HIPERTENSIÒN Y EJERCICIOS FÌSICOS

El ritmo de vida actual exige la máxima respuesta personal con el mejor resultado. Esto no es gratis y el costo lo asume nuestro organismo que debe poner en marcha una serie de mecanismos tendientes a satisfacer las demandas para una respuesta adecuada, rápida y certera. Así aparece el stress.
Al consultorio a veces llegan personas con algún dolor físico que hace de alerta para tomar medidas preventivas. En otras ocasiones vienen derivados por los médicos, luego de algún episodio de hipertensión o alguna cardiopatía. Los derivadores son los cardiólogos y neurólogos, quienes trataron algún accidente cerebro-vascular (ACV), insomnio, cardiopatías isquémicas, hipertensión arterial. En general, el estado de stress se evalúa médicamente cuando ya es demasiado tarde.
La Hipertensión Arterial es una enfermedad muy común en el mundo, aunque sólo la mitad de las personas que la padecen tienen conocimiento de ello. Es multicausal. Y, excepto en raras ocasiones, es síntoma de otra enfermedad que, una vez curada, hace desaparecer la hipertensión.
Contrariamente a lo que la mayoría cree, la hipertensión “nerviosa” no existe. El stress y los “nervios” sólo actúan como gatillo en un arma que debe estar previamente “cargada” para que esto ocurra. Si no existe una alteración estructural, el stress no debería producir hipertensión arterial.
Diagnóstico precoz
Habitualmente no asociamos los síntomas de hipertensión con el desarrollo de esta enfermedad. Por ejemplo: dolores y contracturas dorsales y cervicales, enrojecimiento de la cara, pesadez de párpados con algunos derrames en el globo ocular, cefaleas en la parte posterior de la cabeza (nuca y base del cráneo), mareos, desvanecimientos, calor en la cara.
Es importante observar todos estos avisos para lograr una detección precoz de esta enfermedad antes de que se produzcan daños irreversibles.
Categoricemos la severidad de la hipertensión a fin de trazar un plan terapéutico acorde a cada necesidad. Según los criterios del JNC (Joint Nacional Committee, ente encargado del consenso mundial en la especialidad) Normotensión es < 130 mmHg para la sistólica (máxima) y menos de 85 mmHg para la diastólica (mínima). Le sigue el estadío llamado Borderline (normal-alta) con límites de 130-139 mmHg de sistólica y 85-89 mmHg de diastólica. Estos son los pacientes que se comportan en ocasiones como normotensos y en ocasiones como hipertensos. La clasificación continúa así: Sistólica mmHg Diastólica mmHg Estadío I Leve 140-159 90-99 Est. II Moderada 160-179 100-109 Est. III Severa 180-209 110-119 Est. IV Muy severa >210
>120
Ante situaciones límite la presión arterial sube como consecuencia de la exigencia del organismo. Lo importante es controlar estas crisis. Para hacerlo gráfico podemos compararlo a una pelotita de ping pong rebotando entre el techo y el piso. Si el techo es demasiado alto, la distancia que debe recorrer la pelotita es muy grande. En cambio si bajamos el techo el recorrido de la pelotita se verá forzosamente disminuido. A esto tiende el control de la enfermedad. Si los rangos se acortan las arterias tendrán mayor probabilidad de conservar sus propiedades elásticas.
Cada paciente tiene una probabilidad de variación única. Si el aumento de la presión supera lo esperado, los riesgos aumentan. El cerebro es el primero en recibir las consecuencias. Aunque no haya más síntoma que un dolor de cabeza, se pueden producir microlesiones que se notarán a largo plazo.
Controlar el colesterol es importante para evitar la enfermedad y la obstrucción de las arterias coronarias y, en general el depósito de grasas en todas las arterias. Una arteria que debe soportar la presencia de colesterol no solamente se tapa sino que deteriora su propiedad elástica y ya no es capaz de estirarse para soportar las oscilaciones lógicas de la presión arterial. Pero no todos los hipertensos son iguales. Algunos sólo necesitan un control estricto a través de medidas higiénico-dietéticas por ejemplo comer sin sal, sin grasas saturadas, realizar ejercicio físico, etc. Otros requieren, además, el agregado de medicación hipotensora.

