‘Healing Psychiatry – Bridging the Science / Humanism divide’ – por David Brendel

La psiquiatría de hoy está desgarrada por puntos de vista contrapuestos: ¿es fundamentalmente una ciencia del funcionamiento cerebral o un arte comprensivo de la mente humana en el marco de su contexto cultural y social? La división entre lo científico y lo humanístico podría parecer espuria y fácil la respuesta que pretenda amalgamar ambas perspectivas. Sin embargo, corremos el peligro de perpetuarnos en lo meramente declarativo si es que este sincretismo no logramos plasmarlo en nuestra praxis diaria.

‘Healing Psychiatry – Bridging the Science / Humanism divide’ (MIT Press, 2006) es un libro que intenta esbozar una propuesta para tal desafío. David Brendel, profesor de Psiquiatría en la Universidad de Harvard y que adicionalmente ostenta un doctorado de filosofía, apoyándose en la doctrina del pragmatismo filosófico de Charles Sanders Peirce, William James y John Dewey, argumenta que no existe una obvia y patente escisión entre la ciencia objetiva y el humanismo subjetivo: la ciencia no puede ser sino una práctica humanista desde el momento en que es desarrollada por seres humanos con el fin de servir a la existencia humana; así, el pragmatismo desafía el presupuesto de una división entre lo objetivo / subjetivo resaltando el factor humano en toda investigación y en los intentos de alcanzar la naturaleza objetiva de los fenómenos. En ese tenor, Brendel resume su postulado de manera breve -y muy práctica- en cuatro letras ‘P’, que implican el reconocimiento de:

1. Las dimensiónes Prácticas de toda investigación científica;

2. La naturaleza Plural de los fenómenos estudiados por la ciencia y de las herramientas empleadas a tal fin;

3. El rol Participativo de múltiples individuos con perspectivas distintas en los procesos ineludiblemente interpersonales de la investigación científica (incluyendo, claro está, la participación de los pacientes);

4. El carácter flexible y Provisional de toda explicación científica.

Desde luego, como toda fórmula, ésta tiene varias limitaciones pero capta los aspectos salientes del pragmatismo filosófico en su aplicación a la psiquiatría: la primera P (de práctica) enfatiza la insistencia del pragmatismo en considerar las consecuencias de todo concepto, más allá de cualquier abstracción o teorización carente de efectos en nuestra experiencia ordinaria. La segunda P (de pluralista) hace hincapié en que el pragmatismo, más que una teoría, es un enfoque que valora cualquier herramienta tendiente a incrementar el conocimiento y al logro de mejores cambios en la experiencia cotidiana. Aquí también se apunta al principio de que inusualmente los fenómenos de estudio pueden ser agotados por una única y excluyente perspectiva. La tercera P (de participación), se deriva de los conceptos anteriores por cuanto es imprescindible un colectivo de participantes que garantice una multiplicidad de perspectivas; y la cuarta P (de provisional) reconoce que en un mundo complejo y siempre cambiante, muchos de nuestros conocimientos, hoy firmemente establecidos, pueden ser susceptibles de cambios a medida que conozcamos más y nuevos eventos ocurran.

El libro es breve y se deja leer. Desde luego, su título es ya una urgente invocación a la que ningún psiquiatra debiera sustraerse.

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