He llevado vida con dos hombres

Estimado padre:
¡Hola! Varias veces compro y leo la revista. Veo los consejos que da y cómo saca de dudas
Yo vivo una situación difícil y me siento culpable; creo que no soy digna de acercarme a Dios en la comunión y hasta pienso que no merezco vivir.
Hace 11 años me uní en matrimonio, cuando tenía 16. Todo era muy bonito pero al paso de dos años llegaron las dificultades y la tristeza que sentíamos por no tener un bebé. Mi esposo es mayor que yo, y decía que se casó para tener un hogar con hijos. Después de varios estudios médicos nos dijeron que no lograríamos al bebé, así que nos deprimimos y desesperamos. Él comenzó a beber, a llegar tarde y mostrarse violento, por lo cual decidimos separarnos. Yo me sentía bastante mal y llegué a tocar fondo intentando el suicidio, que casi se cumplió. Realmente me arrepiento de eso.
Más adelante decidí ponerme a estudiar: terminé la preparatoria y mis intenciones eran ser educadora o dentista pero la economía no me permitió concluir mis estudios. Por ese tiempo conocí a un amigo con el que comencé a salir. Todo parecía muy bonito otra vez, aunque me sentía incómoda, pues yo había estado casada por la Iglesia… Pero me sentía comprendida y aceptada, así que quedé embarazada de esta persona, pero antes que yo se lo comentara, él había comenzado a mostrar que no le interesaba nuestra relación y terminó yéndose a los Estados Unidos, diciéndome que lo había decidido porque iba a alcanzar a una persona con la cual había vivido un tiempo. No le vi caso ni siquiera mencionar el embarazo.
Yo seguía manteniendo contacto con mi esposo, así que en una de nuestras pláticas le conté lo de mi experiencia y él quiso estar a mi lado durante los nueve meses. De alguna forma siguieron los problemas que ya teníamos, pero estábamos cerca y lo comencé a querer, sentí recuperar aquel cariño que creía perdido. Cuando mi niña tenía un año, él volvió a distanciarse y nuevamente nos separamos.
El padre de mi hija regresó. Cuando se enteró de ella, me dijo que si yo le hubiera comentado lo del embarazo él se hubiera quedado a mi lado.
Comenzamos a salir nuevamente. Por ese tiempo, mi esposo también quería regresar conmigo; yo no sabía qué hacer… Me volví a embarazar de esta persona, pero esta vez sí se enteró, mas dijo que no podía apoyarme ya que no tenía los medios para mantenerme, ni dónde vivir y ni siquiera tenía trabajo, así que volvió a Estados Unidos sin promesas de retorno.
A mi esposo le hice creer que este segundo embarazo era de él. Seguimos juntos con nuestra pequeña familia, a pesar de que algún tiempo me maltrató; sin embargo, creo que yo lo merecía, pues le oculté la verdad sobre mi segunda hija. Él las quiere mucho, pero tengo miedo de confesarle mi secreto y que me deje por haberle mentido. Aun con las altas y bajas que hemos vivido, somos felices. Yo quisiera permanecer a su lado y serle fiel a pesar de que tengo que aguantar su desprecio, pues dice que mi cuerpo ha cambiado con mis embarazos.
Me siento intranquila, a veces quisiera decirle la verdad y no sé si deba hacer algo para estar bien con Dios o simplemente llevar una vida normal, portarme bien siguiendo su Ley. Espero su respuesta. Gracias.
Leti.
Estimada Leti:
Qué curioso que te sientes indigna de Dios mientras que, por lo que narras, él ha permanecido a tu lado con fidelidad y amor, compensando tus ratos amargos y de lejanía de tu parte. Ahora se trata de ser coherente y, ya que has logrado que las aguas estén más o menos en paz, aprovecha para acercarte sinceramente a Él y corresponder a todas sus bondades.
En cuanto a tus relaciones humanas, nunca entenderemos del todo los procesos por donde atraviesa el corazón. Habiendo conjugado el sentimiento de dos hombres, fuiste tejiendo un intrincado tapete de emociones que luego se volvió difícil de manejar. Menos mal que nunca hubo enfrentamientos entre ellos dos.
Al casarte con el que es tu esposo, ni tú ni él, como sucede con tantas parejas, estaban preparados, y así relativizaron la unión y el sacramento como lo menos importante en su relación. No advierto hasta dónde afrontaron y buscaron solución a eso que aparece como el conflicto: él quería una familia con hijos, pero éstos no llegaban. ¿Era más fácil cortar por lo sano que buscar una solución? ¿Y era ese el nivel de amor que sostenía su relación? Muy frágil, ¿no te parece?
La segunda pareja tampoco fue alguien que le apostara todo al amor; más bien cayeron tú y él en una relación cómoda y sin compromiso, pese a que hubo una hija. ¿Por qué no le hiciste saber de tu embarazo? Él te dijo que se hubiera quedado pero, ¿y por qué no se quedó en el segundo? Tales inconsistencias no pueden sostener una buena relación de pareja.
Qué bueno que el Señor dispuso los medios para que la persona con quien estás casada haya aceptado a una niña que no era suya y haya confiado en que la segunda sí lo es. Si quiere a las dos, como dices, creo que es suficiente para que te dejes de tanta aventura y centres tu vida en tu esposo y en tus hijas. Es muy importante también que trates de corresponder a Dios la paciencia y amor que ha mostrado hacia ti, como decía al principio de esta respuesta. Mira optimista el nuevo panorama: dedicada a tu esposo, tus hijas y a una vida de fe con Dios en tu comunidad parroquial.
No quiero cerrar esta respuesta sin pedirte que tú y tu esposo asistan a algún lugar donde les den apoyo para el crecimiento de la relación de pareja. Las parroquias suelen
tener oficina de pastoral familiar. Pero también acudan, en cuanto puedan, a algún tipo de consejería matrimonial con algún especialista. Tú y él lo necesitan para no dejar caer lo poquito que ya tienen en esta difícil experiencia que han vivido. La fe, la oración y la buena voluntad de todos juegan aquí un papel irrenunciable para consolidar el amor entre ustedes, como garantía de lo que ofrecerán a sus hijas. Ánimo y no se suelten de la mano de Dios, tanto les ha ayudado.
Padre Emmanuel (Paulinos de México)

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