HISTORIA DE LA INDIA

Las raíces de la civilización india se remontan a la prehistoria. La primera actividad humana en el sub-continente se encuentra en la temprana, media y tardía Edad de Piedra (400 mil – 200 mil a.C). Estos pueblos fueron cazadores y recolectores semi-nómadas durante milenios. Las primeras pruebas de asentamientos agrícolas en las planicies occidentales del Indo son contemporáneas de poblados similares en Egipto, Mesopotamia y Persia.

La primera civilización india conocida, punto de partida de su historia, se remonta a alrededor del 3000 a.C. Fue una civilización con un alto desarrollo urbano. Dos de sus ciudades, Mohenjodaro y Harappa, en el valle del Indo (actual Pakistán) representan el nivel más alto de estos asentamientos. Edificaron enormes templos, se dedicaron a la agricultura de regadío y mantuvieron un activo intercambio comercial con pueblos del Golfo Pérsico y Sumeria (Irak).

En el siglo XVI a.C los arios (indoeuropeos) llegaron a la India y sometieron a la población local. Introdujeron el caballo, armaduras de hierro y el idioma sánscrito, base de la mayoría de las lenguas indias. La guerra de caballería facilitó la rápida expansión de la cultura aria a través del norte de la India y permitió el surgimiento de grandes imperios. Los arios no conocían la escritura pero desarrollaron una rica tradición (compusieron los himnos de los vedas, grandes poemas filosóficos que son el corazón del pensamiento hindú). La civilización que forjaron, que luego se llamó védica, tenía su base en un rígido sistema de castas, en el cual los conquistadores integraban la nobleza dominante.

El siglo VI a.C. fue de agitación social e intelectual en la India. Comenzó la prédica de Gautama Buda y de Mahariva Jina. Las dos grandes religiones, budismo y jainismo, tuvieron influencia decisiva en la formación de la cultura india. Los monjes budistas extendieron luego su religión a lo que hoy es China, Japón, Corea, Sri Lanka y el sudeste asiático.

A finales del siglo III a.C. Chandragupta Maurya unificó el norte de la India y formó el primer gran imperio indio. El más grande de sus emperadores fue Ashoka (286-231 a.C.).

La edad de oro de la historia india comienza con el Imperio Gupta, que duró dos siglos (IV y V). Florecieron las artes y se realizaron trabajos eruditos sobre matemática, astronomía y medicina. Fue en esta época que se escribió el Kamasutra, célebre tratado sobre el amor.

La invasión de los hunos blancos significó el fin del Imperio Gupta; la India norte se desmembró en diversos reinos y no volvió a unificarse hasta la llegada de los musulmanes.

En el sur surgieron grandes dinastías rivales como los cholas, pandyas y pallavas (estos últimos crearon la arquitectura dravidiana, de estilo barroco).

Las invasiones musulmanas que comenzaron en el 700 fueron de gran impacto para la cultura india (lengua, vestimenta, arquitectura y valores sociales). En 1192 el poder musulmán llegó a la zona con carácter permanente. El más importante imperio musulmán fue el de los mogoles, dinastía de Asia Central fundada por Babur a principios del siglo XVI. Durante el reinado de Shahjehan se trasladó la capital a Delhi y se construyó el Taj Mahal (hacia 1650).

En 1296 Ala-ud-din Khalji se autoproclamó Sultán de Delhi y, para 1311, toda India se encontró bajo el sultanato. Para contrarrestar el poderío musulmán, en 1336 se fundó, con capital en Hampi, el Imperio Vijayanagara, el reino de la alianza hindú. Con el correr del tiempo, varios levantamientos dividieron el imperio y los sultanatos musulmanes formaron una nueva alianza. En 1565 la coalición de sultanatos venció al ejército de Vijayanagar. Como resultado de esto, el poder sobre la región pasó a gobernantes musulmanes. Luego sus reinos fueron anexados al Imperio Mogol (1529-1857).

La llegada de los europeos inició a una etapa crucial en la historia de la India. En 1687, la Compañía de las Indias Orientales británica se instaló en Bombay y durante todo el siglo XVIII su ejército particular libró la guerra contra los franceses, a quienes derrotó en 1784. A partir de 1798 las tropas de la Compañía, comandadas por Richard Wellesley, emprendieron la conquista metódica del territorio indio.

