agravó el creciente malestar entre los jóvenes oficiales del Ejercito, algunos de los cuales dieron un golpe de estado el 25 de abril de 1974.

El golpe militar pacífico (la Revolução dos Cravos, Revolución de los Claveles) inició amplias reformas democráticas y económicas. Al año siguiente Portugal concedió la independencia a sus colonias en África: Mozambique, Angola, Guinea-Bissau, Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe) y perdió su colonia de Timor Oriental en Asia debido a una invasión por parte de Indonesia. Macao, la última colonia en Asia, fue devuelta a la soberanía china el 20 de diciembre de 1999.

En la actualidad es uno de los miembros de la Unión Europea, habiendo accedido a la CEE el 1 de enero de 1986, y siendo uno de los 12 países que adoptaron el euro el 1 de enero de 2002.

En los años que siguieron al golpe de 1974, Portugal experimentó tensiones revolucionarias, hasta establecerse finalmente como democracia constitucional. Los cuatro órganos principales de la política portuguesa son la Presidencia de la República, el Primer Ministro y el Consejo de los Ministros (el Gabinete), la Asamblea de la República (el Parlamento), y la Judicatura.

El presidente de la República se elige para un periodo de cinco años por sufragio directo universal; también es comandante en jefe de las fuerzas armadas. Los poderes presidenciales incluyen designar al Primer Ministro y al Consejo de los Ministros, cuyo presidente debe ser propuesto de acuerdo con los resultados electorales por la asamblea.

Dirige el gobierno un Primer Ministro, que nombra al Consejo de Ministros. Este primer ministro debe presentar ante la Asamblea su programa de gobierno. Si la asamblea aprueba el programa por una mayoría de diputados confirma el gobierno en cargo.

La Asamblea de la República es un parlamento unicameral integrado por hasta 230 diputados, elegidos por sufragio universal según un sistema de representación proporcional, los diputados tienen un mandato de 4 años, a menos que el presidente disuelva la asamblea y convoque nuevas elecciones.

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