El ejercicio físico
Datos recientes sugieren que aún la actividad física de baja intensidad pero de mayor duración puede proveer beneficios a pacientes con fallas cardíacas, ayudándolos a mantener su aptitud física y mejorar su status funcional; estos efectos favorables pueden lograrse sin deteriorar la función del músculo cardíaco. Las adaptaciones del músculo estriado del corazón parecen intervenir en el mejoramiento de la tolerancia al ejercicio.
Los individuos normotensos sedentarios y fuera de forma tienen un riesgo de desarrollar hipertensión que oscila entre el 20 y el 50% más que sus pares activos y aptos. La actividad física tiene una capacidad independiente de bajar la presión sanguínea, no relacionada con la pérdida de peso. La actividad aeróbica regular es adecuada para lograr un nivel moderado de aptitud física que favorece la disminución de la hipertensión.
Antes de comenzar el tratamiento con medicamentos conviene iniciar una serie de actividades tendientes a restituir el peso adecuado y mejorar el rendimiento corporal. Está contraindicado el ejercicio de esfuerzo con aparatos y pesas porque produce una mayor excitabilidad y aumento de la tensión arteriovenosa. Es aconsejable realizar un ejercicio no violento aunque sostenido y de movimiento respiratorio con una frecuencia cotidiana o, al menos, tres veces por semana. Este ejercicio debe tener una duración mínima de 20 minutos a media hora y se puede extender mientras la capacidad del paciente lo permita.
Está comprobado que a largo plazo disminuye la presión arterial y previene las complicaciones cardiovasculares. El ejercicio continuado favorece la circulación sanguínea que va limpiando por arrastre el “endotelio”, órgano que recubre internamente las arterias y venas. De esta manera, las paredes arteriovenosas se tornan más elásticas para adaptarse satisfactoriamente a los cambios de presión.
La presión desciende también cuando el peso corporal se reduce.
Sabemos que el ejercicio rítmico continuado con descarga de energía disminuye la tensión emocional. Lo que se descarga es energía y tensión acumuladas en exceso en la musculatura y en los espacios corporales. Comienza a producirse un vacío de pensamientos asociados a lo emocional: tranquilidad, silencio, un estado favorable para fortalecer y elongar la musculatura y las articulaciones. Como consecuencia, se beneficia la elasticidad arteriovenosa. La relajación que continúa en una clase de movimiento conciente nos conecta inevitablemente con la vida que se manifiesta en nuestro cuerpo.

“Levantar las alas”
Una forma de disminuir la tensión muscular y emocional:
1.Siéntese cómodamente en el piso. Ponga las manos detrás de la cadera y entrelace los dedos con las palmas hacia arriba.
2.Estire los hombros hacia atrás, juntando los omóplatos.
3.Inhale, levante los hombros y deje caer la cabeza hacia atrás.
4.Estire los brazos y sepárelos de los glúteos, manteniendo las manos entrelazadas.
5.Exhale y vuelva a la posición inicial.
6.Repita todo el ejercicio durante un minuto.
7.Afloje los brazos y relájese. Sacuda suavemente los hombros.
Recuerde respirar un poco más profundo de lo que lo hace normalmente.
Masaje: prevención y tratamiento
Cuando las personas se encuentran bajo stress, ya sea por conflictos internos o externos, se cargan de energía para la acción. Esta carga es una respuesta fisiológica normal que al cambiar automáticamente nuestro metabolismo a una velocidad superior de alerta nos provee fuerza extra para enfrentar la crisis. Hoy en día, no enfrentamos tantos peligros físicos naturales que requieran una reacción más rápida, pero nuestros cuerpos nos alertan automáticamente. Al estar “acelerando nuestros motores”, el stress emocional nos puede agotar. La hipertensión es uno de los componentes de esta reacción y se transforma en problema crónico si estamos constantemente bajo stress emocional, especialmente si tenemos dificultades en liberarnos de estas tensiones.
La hipertensión es una manifestación en el cuerpo de diversos desequilibrios. Sea que predominen los factores de sobrepeso o emocionales, debemos observarnos más allá de los síntomas y en busca de las causas. La hipertensión no podrá ser eliminada hasta que no se controle la causa subyacente. Esto puede significar introducir cambios en la dieta alimentaria, los hábitos laborales, incorporar ejercicios y masaje.
Para la prevención de la hipertensión, debería mantenerse un tono muscular adecuado para cada situación que se presente.
El masaje específico consiste en relajar toda la zona dorsal y cervical de la columna y la musculatura afectada. En ese momento se produce una bajada del tono general con el consecuente descenso del latido cardíaco y ritmo respiratorio.
El masaje completo apunta a que la persona entre en contacto con todo lo que en su vida cotidiana lo “presiona” y pueda accionar sobre ello.
Dentro de este tratamiento los terapeutas podemos trabajar algunos puntos de digitopresión que ayudan a normalizar la presión sanguínea:
1. En la parte superior de la cabeza, presionar tres puntos en la sutura de los parietales.
2. A continuación, apretar el punto que queda sobre la médula oblonga en la base del cráneo (nuca), presionar contando hasta diez y repetir tres veces.
3. Empleando los tres dedos centrales de la mano presionar sobre algunos puntos específicos localizados en la axila, apretarlos tres veces durante tres segundos cada uno, en ambas axilas.
4. Con el pulgar presionar suavemente contando hasta diez sobre el punto localizado debajo de la mandíbula, sobre las carótidas, donde puede sentirse el pulso. Luego, aflojar la presión, respirar profundamente algunas veces y repetir el procedimiento tres veces a cada lado de la garganta. Estos últimos puntos regulan la presión sanguínea, sea alta o baja.
5. Boca arriba, relajar presionando suavemente la boca del estómago.