Los británicos gobernaron la India a través de la Compañía de las Indias Orientales. El país se convirtió en «la joya de la Corona británica» y su explotación posibilitó el desarrollo de la naciente Revolución Industrial, al proveer a la industria británica de materias primas baratas, de capital y de un amplio mercado cautivo. La economía india fue desmantelada. Se suprimió la exportación de telas de excelente calidad, realizadas de modo artesanal y doméstico, que eran un obstáculo para la expansión de la industria textil inglesa. La ruina de esta industria trajo aparejado el empobrecimiento masivo de los campesinos. La tierra fue reorganizada bajo el cruel sistema Zamindari para facilitar el cobro de impuestos que enriquecían las arcas británicas. Los campesinos fueron obligados a cambiar su agricultura tradicional por una de productos de exportación (índigo, yute, café y té). Esto trajo como resultado severas hambrunas.

Hacia 1820 Gran Bretaña controlaba casi toda India, excepto Punjab, Cachemira y Peshawar, gobernado por su aliado, el sikh Ranjit Singh. Los británicos anexaron esos territorios en 1849, después de la muerte de Singh. Los «aliados leales» mantuvieron una autonomía nominal, que les permitía conservar sus cortes, palacios y privilegios, para satisfacción de los visitantes europeos.

La consigna colonialista era «dividir para reinar»: se enviaban mercenarios de una región para someter a otra (como fue el caso de los gurkas nepaleses o los sikh de Punjab). También se utilizaron las diferencias religiosas; por ejemplo a principios del siglo XX, una reforma electoral estableció que los musulmanes, hindúes y budistas podían votar solamente a candidatos de su misma religión. Durante el período colonial, esta manipulación generó innumerables explosiones sociales.

La más importante fue la llamada rebelión de los cipayos (soldados indios al servicio de Inglaterra) de 1857-1858, que comenzó como una protesta en los cuarteles que luego incorporó otras reivindicaciones, y se convirtió en una protesta de todo el país. Hindúes y musulmanes se unieron y llegaron inclusive a proponerse la restauración del Imperio del Gran Mogol. Al fin de la rebelión se disolvió la Compañía de las Indias Orientales y el país se convirtió en dominio británico gobernado por un virrey. La reina Victoria incorporó el título de Emperatriz de la India.

El sistema educativo concebido para capacitar a los «nativos» en la administración colonial no cumplió exactamente con esta finalidad sino que permitió la creación de una élite intelectual, familiarizada con la cultura y el pensamiento europeos. Esa intelligentsia confluyó, años más tarde, en el Congreso Nacional Indio (1885), en el que también participaron liberales británicos, y que durante mucho tiempo se limitó a proponer cambios superficiales a la administración británica.

Cuando Mohandas K. Gandhi, abogado educado en Inglaterra, regresó a la India en 1915, la causa de la independencia se hizo masiva. Ganhdi había participado en Sudáfrica en la lucha contra el Apartheid, donde había desarrollado una técnica de agitación no violenta a la que llamó Satyagraha (dominación moral). Fue un devoto del hinduismo, la tolerancia, la hermandad de todas las religiones y de la no-violencia (Ahimsa). Su vinculación con el Congreso Nacional Indio, donde militaba el joven Yawaharlal Nehru, reforzó el ala más radical de ese movimiento, especialmente después de la matanza de Amritsar (1919), en la cual una manifestación fue reprimida a tiros (380 muertos y 1.200 heridos, según fuentes inglesas).

Por iniciativa de Gandhi, el Congreso impulso el Movimiento de No Cooperación (1920-1922) y de Desobediencia Civil (1930). Una de las más importantes movilizaciones fue la Marcha de la Sal, en la que Gandhi guió a un grupo de sus seguidores en un viaje a la remota aldea de Dandi, para aprovisionarse allí de sal. El acto era una simbólica violación de la ley británica, que establecía el monopolio de la recolección y venta del vital mineral.

