Héctor Pavón: «Entre políticos y académicos se da una relación de amor y odio»

El periodista relata e interpreta la relación entre los intelectuales y la política mediante un exhaustivo recorrido por las publicaciones de cada época, desde 1983 hasta la actualidad. Si algo está claro es que hay una relación: políticos e intelectuales, desde la recuperación democrática de 1983 en la Argentina, tienen necesidad de dialogar, y si en ocasiones se da una competencia, en otras queda en evidencia que son los gobiernos los que requieren, necesitan y convocan al campo intelectual. En cada gobierno o momento político, esta relación tuvo sus particularidades y sus personajes. Todos están presentes en Los intelectuales y la política en la Argentina. El combate por las ideas 1983-2012 (RHM), el libro del periodista de Revista Ñ que se presentó en la feria con la participación de Alejandro Grimson y Maristella Svampa.

Minutos antes de la presentación, en diálogo con Ñ digital Pavón repasó los puntos centrales de su investigación, así también los momentos bisagra en que los intelectuales comenzaron a tener más espacio en los medios masivos de comunicación como voz autorizada. “Cuando se los consulta de temas importantes, pero también para legitimar lo que sucede en los medios, y se produce una banalización”, analizó el autor.

Antes de los intelectuales invitados, el director editorial Pablo Avelluto destacó “con quiénes se metió” el autor: “los intelectuales y un período fecundo en polémicas, desencantos que también puede leerse como una gran novela sobre la intelligentsia argentina”.

-¿Cuáles son los criterios para hacer la selección de los protagonistas del libro?
-Básicamente, lo primero era ver qué había pasado entre 1983 y 2012 desde el punto de vista de un periodista, cuáles habían sido los momentos más destacados a nivel histórico en relación a los gobiernos, y a partir de ahí era ver qué intelectuales habían estado cerca del poder: tanto dentro del gobierno, en la oposición o como columnistas políticos destacados de ese momento. En ese período hay momentos más claros que otros: en cierto momento hay un protagonismo de los intelectuales bien definido y cuado era más fácil saber quiénes estaban en este juego de pensamiento y poder.

Aunque podríamos discutirlo, veo tres momentos clave. Uno es el de Alfonsín, ya en 1981-82, cuando empieza a imaginarse como presidente, ve que es importante estar asesorado y por gente que él considera capaz, inteligente, que pudiera contarle qué país había que construir y en qué espejos de otros países mirarse. Incluso antes de tener un gabinete, ya tenía un grupo de gente que lo estaba asesorando. En eso ha sido realmente un pionero, al menos en la etapa democrática. Y después esto se concreta en el famoso Grupo Esmeralda, un grupo orgánico que está prácticamente dentro del gobierno.

Lo mismo pasa, desde mi punto de vista, en el momento de la Alianza. Con sus dos cabezas visibles, Chacho Álvarez y Graciela Fernández Meijide, tienen grupos de discusión que los acompañan diariamente. Y de la misma manera que la Alianza tiene un pico de votos y de voluntad popular tiene un pico de reuniones con ellos y después, cuando empieza a decaer el gobierno de la Alianza, también decaen las reuniones y empiezan a desgranarse los intelectuales que estaban cerca del poder.

Y, por último, el gran momento clave es el presente: que arranca en el 2003 y llega hasta hoy, en donde directa o indirectamente los gobernantes tienen una necesidad de dialogar con los intelectuales. Qué van a hacer con ellos después, esa es otra pregunta, pero en primera instancia hay un diálogo permanente. Y hay un grupo de intelectuales –definidamente a partir de 2008–, que es el colectivo Carta Abierta, que está cerca o apoyando al gobierno y que de vez en cuando se permite hacer algunas críticas. Y ya en 2012 es cuando aparecen estos dos grupos, Argumentos y Plataforma, que salen un poco como a disputar la escena del pensamiento político.

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