La importancia de la dieta
Siempre se recomienda reducir o eliminar la sal en caso de hipertensión. ¿Por qué? Porque la sal endurece y constriñe las arterias impidiendo el flujo de sangre. También las carnes que contienen tanto sal como grasa contribuyen a la hipertensión. Los alimentos envasados, enlatados o procesados contienen sal o azúcar refinada; es conveniente evitarlos y reemplazarlos por vegetales frescos, frutas, cereales integrales y otros alimentos naturales. Es aconsejable leer los ingredientes y valores nutricionales que figuran en las etiquetas de los alimentos envasados.
Tambien es muy importante reducir la ingesta de alimentos ricos en colesterol. A continuación damos una clasificación orientadora de alimentos basada en su contenido de grasas animales, margarinas o aceites vegetales hidrogenados. Fue elaborada luego de una investigación acerca del tema del colesterol y sus relaciones con el riesgo cardiovascular. Teniendo en cuenta los casos particulares, según el mayor o menor riesgo de accidente cardiovascular, la frecuencia de consumo de los alimentos contraindicados puede variar. Atención: en situaciones de hipertensión, evitar aquellos alimentos que contengan sal o sustancias estimulantes, aunque estén en la lista de los “permitidos” por su bajo contenido de colesterol.


Alimentos con bajo o nulo contenido de
grasas animales, margarinas o aceites vegetales hidrogenados.
Aceite de oliva, Acelga, Ajo, Alcaucil, Apio, Arroz, Arvejas, Batata, Batatas fritas, Berenjena, Bergamota, Berro, Blanco de pavita, Brócoli, Brotes de soja, Cafe, Calabaza, Cebolla, Cereales, Cerezas, Chauchas, Chimichurri sin sal, Choclo, Ciruela, Clara de huevo, Coliflor, Durazno, Duraznos en almíbar, Dulces y mermeladas (preferentemente naturales, artesanales), Endivias, Especias, Espinaca, Frambuesas, Frutillas, Galletas de arroz, Garbanzos, Helados de agua, Hinojo, Hongos, Kani kama, Ketchup, Leche descremada, Lechuga, Lentejas, Limón, Mandarina, Manzana, Merengue (sin relleno), Milanesas de berenjena, Morrones, Mostaza, Nabo, Naranja, Palmitos, Pan francés, Papa, Papas fritas, Pastas rellenas de verduras sin queso, Pastas secas, Pechuga de pollo, Pera, Pescado, Pesto sin queso, Polenta, Pomelo, Porotos, Puerro, Queso untable (5% de grasa), Rabanitos, Remolacha, Repollo, Repollo colorado, Rúcula, Salsas tomatosas (sin grasas ni crema), Salsa blanca hecha con leche descremada y aceite en lugar de manteca o margarina, Tartas con masa casera amasada con aceite, Te, Tomate, Uva, Vino tinto (1 copa por día), Yogures descremados, Zanahoria.