La campaña mostró la eficacia de la oposición civil. El movimiento fue auténticamente nacional; en extensión y profundidad incluía la no participación en elecciones u organismos administrativos, la no concurrencia a las escuelas inglesas, la no violencia, el no consumo de productos ingleses y la aceptación pasiva de las probables represalias penales consiguientes. Las mujeres participaban por primera vez en manifestaciones, las cárceles se desbordaban con presos que afluían sin cesar y sin resistirse, y las autoridades coloniales no sabían qué hacer.

Gandhi se consagró entonces como Mahatma (Alma Grande), en reconocimiento a su liderazgo y se convirtió en el interlocutor obligado de los ingleses, quienes al fin de la Segunda Guerra no tuvieron otra salida que negociar la independencia (1947).

La Unión India reunió una gran diversidad de grupos étnicos, lingüísticos y culturales, que sostuvieron en principio una relación conflictiva y se sucedieron las masacres que Gandhi hasta su muerte, asesinado por un fanático hindú en 1948, logró sofocar parcialmente a fuerza de ayunos. El subcontinente quedó finalmente dividido en dos estados; por un lado la Unión India, y por otro Pakistán, creado para nuclear a la población musulmana en un solo estado (ver Pakistán y Bangladesh). Los sikhs, (2% de la población) que tenían una gran lista de mártires de la independencia, reclamaron también un Estado independiente en el Punjab, que no les fue concedido.

La división de Pakistán e India llevó a que, en 1947, 562 principados debieran elegir a qué Estado pertenecer. El gobierno local de Cachemira, de población mayoritariamente musulmana, intentó evadir esa responsabilidad, pero una invasión de tribus pakistaníes llevó a que se volcara hacia India, a cambio de ayuda militar. Luego de la Guerra Indo-Pakistaní de 1948-49, Cachemira fue dividida en dos partes: Azad Kashmir (Cachemira libre) pasó a Pakistán, y el Estado de Jammu y Cachemira –de mayoría musulmana– se integró a la India.

Después de la independencia, el primer ministro Jawaharlal Nehru, junto con Sukarno, Nasser y Tito, forjó el concepto de no alineamiento político de los países en lucha por la independencia y soberanía plenas y elaboró para su país una política de desarrollo basada en la idea de que la industrialización traería la prosperidad.

En pocas décadas, la India logró adelantos tecnológicos que le permitieron poner satélites en órbita y detonar una bomba atómica en 1974, lo que la convirtió en la primera potencia nuclear del Movimiento de Países No Alineados, si bien no logró resolver los problemas de alimentación de su pueblo.

La crisis económica de comienzos de la década de 1970 golpeó duramente a la India, dependiente de las importaciones de petróleo. Las exportaciones industriales no crecieron lo suficiente como para compensar el aumento de precios de las importaciones, ni la demanda de alimentos de una población que crecía a un ritmo de 15 millones por año. La crisis y la resistencia popular a las campañas de esterilización masiva llevaron al gobierno de Indira Gandhi (la hija de Nehru, que asumió el cargo de primera ministra a la muerte de su padre en 1966) a declarar el estado de emergencia en 1975 y a establecer la censura de prensa.

El gobierno de Indira Gandhi abandonó la tradicional orientación popular del Partido del Congreso y aceptó los lineamientos económicos del Banco Mundial. Con esta decisión perdió el respaldo popular, pero sin lograr totalmente un apoyo de los sectores empresariales (particularmente los ligados al capital extranjero), que reclamaban concesiones aún mayores. El gobierno se vio obligado a convocar a elecciones parlamentarias en marzo de 1977. El Partido del Congreso sufrió una derrota abrumadora y triunfó el Partido Janata, coalición heterogénea, formada por sectores de derecha escindidos del Partido del Congreso, el Partido Socialista, dirigido por el líder sindical George Fernandes y el Congreso por la Democracia, liderado por Jagjivan Ram, ex ministro de Indira Gandhi.

No hubo cambios importantes en la política exterior de no alineamiento durante el mandato del anciano primer ministro Morarji Desai, que no pudo cumplir sus promesas de pleno empleo y mejoras económicas.

Indira Gandhi regresó al poder en enero de 1980. Su administración se caracterizó por la concentración de poder y las acusaciones de burocracia y corrupción estatal, con las cuales su imagen se fue deteriorando. En el Punjab, el gobierno enfrentaba cada vez más exigencias de autonomía por parte de los sikhs. Algunos grupos pequeños de militantes sikhs perseguían a los hindúes para expulsarlos de Punjab y crear una mayoría absoluta sikh en la provincia. El paso siguiente sería la división y la formación de un «Khalistan» separado. Indira acusó a «fuerzas del exterior» (Pakistán y Estados Unidos) de desestabilizar el país.

Con posterioridad al asesinato de Indira Gandhi a manos de militantes sikhs en 1984, miles de éstos fueron víctimas del revanchismo indiscriminado de grupos paramilitares hindúes. Pasando por alto las formalidades institucionales y partidarias, el hijo de Indira, Rajiv, fue promovido rápidamente al cargo de primer ministro y líder del Partido del Congreso.

Las elecciones de enero de 1985 le otorgaron un gran respaldo. A pesar de la clara victoria, regiones como Karnataka, Andhra Pradesh y Sikkim, dieron la espalda a Gandhi.

El nuevo primer ministro designó a un conciliador como gobernador del Punjab, liberó a los presos políticos y dispuso que los militantes de su propio partido que habían participado de la violencia contra los sikhs fueran juzgados y sancionados, preparando el camino para dialogar con el «Akali Dal», partido mayoritario regional de los sikhs y otros grupos disidentes. Los partidarios de la autonomía de Punjab propusieron que el gobierno central indio conservara su responsabilidad en materia de defensa, relaciones exteriores, emisión de moneda, correo, carreteras y telecomunicaciones. Por su parte, el gobierno local contaría con una mayor autonomía que los otros estados de India.

En 1987 India intervino en el conflicto de Sri Lanka. Presionó por un cese del fuego entre singaleses y tamiles y por la firma de un acuerdo, enviando tropas. Tres años más tarde, las Fuerzas de Paz Indias se retiraron discretamente.

La política exterior de la India se mantuvo fiel al no alineamiento, pero se anunciaron algunos cambios internos. Rajiv Gandhi prometió al sector privado el levantamiento de las restricciones a las importaciones y la compra de tecnología extranjera.

Las tensiones entre India y Pakistán se acentuaron en marzo de 1990 debido al apoyo pakistaní a los movimientos autonomistas de Cachemira. En noviembre recrudecieron las confrontaciones entre hindúes y musulmanes, en medio de un agravamiento de la crisis económica. El primer ministro Singh fue sustituido por Chandra Shekhar, también del partido Janata Dal.

Una campaña electoral que cobró más de 280 vidas precedió a las elecciones parlamentarias de mayo de 1991. Los comicios fueron suspendidos por el asesinato de Rajiv Gandhi, víctima de un atentado del movimiento de liberación Tamil. Una semana después, Narasimha Rao fue nombrado sucesor de Gandhi como líder del Partido del Congreso. Las elecciones, que resultaron las más sangrientas de la historia de la India independiente, continuaron en junio y el Partido del Congreso consiguió la mayoría.

El nuevo gobierno anunció un drástico giro hacia el liberalismo, cambiando la política económica practicada desde la independencia. El primer ministro Rao abrió el mercado indio a la inversión extranjera, redujo la intervención del Estado, dejó a la rupia en libre convertibilidad frente al dólar y suprimió los controles de importación.

El proceso de liberalización de la economía iniciado en 1992 se ha profundizado, en lesión de los derechos económicos, sociales y culturales de la población. La presencia del Estado en la salud, la educación, la energía eléctrica ha comenzado a desaparecer en favor de empresas privadas. La situación es particularmente grave con el agua, recurso que tradicionalmente perteneció a la comunidad, en un país donde un tercio del territorio es propenso a la sequía.

Durante 1992 se registraron numerosos actos de violencia de los fundamentalistas hindúes contra la población islámica en las ciudades de Bombay y Ayodhya. Los choques intercomunitarios, originados por la demolición de la mezquita de Babur en Ayodhya, dejaron alrededor de 1.300 muertos y el conflicto se extendió a los países vecinos, como Paquistán y Bangladesh.