A veces
Alimentos con moderado contenido de
grasas animales, margarinas o aceites vegetales hidrogenados:
Almendras, Banana, Barras de cereales, Cerveza, Colita de cuadril, Comidas que lleven yema de huevo, Jamón crudo (sin grasa), Lomo, Maní, Manteca para saltear, Mariscos, Nueces, Palta, Pan de salvado, Peceto, Ricota descremada.

No
Alimentos con alto contenido de
grasas animales, margarinas o aceites vegetales hidrogenados:
Carne de cerdo, Chicharrones, Chinchulín, Chizitos (snacks), Chocolate con leche, Chorizo, Crema, Dulce de leche, Empanadas comunes, Entraña, Facturas, Fiambres y embutidos en general, Galletas y Galletitas comunes, Golosinas, Helados que no sean de agua, Hígado, Jamón cocido, Leche entera, Manteca, Margarina, Masitas, Matambre, Mayonesa, Milanesas, Mollejas, Morcilla, Palitos (snacks), Pan de campo, Pan lactal, Panceta, Panes saborizados, Pastel de carne, Patés, Pizza con queso, Pollo (que no sea de la pechuga y sin piel), Quesos (todos; salvo los que garanticen un contenido de grasa menor al 5%), Riñón, Salame, Salamín, Salchichas, Salchichón, Salsa blanca, Salsa golf, Salsas cremosas con carne o con quesos, Sopas envasadas, Tartas con masa comercial, Tira de asado, Tortas, Vacío, Yogures enteros.

Seguimiento de la enfermedad
El desarrollo de la tecnología permitió el avance en el conocimiento y prevención de la enfermedad; lo cual es muy importante dado que las enfermedades cardiovasculares son altamente prevalentes y la morbimortalidad es superior a otras patologías tan temidas como el SIDA o el Cáncer.
Actualmente los análisis clínicos, electrocardiogramas y radiografías sólo complementan el paisaje. Se dispone de equipos ambulatorios capaces de monitorear la presión arterial mientras el paciente realiza sus actividades habituales. Es posible conocer la presión arterial ante los estímulos cotidianos y durante el sueño mediante el Monitoreo Automático Ambulatorio o Presurometría de 24 horas; y analizar a cada paciente en particular observando su circulación general mediante un método desarrollado por la NASA que está implementándose en todo el mundo. Se basa en la determinación de la impedancia eléctrica del tórax y es absolutamente incruento.

Datos estadísticos
Los estudios describen índices menores de infarto de miocardio y muerte cardíaca en la población activa comparada con su homóloga sedentaria. El riesgo de la inactividad física aparece similar en magnitud al de la hipertensión, la hipercolesterolemia y al de fumar cigarrillos.
En una población con edades de 75 años y más, seguida prospectivamente durante cinco años, el ejercicio efectuado tres veces por semana se asoció fuertemente con la supervivencia tanto en hombres como en mujeres, independientemente de los factores de riesgo cardiovascular convencionales.
Resumiendo los datos sobre el rol del ejercicio en la prevención primaria de la enfermedad cardíaca coronaria: la mayoría coincide en que la actividad física es importante para mantener la salud. Esto se relaciona con la actividad ocupacional, la actividad recreativa y la actividad diaria total. Un meta-análisis de más de 40 estudios mostró que la enfermedad coronaria era mayor en personas inactivas que en personas altamente activas, independientemente de otros factores de riesgo coronario. El umbral preciso de intensidad del ejercicio recomendado es rítmico respiratorio, no de pesos ni de fuerza de aparatos.
El ejercicio desde la niñez es una forma de disminuir el riesgo coronario. La American Heart Association definió el estilo de vida sedentario como un importante factor de riesgo independiente para la enfermedad coronaria. El ejercicio disminuye la concentración de triglicéridos por parte del músculo esquelético. Una disminución de la grasa corporal por pérdida de peso o por ejercicio, es asociada con un incremento en la concentración de colesterol de alta densidad (el “bueno”).

Una observación final
Un principio físico podría aplicarse en este caso, “a menor superficie, mayor presión”: cuanta menos posibilidad de acción y espacio vital tengamos, más presionados estaremos, más constreñidos, menos libres.
En cambio, al aumentar la “superficie” de todas nuestras áreas de vida (emocional, laboral, física) y operar libremente sobre estos aspectos, la presión en la vida cotidiana disminuye.

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