Las reformas económicas provocaron protestas de varios sectores, sobre todo el agrícola. La resistencia contra la presencia de empresas multinacionales interesadas en comercializar fertilizantes y semillas fue muy fuerte. Como parte de la «revolución verde» de una agricultura intensiva de capital, durante la década de 1960 y 1970, el Banco Mundial había otorgado amplios préstamos para la compra de semillas genéticamente manipuladas, mientras el gobierno otorgaba subvenciones a los agricultores. El gobierno decidió eliminar esos subsidios según las directivas del Banco Mundial. La Asociación de Agricultores del Estado Karnataka –que reúne a 10 millones de campesinos– lideró la protesta rural, que desde 1991 emprendió acciones directas contra representantes de compañías multinacionales.

En la Conferencia Internacional sobre los Derechos de los Agricultores del Tercer Mundo, celebrada en Bangalore en octubre de 1993, los agricultores declararon que «las semillas, las plantas, el material y la riqueza biológica del Tercer Mundo forman parte de la Propiedad Intelectual Colectiva de los pueblos del Tercer Mundo». Se comprometieron a desarrollar estos derechos frente al sistema de patentes privadas que favorece la introducción de monocultivos, atentando contra la biodiversidad.

En 1994 India y China firmaron acuerdos para reducir el número de efectivos militares apostados en los 4.000 km. de frontera común y e incentivar el intercambio comercial. Mientras tanto, Pakistán cerró su consulado en Bombay luego del agravamiento de las relaciones entre Nueva Delhi e Islamabad, a raíz de las declaraciones del ex primer ministro pakistaní Nawaz Sharif de que su país tenía armas atómicas.

Durante 1995, el primer ministro Narasimha Rao cambió tres veces su gabinete ministerial. Las elecciones llevadas a cabo en los distintos estados mostraron un creciente debilitamiento del Partido del Congreso. La estabilidad económica y los esquemas de asistencia anunciados por Rao, que incluían un plan de alimentación escolar para 110 millones de niños y la construcción de 10 millones de viviendas rurales, no lograron frenar la caída de su popularidad. Rao renunció en mayo de 1996, luego de la derrota de su partido en las elecciones generales.

El BJP (Bharatiya Janata, nacionalista hindú) no logró obtener la mayoría parlamentaria necesaria para gobernar. Una crisis política provocó la asunción y renuncia de otros dos primeros ministros (Atal Bihari Vajpayee, H.D. Deve Gowda). Casi un mes después de la caída de Gowda, Inder Kumar Gujral,del Frente Unido, fue nombrado primer ministro. En julio, K.R. Narayanan fue elegido presidente.

En noviembre, Gujral tuvo que renunciar cuando una comisión oficial reveló supuestos vínculos entre un partido de la coalición gobernante, el Dravida Munnetra Kazagham (DMK), y los guerrilleros tamiles de Sri Lanka, implicados en la muerte del ex primer ministro Rajiv Gandhi.

El BJP triunfó en las elecciones parlamentarias de febrero de 1998 y Atal Bihari Vajpayee fue designado primer ministro. En mayo, una serie de ensayos nucleares de India hizo aumentar la tensión con Pakistán y brindó a este país un pretexto para efectuar, ese mismo mes, pruebas atómicas comparables.

Un proyecto de ley para reservar a las mujeres indias un tercio de los escaños parlamentarios, fue boicoteado en el parlamento durante el mes de julio de 1998. Los oponentes a la ley, liderados por dos partidos socialistas, escenificaron una protesta fuera del recinto parlamentario e interrumpieron constantemente los procedimientos. Según estos opositores, la propuesta perdía pie al no prever cuotas para las mujeres de las castas más bajas. Los principales defensores de esta ley eran el partido de gobierno y la principal fuerza de la oposición, el Partido del Congreso Nacional Indio, que por primera vez coincidían.

La coalición de gobierno colapsó en abril de 1999. El partido tamil AIADMK hizo renunciar a dos de sus ministros luego de que el primer ministro Vajpayee se opuso a que el ministro de defensa George Fernandes fuera depuesto e investigado por haber destituido al Comandante Naval de India, el almirante Vishnu Bhagwat.

Nuevos choques armados con Pakistán estallaron en junio, cuando fuerzas pakistaníes cruzaron la línea de control fijada por Naciones Unidas. Unas mil personas murieron durante los combates. La organización internacional Human Rights Watch denunció graves violaciones a los derechos humanos a ambos lados de la frontera, a cargo de funcionarios de ambos gobiernos. Las fuerzas de seguridad indias fueron acusadas de realizar ejecuciones sumarias, violaciones y torturas.

En octubre, tras cinco jornadas electorales, el BJP volvió a quedar en el gobierno. A pesar de la victoria de su coalición, esta elección también marcó un retroceso del BJP en favor de los partidos de izquierda y regionales. Más de la mitad de los asientos legislativos quedaron fuera del control de los dos grandes partidos nacionales (el BJP y el Partido del Congreso, que sufrió la peor derrota de su historia).

La batalla por el control de los suministros alimentarios en el mundo dio una victoria legal a los menos favorecidos en un juicio sobre los derechos sobre el arroz basmati que, desde hace siglos, viene produciéndose en el continente indio. El resultado de la «batalla del arroz», como se la conoció, comenzó en 1997, cuando la compañía RiceTech patentó lo que denominó «Kasmati», una variante del basmati producida en Estados Unidos. En mayo de 2001, la Oficina de Patentes de Estados Unidos rechazó la solicitud de RiceTech; de haberse dado el fallo contrario, el hecho habría supuesto el final de las exportaciones de arroz indio a Estados Unidos y que los agricultores asiáticos acabaran pagando derechos de propiedad intelectual por uno de sus cultivos ancestrales.

En julio de 2001 Vajpayee se reunió con el presidente pakistaní Pervez Musharraf en la primera cumbre entre ambos vecinos en más de dos años. El encuentro finalizó sin resolver la disputa por Cachemira. El canciller Singh acusó a Pakistán de haber impedido un acuerdo al empecinarse en hacer de la cuestión cachemira el centro de las conversaciones en vez de avanzar en otros asuntos bilaterales. Por su parte, la delegación pakistaní respondió que la raíz de los problemas estuvo en el hecho de que los funcionarios indios insistieron en cambiar el texto de un acuerdo ya aprobado por los mandatarios de ambos países.

En setiembre, tras los atentados sobre Nueva York y Washington, EE.UU. levantó las sanciones que había impuesto sobre India y Pakistán tras las pruebas nucleares que ambos países realizaran tres años atrás. El levantamiento fue un «premio» por el apoyo que ambos países brindaron a Washington en su guerra global contra el terrorismo.

En octubre de 2001, Cachemira volvió a ser el centro de un conflicto entre Pakistán e India, luego que tropas indias abrieran fuego contra un puesto militar pakistaní. Varios oficiales de policía indios murieron al ser atacado el parlamento en Nueva Delhi, por un escuadrón suicida pakistaní. Ambos países con armamento nuclear, temiendo una nueva guerra, reforzaron sus posiciones militares a lo largo de la frontera. A principios de 2002, India realizó pruebas exitosas con el Agni, un misil nuclear.

En febrero de 2002 una ola de violencia contra los musulmanes, que se extendió durante tres meses, ganó el estado de Gujarat. Más de dos mil personas fueron asesinadas y hubo una particular crueldad con las mujeres, que fueron violadas en serie antes de ser quemadas vivas. Los sublevados saquearon e incendiaron hogares, talleres y mezquitas, y echaron a unos 15 mil musulmanes. Según un informe de Amnistía Internacional, el gobierno y la policía del estado no tomaron medidas para proteger a los civiles, sino que actuaron en connivencia con los agresores. Los 21 individuos acusados del asesinato de 14 personas a las que quemaron vivas en un establecimiento de Baroda conocido como Best Bakery fueron absueltos. Después del juicio, varios testigos declararon que mintieron porque los habían amenazado de muerte. La Comisión Nacional de Derechos Humanos hizo una nueva investigación y pidió al Tribunal Supremo que diera protección a los testigos y que se reabriera el juicio fuera del estado de Gujarat para garantizar un justo proceso.

En junio de 2002, si bien el ministro de defensa indio George Fernandes declaró que las tropas indias permanecerían en la frontera todo el tiempo que fuera necesario, las incursiones en Cachemira se habían reducido notoriamente debido a la intervención de EE.UU., Rusia y otros países.

La Nueva Política del Agua aprobada en 2002 estableció como objetivo el estímulo de la participación privada en el sector. La corporación Radius Water Limited recibió la concesión del río Sheonath (región de Durg), fuente principal para el riego, pesca, aseo y bebida de la población. La empresa prohibió la pesca, el desvío de agua para regadío y estableció la venta de agua a los pobladores.

La mayoría de los partidos políticos incluyendo el Partido del Congreso y la coalición de gobierno respaldó la candidatura de Abdul Kalam, un científico que fue clave en el programa que convirtiera a India en poder nuclear, para presidente. Al asumir en julio, Kalam, a quien se lo conoce como «el hombre misil», se convirtió en el tercer presidente musulmán del país.

Grupos separatistas cachemires llamaron a boicotear las elecciones parlamentarias de octubre de 2002. Por razones de seguridad, las elecciones se realizaron en cuatro etapas. Tras tres décadas de mandato ininterrumpido del Partido del Congreso Nacional de Jammu y Kachemira, el 44% del electorado participó de las elecciones y dio la victoria al partido democrático del puebo (PDP) y al partido del congreso. El líder del PDP, el Mufti Mohammed Sayeed, se consagró como primer ministro.

En enero de 2003, el gobierno de Gujarat, que había apañado la masacre de febrero de 2002, ganó cómodamente las elecciones.

En 2003, 29 personas fueron condenadas a muerte. Se ignora el número exacto de las ejecuciones realizadas pues el gobierno no divulga información sobre la aplicación de la pena capital. En marzo la promulgación de la POTA (ley de prevención del terrorismo) extendió la aplicación de esta pena a los actos de «terrorismo» que tuvieran como consecuencia la muerte de alguna persona. En noviembre, el parlamento y el gobierno central se mostraron favorables a extender la pena a los delitos de violación.

En 2004, veinte años después de la tragedia de Bhopal –que en 1984 mató a 8 mil personas y enfermó a otras 150 mil por inhalación de gas venenoso producido por la empresa Union Carbide–, una coalición liderada por los sobrevivientes del desastre presionó a la compañía Dow Chemicals, compradora de Union Carbide, a enfrentar los cargos criminales.

Tras ganar las elecciones de 2004, la líder del Partido del Congreso, Sonia Gandhi –viuda de Rajiv– rechazó el cargo de primera ministro. El ex ministro de Finanzas Manmohan Singh, un sikh, se convirtió en el primer no hindú en asumir como primer ministro.

Junto con Brasil, Alemania y Japón, India formó, en setiembre, un grupo de países que presionó en la ONU para impulsar sus postulaciones como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de este organismo. En noviembre, se comenzó el retiro de parte de las tropas indias en Cachemira.

Más de 2.000 Km. de la costa sur fueron tragados por las aguas en diciembre, en los estados de Tamil Nadu, Andhra Pradesh y Kerala a raíz de un maremoto masivo (tsunami) que afectó Asia del Sur. Detrás de Indonesia, India fue el país más afectado. Según cifras oficiales, hubo 7 mil muertos y más de 130 mil personas quedaron sin hogar: En el sur se efectuaron sepelios masivos; un gran número de víctimas fueron niños.

El gobierno debió aprobar, en marzo de 2005, una ley de patentes acorde a las exigencias de la Organización Mundial del Comercio que regularía, por primera vez, la producción farmacéutica del país, una de las mayores del mundo.

Tras 30 años de sanciones contra India y dos de negociaciones, Estados Unidos firmó, en julio de 2007, un acuerdo de cooperación nuclear con fines civiles. Según Nueva Delhi, el país no tenía «ninguna razón para incrementar el poder de sus armamentos nucleares».

Tras una campaña sucia y plagada de ataques personales, Prathiba Patil, candidata por el Partido del Congreso, derrotó al vicepresidente y líder del opositor Partido Nacionalista Hindú, Bhairon Singh Shekhawat, y se convirtió en la primera mujer presidenta del país. Pese a su profunda fe religiosa, Patil encarnaba el secularismo y su actuación política había sido marcada por una constante preocupación por los asuntos sociales y el bienestar de las castas más bajas.

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